martes, 20 de marzo de 2012

LA CANCIÓN DEL VERANO

 

        Si por algo se reconoce un verano, además de por el placer de haber dejado aparcado, aunque sólo sea por unos días, el trabajo obligado, es por la búsqueda incesante desde todas las emisoras de música de la canción del verano y por el baile de nombres que la ingente cantidad de prensa deportiva baraja, un día sí y otro también, como posible cambio de cromos entre los diferentes clubes del planeta fútbol. Es cierto que este verano, que ya se nos avecina sin prisa pero sin pausa, deberá compartir semejante movimiento humano con la celebración en Polonia y Ucrania de la Eurocopa de fútbol pero a buen seguro que, lejos de convertirse este acontecimiento en una traba para el correcto desarrollo de la compra venta de futbolistas, servirá sin duda para cebar en buena medida aquello que, finalizada la temporada, vendrá ya de sobra bien nutrido. El escaparate que supone un evento de estas características para cualquier futbolista alcanza una magnitud difícilmente de cuantificar desde el punto de vista publicitario y esto a ninguno de ellos se le escapa. No digamos nada a los propietarios de los clubes que, sin pagar arancel alguno, pueden hacer más de una transacción de las grandes.
         Más allá de mercaderías y trueques en el fútbol, que además de ser el mayor espectáculo del mundo, más que nos pese,  es un negocio, todo tiene un valor. Y como escribió un día el Premio Nobel español Jacinto Benavente todo lo que tiene un valor tiene un precio. En acertar con la ecuación correcta entre ambas variables, valor y precio, reside el éxito de un buen  presidente y por extensión de un equipo. Si, por el contrario, se yerra las consecuencias pueden ser fatales, ya no sólo en el plano deportivo, que también, sobre todo en el económico donde semejante desacierto puede, y ejemplos no nos faltan, conducir a un club a la más absoluta decadencia. En la temporada corriente dos han sido los clubes que más han invertido en fichajes y sólo el tiempo, implacable testigo de todo y de todos, demostrará si semejante dispendio ha resultado positivo. Estos dos clubes han sido el Manchester City y el Paris Saint-Germain, que protagonizó el fichaje más caro en la historia de la Ligue 1 al desembolsar 42 millones de euros por el argentino Javier Pastore el pasado verano. Fichaje que se comprende sólo desde la mentalidad de equipo grande, es decir, aquel que compra sin ninguna intención de beneficio económico y sí de beneficio deportivo. Por mucho que el rendimiento de Pastore mejore, es un excelente jugador de sólo 22 años y podría darse el caso, resulta complicado pensar que algún día algún club llegue a pagar por él una cifra superior a la abonada por los galos al Palermo, su anterior club, que lo reclutó de Huracán en 2009 por menos de 5 millones.