miércoles, 30 de diciembre de 2015

UN INESTABLE BANQUILLO

      Escribió un día el Emperador Romano Marco Aurelio –el más destacado de todos los que representaron  la dinastía Antonina-, el tiempo es un río de acontecimientos, una corriente impetuosa. Eso es, precisamente, un río de acontecimientos, sin freno, con  lo que nos está obsequiando el planeta fútbol  en los postreros días del año 2015; todos, curiosamente, íntimamente relacionados con uno de los habitáculos más golosos que el deporte del balompié contempla entre sus diferentes escenarios. Me estoy refiriendo, como ya se habrá adivinado, al cargo de entrenador. No recuerdo, en la historia reciente de este deporte, un periodo en el que hayan coincidido en el tiempo movimientos tan relevantes en dicha poltrona en clubes, todos ellos, de tan alta alcurnia: Bayern de Munich, Real Madrid, Chelsea, Manchester City o Manchester United. Podría decirse que sólo el bueno de Luis Enrique- gracias Leo- está a salvo, de momento, de la furia de la guillotina. Es cierto que en sólo uno de los clubes citados ya se ha producido el cese oportuno-el Chelsea de Mourinho- pero en el resto, o ya se sabe que al final de la temporada habrá movimiento- Manchester City y Bayern de Munich-, o la referida guillotina aguarda en la sombra el más mínimo traspiés para hacer de las suyas- Real Madrid y Manchester United-.

En una temporada en la que ligas como la italiana, la española o la inglesa- y en menor medida la alemana- todavía no han presenciado a estas alturas el acostumbrado despegue del gran o de los grandes favoritos de los últimos años, éstos, los grandes favoritos, aún sin saber que será de sus vidas en los próximos seis meses, ya piensan en el más allá. Como un día puso Shakespeare en boca del bueno de Marcelo-el de Hamlet no el del Madrid- algo huele a podrido en Dinamarca.

jueves, 29 de octubre de 2015

RAÚL GONZÁLEZ BLANCO

Todos los que se encontraban en el estadio Municipal de La Romareda de Zaragoza, el 29 de octubre de 1994, tuvieron el honor de ser testigos directos del último gran relevo generacional entre dos de las tres últimas leyendas del Real Madrid- la tercera, la última, es Iker Casillas-; ese día el técnico blanco, Jorge Valdano, otorgó el cartel de titular a un niño de 17 años llamado Raúl González Blanco-penúltima leyenda blanca-, y dejó en el banquillo a Emilio Butragueño Santos-antepenúltima leyenda en Chamartín-.  La noticia inmediata era la suplencia del buitre y sobre ese banquillo, ocupado por una leyenda, los reporteros gráficos dispararon todo su arsenal. Con Butragueño se nos fue el genio descarado, la gracilidad y la elegancia de un terreno de juego; con Raúl llegó la clase, el sacrificio y algo con lo que sólo unos pocos nacen, el hambre. Sólo desde la necesidad de sobrevivir en una jungla como es el futbol se puede entender como alguien que no era un 10 en nada consiguiera lo que consiguió y acabara convirtiéndose en un 9 en todo- Valdano dixit-. Ya el día de su debut su partido fue notable, fascinó a todos y cada uno de los que en La Romareda presenciaban el partido in situ, y a muchos más que algo más tarde verían sus mejores cabriolas por la televisión.  Seguro que no pocos de los que aquel día lo entronizaron fueron los primeros en mandarlo a la hoguera años después. Arrimarse al sol que más calienta-deporte nacional-.
Raúl llegó para quedarse, Butragueño hizo las maletas camino de México. Unos vienen y otros van; Casillas ha sido la última ave de paso en la gran familia madridista y, seguro, después, vendrán otros. Los jugadores pasan, el club permanece -otro lugar común del fútbol, otra metáfora de la vida-. Raúl llegó en la 1994-95 y se marchó camino de Genselkirchen, en la 2009-2010, dieciséis temporadas en el Real Madrid, se dice pronto. Más de 500 partidos de Liga en España, más de 140 de Champions, más de 100 veces internacional con España, más de 400 goles en toda su carrera…Cuando llegó al Real Madrid los del Bernabéu cargaban con la losa de llevar más 30 años sin levantar una Copa de Europa, la famosa séptima; ni siquiera la excelsa quinta del buitre durante sus mejores años fue capaz de llevar hasta las vitrinas del club blanco tan anhelado galardón. Ocho años después del debut de Raúl-los que coinciden con los mejores de su carrera-, justo el 15 de mayo de 2002, el Real Madrid levantaba en Glasgow su novena Copa de Europa. Raúl fue titular y pieza clave en las tres finales a las que el Madrid llegó-las del 98, 2000 y 2002-. Basta con detenerse un tiempo en cualquier biografía que a lo largo de estos años se ha hecho de Raúl para comprobar los innumerables éxitos acumulados en toda su carrera- incluido un Balón de Plata en 2001-; basta con preguntar en cualquiera de las ciudades por las que ha paseado su profesionalismo y su amor por el fútbol para comprobar el respeto y admiración que por él sienten- y sentirán- la inmensa mayoría de los aficionados que han tenido la suerte de verlo defendiendo los colores de su club.
Raúl antes, como ahora lo han sido otros como Casillas, Gerrard, Xavi Hernández, Ryan Giggs,.. no fue inmune a esa terrible dictadura que la exigencia física del deporte profesional contemporáneo impide a un deportista de élite alargar sus mejores años más allá de 10-12 campañas. La carrera puede alargarse unas temporadas más- eso depende única y exclusivamente del interesado-pero con la obligación y, me atrevería a decir, la necesidad, de hacerse a un lado para dar paso al Ferrari que viene por detrás-recordando lo que un día dijo de Raúl, Fernando Hierro-. Las primeras temporadas de Raúl, por supuesto que con altibajos como les pasa a todos, fueron muy notables. Su papel capital en el campo y fuera del mismo iba aumentando en progresión geométrica hasta acabar convirtiéndose en el auténtico líder del equipo. Ni siquiera la llegada de la famosa era galáctica pudo con los galones del siete madridista, al que incluso un mito mediático como Beckham no tuvo ningún reparo en rendir la cortesía requerida. Con Raúl el Madrid recuperó su dominio en Europa, puesto en entredicho las tres décadas anteriores. Raúl fue el nexo de unión entre una generación inolvidable, la de la quinta del buitre, y otra no menos relevante, la de Casillas, Ramos o Cristiano. Tuvo además la suerte de compartir vestuario con talentos de la talla de Mijatovic, Roberto Carlos, Fernando Redondo-el mejor mediocentro de los últimos 25 años que ha pasado por Chamartín-, Fernando Hierro, el mencionado Beckham o el incomparable Zinedine Zidane. Luego llegó la cuesta abajo y con ella los buitres que, ávidos de carroña, lo estaban esperando a la salida del recreo para pegarle el palo que durante tanto tiempo añoraban. Más que desde el coliseo blanco, donde creo que salvo excepciones mínimas jamás se le perdió el respeto, el apaleamiento vino por su papel, cada vez más cuestionado, en la selección española. Existe una curiosa corriente de opinión que dice que el principio de los éxitos recientes de la selección española de fútbol nace de la aportación de Luis Aragonés desde el banquillo y la desaparición de las convocatorias de la roja de Raúl González. El mundial de Alemania 2006 es la referencia documental que sirve para demostrar semejante axioma. Un mundial en el que por cierto, de los cuatro partidos que España disputó, Raúl fue titular en la mitad de ellos: en el tercero ante Arabia Saudí, con la roja plagada de suplentes y ya clasificada jugó la primera parte, y el de octavos contra Francia, partido que abandono al principio de la segunda parte con 1-1 en el marcador.  Una selección, la española, que ya contaba con buena parte de los que luego serían campeones de Europa y del Mundo y a los que su seleccionador –un enamorado del juego al contragolpe desde que 30 años antes iniciará su carrera en los banquillos como entrenador-jugador del Atlético de Madrid- no reveló- aún- el secreto del tiki-taka. He conocido muchos casos en los que la ausencia de un jugador en las alineaciones de su club o selección puede poner en peligro un éxito futuro, pero que la presencia en una alineación de un futbolista impida, sin paliativos, la consecución de un título se me hace muy enrevesado de entender. Que Raúl ya no estaba al nivel suficiente para acudir a la cita europea de 2008, de acuerdo, pero de ahí a decir que si hubiera ido España no gana la Eurocopa… 
En fin, el paso de los años deja a cada uno en el sitio que le corresponde y el que le corresponde a Raúl estará siempre junto a mitos del madridismo como Gento, Di Stefano, Puskas, Pirri, Butragueño o Casillas. En el mismo lugar en el que el sueño comenzó, La Romareda, el sueño acabó. Allí, un 24 de abril de 2010, Raúl disputó su último partido como madridista-el último balón que tocó fue para hacer gol-. Allí nació la leyenda. Maradona- palabra del Dios-, dijo un día de Raúl que era un genio; Valdano, su mentor, en la época en la que más se le cuestionaba, dijo, Raúl es un crack y los cracks no se discuten. Así sea.

lunes, 7 de septiembre de 2015

EL EMIGRANTE


Si hubiera que confeccionar una lista de los cuatro o cinco estadios de fútbol más míticos del mundo, sin ninguna duda, en casi todas las listas, uno de los que más insistentemente se repetiría sería la Bombonera, el estadio en el que tiene su hogar el Club Atlético Boca Juniors de Buenos Aires. A ese hogar  acaba de regresar recientemente su emigrante más ilustre de los últimos tiempos,  el Apache Carlos Tévez, diez años y medio después de abandonar su morada, rumbo, primero a Brasil y después a Europa. Tras un periplo exitoso por el viejo continente, Tévez volvió a casa y  fue recibido por los suyos con honores de jefe de estado. Carlitos-así lo llaman los periodistas de su país- percibe la veneración que por él profesan todos y cada uno de los hinchas de Boca, y él- no hay más que ver las imágenes de su familia cada partido en uno de los palcos de la Bombonera- tiene claro que ha vuelto, ya para siempre, a casa. Boca, en ese recién creado por la AFA campeonato de 30 equipos, camina puntero a falta de 8 jornadas y es- sobre todo gracias a la vuelta a casa del hijo pródigo- el gran favorito a levantar el título.

Analicemos, estamos en fecha, lo que pueden ser las grandes ligas europeas en una nueva temporada que recién acaba de dar su pistoletazo de salida. En España, los dos grandes favoritos de siempre y un renacido Atlético de Madrid en busca de la corona perdida el curso pasado. El Real Madrid, con el papelón que acaba de protagonizar en el tema De Gea, dispuesto a no repetir una temporada sin títulos-sacrilegio en Chamartín-como la pasada. Lo más destacado, el cambio de cromos en el banquillo y la llegada de algún jugador-caso de Danilo o Kovacic-para apuntalar aquello que creen más flaqueaba en momentos puntuales. La salida de Casillas merece capítulo aparte y será el paso de los años el que se encargue de calibrar cuán terrible ha sido el abandono del santo del coliseo madridista. Ardua tarea tiene Benítez para reconducir a los blancos a la senda del éxito; a su contrastada eficacia en la implementación de un sistema defensivo de garantías deberá añadir un solvente despliegue atacante que permita a su equipo, sino dominar los partidos, cuando menos, ganarlos. La idea inicial de colocar a Cristiano de nueve puro-el de Madeira es, sin discusión, el mejor rematador del mundo- es muy positiva pero, a ver quién es el guapo que convence al portugués de pasarse toda la temporada de ocupa dentro del área grande. Dos apuntes más sobre el Madrid: por un lado, sigue obcecado en mantener de mediocentro defensivo al alemán Toni Kroos, algo que ya resultó fallido el año pasado; por otro lado, no cesa el debate entre la titularidad de Isco o James. El colombiano es, ahora mismo, la joya de la corona del club blanco, por sus botas van a pasar buena parte de las opciones merengues. Si se cuestiona su rol capital en el equipo mal vamos, así que James sí e Isco, porque no, también- ¿para esto están los técnicos no?-. El otro gran favorito al título, el Barcelona. Más de lo mismo en los culés. Como los de arriba son tan buenos, nosotros tranquilos que ya nos sacarán ellos las castañas del fuego. El sistema defensivo del Barcelona-ya desde tiempos de Guardiola- en cuanto ve superadas sus primeras líneas de presión-no digamos nada cuando lo cogen al contragolpe- es una barraca de feria-véanse las dos recientes finales de supercopa europea y de España-. Sigue, ya desde tiempos que ni se recuerdan, sin fichar un central -como mínimo- de reconocido prestigio, intentando camuflar sus vergüenzas con centrocampistas o laterales reconvertidos a central o con centrales de ilustre pasado pero dudoso futuro-caso de Vermaelen-.  Para colmo, Busquets ya no llega a cubrir los boquetes de dimensiones ciclópeas que en algunos casos dejan las aventuras ofensivas de Alves y Jordi Alba, con lo que la llegada de huestes enemigas al área azulgrana en algunos casos resulta sonrojante. El Barcelona lleva años sin resolver estos problemas que se ven venir pero claro, ¿para eso están los técnicos no? En fin, como dirían en Estados Unidos, en la MSN confiamos. Finalmente, el Atlético del Cholo tiene probablemente la mejor plantilla de los últimos años-sí, incluso mejor que la de la temporada 13-14-; muchos más hombres que nombres permiten a su técnico componer una alineación equilibrada al máximo para poder competir, lo más vigorosamente posible, con los dos grandes caciques de la liga española. Estamos hablando de una plantilla larga con un buen once titular y muy buenos reservas, caso de Vietto, Correa, Ferreira-Carrasco… Si le respetan las lesiones y el calendario-sobre todo el de la Champions- puede llegar lejos en su campeonato doméstico.

En Francia la liga lleva ya consumidas cuatro jornadas y apunta, salvo sorpresa inesperada, a un nuevo dominio del PSG. Los parisinos, cuya novedad más destacada- a la espera del papel que Blanc le otorgue a Di María- es la presencia en el lateral derecho del ex del Toulouse Serge Aurier, mantienen el bloque del año pasado. Ese que les llevó a dominar en Francia y a intentar, sin éxito-se cruzó con los futuros campeones por el camino-, el asalto a su gran sueño, la Champions League. Si su técnico hace una gestión adecuada de la excelente plantilla que maneja, y ésta le responde con todas las cualidades que atesora, un cuarto título consecutivo viajará a la capital sin vacilación. No parece este el año de los otros candidatos habituales;  el Marsella, en plena crisis de identidad tras la marcha de Bielsa y la llegada de Michel,  con una escuadra en reconstrucción-han salido más de 15 jugadores y han llegado casi otros tantos-; el Mónaco, que según iba avanzando el mercado de verano iba perdiendo jugadores como si de un efecto domino se tratase;  y el Lyon, que tiene en el francés de origen argelino Nabil Fekir su mayor exponente en la lucha contra el poder capitalino, y que sueña con volver a aquellos años no tan lejanos en que dominó sin discusión la Ligue One.

En Alemania parece que, después de un breve paréntesis, se puede reeditar la lucha encarnizada entre los dos mejores equipos del siglo en el país. Estamos hablando de Bayern Munich y Borussia Dortmund. Ya hemos ensalzado en este foro una y mil veces el mérito de un Borussia al que el dominio despótico que ejerce el Bayern en la Bundesliga no le asusta. Después de una temporada de transición desde Dortmund sueñan, porque no, con volver a levantar el título de liga como hace 4 temporadas. Pese a la marcha de su técnico, ha conseguido evitar la salida de su columna vertebral-hablamos de Hummels, Gündogan y Reus-, perfeccionada  por jugadores de mucho empaque como Aubameyang, el armenio Mikhitaryan o la llegada-para mí incomprensible, no entiendo como el Manchester lo ha dejado salir- de la última joya del fútbol belga Januzaj. Luego está el Bayern, un equipo que domina sin piedad la Bundesliga, y que desde la llegada de Guardiola al banquillo jamás ha perdido un partido en la primera vuelta del campeonato, lo cual le permite dejar casi resuelto antes del parón invernal su envite doméstico, para centrarse en la conquista de su objetivo recurrente año tras año, la Champions League. Una luz y una sombra en los bávaros: la sombra, el enrarecido ambiente con el que parece trabajar Guardiola dentro de la propia casa; la luz, la llegada a Munich de Douglas Costa, un talento descomunal-al que, lo reconozco, había visto muy poco hasta ahora-, y que apunta a estrella en un futuro no muy lejano dentro del planeta fútbol .

Es en Italia donde, me atrevería a decir, encontramos la liga más abierta al título de las cinco grandes del viejo continente. El ganador de los últimos cuatro scudettos, la Juventus de Turín, mantiene el bloque defensivo que tan buen rendimiento le ha ofrecido otrora pero ha perdido, de medio campo para adelante, a los que eran, sin discusión ninguna, sus tres valores más activos. Me refiero, por supuesto, a Arturo Vidal, Tevez y Pirlo. Pérdidas irreparables que la llegada de hombres como  Khedira, Zaza, Cuadrado o Mandzukic, por desgracia para la Vecchia Signora, no van a hacer olvidar. Quizás el fichaje de Dybala sea el más ilusionante, pero su juventud hace pensar que su momento deberá esperar alguna sesión más. Así que, con este panorama en Turín, los demás se frotan las manos. La Roma, aspirante más insistente en los últimos años, mantiene el bloque del año pasado acompañado de la llegada desde Manchester de un goleador de garantías, el bosnio Dzeko, y podría ser uno de los beneficiados de este vacío de poder. ¿Se retirará Totti levantando su segundo Scudetto?; el Inter de Milán,  que lleva desde aquella temporada histórica 2009-10 sin ganar la liga italiana- sí, aquella en la que también levantaron la Champions y cuyas cabezas visibles eran Mourinho en el banquillo y Diego Milito en el campo-, ha incorporado un jugador importante por línea: Miranda en la defensa, Kondogbia para el mediocampo y Jovetic- valga mi reciente comentario sobre Januzaj para este mismo caso- para la delantera. Estos refuerzos, el mantenimiento de aquello-poco- que funcionó decentemente el año pasado y el hecho de no estar inmerso en ninguna competición europea para este curso, me aventuran a situar al Inter entre uno de los favoritos. Tampoco jugará esta temporada competición europea el Milan-décimos la 14-15- pero he de confesar, que si súmanos aquello que  han mantenido y lo nuevo que ha llegado no me da ninguna garantía como para darle alguna opción de ganar su decimonoveno Scudetto. Algo similar me ocurre con Lazio o Nápoles, no hace tanto competidores de la Juventus. Quién sabe, quizá sea el año del invitado inesperado en el calcio.

Por último, Inglaterra. Si hubiera escrito estas líneas antes de empezar el campeonato, hubiera incluido a los aspirantes que manejan todas las casa de apuestas y el común de los mortales, es decir, los dos equipos de Manchester, Chelsea, Arsenal y, algún romántico, Liverpool. La premier,  a estas alturas del mes de septiembre, ya ha dejado ver algunas cosas relevantes. Empezaré por el final. El Liverpool, en el año 1 después de Gerrard, ha incorporado, como figuras más destacadas, a Milner y Benteke, un centrocampista con experiencia y un delantero de garantías a los que, junto con lo que ya tenía, sería excesivo profetizarles un logro destacable más allá de una clasificación para la Champions; el Arsenal, del sempiterno Wenger- que por allí sigue-,  no ha hecho ninguna incorporación destacada, sólo la llegada para la portería del veterano ex del Chelsea Cech, y parece lógico pensar que la conquista de una nueva premier deberá esperar un año más-como poco-; a continuación, el Manchester United-dejaremos al margen el affaire De Gea-, que ha realizado una fuerte inversión en fichajes, compensada en parte con alguna que otra salida, como la de Di María al PSG por 65 millones-un año ha durado en el teatro de los sueños el argentino-. Fichajes, algunos de ellos, cuando menos, discutibles, por un motivo u otro. Me refiero a la llegada de un Scweinsteiger al final de su carrera, el excesivo coste pagado por el mediocampista ex del Southampton Schneiderlin-35 millones- o el incomprensible desembolso hecho al final del mercado por el atacante del Mónaco Martial-rondando los 70 millones de euros-. Sí me convence más el fichaje del holandés Memphis Depay-27,5 millones-. La aportación en ataque de éste y la vuelta al centro de la delantera de Rooney son las mejores credenciales que los de Van Gaal presentan este año para luchar por la Premier; por otro lado, otro de los favoritos, el vigente campeón, el Chelsea. Debe creer Mourinho que con lo que tenía del año pasado y algún pequeño retoque de cirugía estética es suficiente como para competir otro año más por el campeonato. Craso error, sólo con su maestría desde el banquillo y con el talento infinito de uno de los 3 futbolistas europeos más determinantes de las grandes ligas en el pasado ejercicio-el duende Eden Hazard-, no alcanza. Mourinho y los suyos han empezado fatal-4 puntos en 4 partidos, a 8 de líder- pero están a tiempo de reaccionar. Eso sí, igual debería plantearse el de Setúbal cambiar el orden de preferencia entre sus dos delanteros principales; para finalizar, el City. Se ha propuesto la entidad de Manchester recuperar el trono perdido cuanto antes y, para ello, ha trabajado sobre dos pilares básicos: por un lado, impedir la salida de cualquiera de sus hombres clave, Kompany, Toure y, sobre todo, Agüero; y, por otro, rodear a éstos  de buenas incorporaciones como Sterling o De Bruyne, más de 140 millones entre los dos- el dinero abre muchas puertas, ya se sabe-. Líder tras las 4 primeras jornadas con pleno de puntos y, si me lo permiten, favorito indiscutible al cetro de la Premier League.

Si hubiera que confeccionar una lista de los cuatro o cinco porteros de fútbol más míticos de la historia, sin ninguna duda, en casi todas las listas, uno de los que nombres que más se repetiría sería el de Iker Casillas. El de Móstoles acaba de emigrar a Portugal  después de pasar un cuarto de siglo defendiendo- y de qué forma- los colores del Real Madrid. Más allá de comentarios, debates, panegíricos y críticas desde cualquier lugar del planeta me gustaría apuntar las que son, para mí, dos verdades irrefutables sobre este tema: por un lado, Iker-como Gerrard o Xavi Hernández- ha dejado atrás sus mejores años como futbolista necesarios indiscutiblemente para competir al primer nivel; por otro lado, Iker- a diferencia de Gerrard o Xavi- ha abandonado su hogar con un trato inmerecido y por la puerta falsa del Bernabéu.

lunes, 22 de junio de 2015

PASE AL HUECO

 
El novelista austriaco Peter Handke autor, entre otras muchas obras, de la famosa El Miedo del Portero al Penalty, dijo una vez que Butragueño había inventado la inmovilidad, que cuando entraba en el área y se paraba, decía, los defensas se quedaban en estado de locura. Ese misterio, ese suspense ante el acontecimiento venidero hace que muchos veneremos todavía más este deporte; otros prefieren al que corre sin descanso, al que suda sin sospecha la camiseta y hace siempre lo que se espera que haga- igualmente respetable, sin duda-. Si ha habido en los últimos años dos paradigmas de ese futbolista mágico, intrigante en su juego y siempre genial en sus decisiones, han sido el español Xavi Hernández y el italiano Andrea Pirlo. El fútbol es un deporte tan grande que los motivos para justificar la adquisición de una entrada serían inabarcables, tantos, casi, como espectadores; la simple presencia en el campo de hombres como Xavi o Pirlo, en mi caso, justifican sin duda cualquier visita a un estadio.
El pasado 6 de junio los dos futbolistas nos ofrecieron el que probablemente haya sido su último servicio a una gran causa. Agazapados bajo el fulgor rutilante de grandes estrellas como Messi, Neymar, Suárez, Tevez o Arturo Vidal los dos mejores constructores de juego del S.XXI nos ofrecieron-durante más o menos minutos- una nueva lección de cómo parar, templar y mandar sobre un campo de fútbol. El de Tarrasa saltó al césped para jugar unos 20 minutos y cuando su equipo ya ganaba 2 a 1. Saltó al césped sustituyendo a otra leyenda llamado Andrés Iniesta que le regaló sus últimos minutos como azulgrana y le homenajeó cediéndole lo que por derecho es suyo, el brazalete de capitán; el de Brescia disputó el partido completo, sujetó cuanto pudo las acometidas rivales y desplegó en la medida de sus posibilidades-y de las que le dejaba el rival-, uno tras otro, su habitual repertorio de pases. Finalmente el agasajo fue para Xavi y las lágrimas-de grandeza-para Pirlo. Es cierto que los dos están ya en el final de su excepcional carrera pero, mientras sigan vistiéndose de corto, nadie nos podrá quitar la delicia de contemplar el arte puro que ellos atesoran a raudales. Fue el pequeño genio de Rosario el que hizo, una vez más, que al final fuera Xavi y no Buffon el que levantará la orejona; algo me dice que si Messi, en lugar de saltar al Estadio Olímpico de Berlín vestido de azulgrana lo hubiera hecho de bianconeri, el trofeo hubiera cambiado de manos con casi total certeza.

domingo, 3 de mayo de 2015

TE LO MERECES GIGI


Durante la segunda mitad de los ochenta del pasado siglo la Quinta del Buitre sometió a todos y cada uno de los equipos que trataron de arrebatarle el poder en el Campeonato Nacional de Liga español. Llevaron hasta las vitrinas del Real Madrid, una tras otra, las cinco ligas disputadas entre las temporadas 1985-86 y 1989-90; desarrollaron un juego de salón aplaudido y admirado desde cualquier punto cardinal de la tierra e hicieron que la visita al Bernabéu fuera, un día sí y otro también, una fiesta para cualquier aficionado madridista-todavía a día de hoy mantiene el record de partidos invicto como local con más de 120-. Pero, como dice un buen amigo, el círculo nunca es redondo del todo y aquella generación legendaria de futbolistas jamás consiguió levantar una Copa de Europa. Tuvieron la desgracia de encontrarse con el gran Milan de Arrigo Sacchi-probablemente uno de los cuatro o cinco mejores equipos de la historia-, o con la mala suerte en aquella triste eliminatoria de la temporada 1987-88 en la que el PSV de Eindhoven dejó a los blancos fuera de la final después de dos empates. La Quinta se quedó sin la séptima y el mito se quedó en leyenda.

         Dos décadas y media después -toda una vida- el fútbol ha dado muchas vueltas, la Copa de Europa se ha convertido en Liga de Campeones, ya no hace falta ganar la liga doméstica para participar en la gran competición mundial a nivel de clubes, el Real Madrid-con algún que otro combinado de menor calidad que el de la Quinta del Buitre- ha levantado, además de la séptima, la octava, la novena y la décima Copa de Europa y, en poco más de un par de meses, podría levantar la undécima. El primer escollo en el camino para semejante gesta será la Juventus de Turín, reflejo actual de lo que fue aquél Madrid de la Quinta. La Vecchia Signora domina el Calcio- desde hace ya varias temporadas sin apenas oposición-, pero tropieza sin tregua cada vez que se enfrenta a la Liga de Campeones. Los turineses llevan 12 temporadas sin llegar a la final y 19 sin levantar la orejona. Si los blancos superan a la Juve se encontrarán en la final al ganador de la otra eliminatoria-algunos hablan de final adelantada…-, Barcelona o Bayern de Munich.

miércoles, 11 de marzo de 2015

OTROS VENDRÁN


Desde el año 1978 el diario deportivo italiano Guerin Sportivo otorga un premio anual al mejor futbolista menor de 21 años, el Trofeo Bravo. Hasta el 92 sólo podía premiarse a aquellos futbolistas europeos que compitieran en alguna de las 3 grandes competiciones europeas, desde entonces, basta con jugar en cualquier liga nacional europea, independientemente de la nacionalidad del futbolista, para poder optar al premio; 25 años más tarde, a partir del año 2003, otro diario deportivo italiano con sede en Turín, Tuttosport, creó el premio Golden Boy, también para futbolistas que andan en el mismo rango de edad que el anterior y que se viene considerando como el balón de oro de los futbolistas jóvenes. Muchos de los que con los años se han convertido en auténticas estrellas del planeta fútbol recibieron alguno- o ambos- de estos galardones: en la nómina de premiados aparecen nombres como Van Basten, Maldini, Baggio, Del Piero, Casillas, Buffon, Messi, Rooney, Agüero, Fábregas o los dos Ronaldos- el brasileño, el único de la historia, junto con Butragueño, en ganar dos años consecutivos el Trofeo Bravo-.

El impío paso del tiempo alcanza por igual a héroes míticos y a seres anónimos. Los grandes genios del balón, tarde o temprano, van perdiendo su brillo y se ven obligados a dejar paso a las estrellas emergentes del momento. Los Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Iniesta, Ibrahimovic, Totti, Buffon, Pirlo, Xavi, Casillas, Gerrard… ven como se acerca el final de su carrera- me atrevería a darle, al que más, 2 ó 3 temporadas al mejor nivel- y como otros hicieron con ellos, inevitablemente, deberán rendirse ante el incontestable ascenso de los más jóvenes. Es cierto que en algunos casos la convivencia entre unos y otros durará un tiempo-me viene a la cabeza el caso de Messi y Neymar en el Barcelona- pero, más pronto que tarde, el veterano deberá ceder el testigo al novato.

Aventurarse a adivinar quiénes serán los nombres de los futbolistas que dominarán el tapete verde durante los próximos 10 años- vida límite al primer nivel que este cada vez más exigente deporte permite-resulta complicado y, por supuesto, altamente subjetivo. Algunos ya gozan del status de estrellas y, por lo tanto, su tarea futura consiste en certificar aquello que con tantos argumentos demuestran día a día. Estamos hablando de hombres como el brasileño Neymar, futbolista estratosférico que crece  a pasos agigantados al lado de las grandes figuras del Barcelona y que, sin duda, el día que le llegué la hora de tomar el mando estará a la altura de las circunstancias. Salvo decepción mayúscula uno de los próximos balones de oro; también, entre los ya consagrados, aparece la llave principal que debe abrir la puerta de los futuros éxitos del Chelsea, el belga Eden Hazard, santo y seña de los londinenses y de una generación de futbolistas belgas llamado a marcar, como el brasileño, una época dentro del fútbol mundial; otra joven promesa -ya bendecida, ganó el Golden Boy en el 2013 y el año siguiente el Trofeo Bravo- es el francés Paul Pogba. El actual integrante de la plantilla de la Juventus es el arquetipo más destacado del futbolista del siglo XXI: una bestia de poderío físico, serio en la disciplina táctica y con unas dotes técnicas notables. Si a esto sumamos que está aprendiendo al lado de un tal Andrea Pirlo, sus días en la élite se antojan considerables; otros de los jóvenes emergentes que ya gozan de la condición de respetados son los españoles Isco o Koke. El madridista representa el sueño de una afición que cree- o necesita creer- que ahora el nuevo Iniesta viste de blanco; el atlético, piedra angular de una filosofía, la del Cholo Simeone, que pierde credibilidad cada vez que el vallecano no está sobre el campo; dentro de este primer grupo me gustaría incluir también a los que serán- si no lo son ya- los dos mejores mediocentros del fútbol europeo, el italiano del PSG Marco Verratti y el alemán Ilkay Gündogan, 22 y 24 años respectivamente. Ambos representan la modernidad de esa posición que se ha convertido en vital para cualquier escuadra y cuyas cualidades- una inteligencia posicional superlativa, recuperación del balón y rápida salida y excelente visión de juego- atesoran hasta el infinito. Si finalmente el del Dortmund se recupera totalmente de la grave lesión de espalda padecida meses atrás tiene ante sí una carrera muy notable; si hay una posición en la que la huella del cambio generacional es más reconocible en la actualidad esa es la de portero: los dos grandes mitos de los últimos 15 años - Casillas y Buffon-, hace ya un tiempo que han dejado el camino expedito a su sustituto más relevante, el belga del Chelsea Courtois, ídolo ya, y por muchos años-sólo tiene 22-, de cualquier niño que cada fin de semana se pone bajo los palos.