Si hay una palabra que ha sobrevolado innumerables veces por las emisiones de radio y televisión, y aparecido más veces repetida negro sobre blanco en las páginas de los periódicos para justificar la inesperada, por lo que parece, eliminación del Real Madrid en las semifinales de la UEFA Champions League, esa palabra es actitud. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, la más acertada según mi opinión, define esta palabra como disposición de ánimo manifestada de algún modo. Para el caso que nos ocupa, manifestada de modo pésimo, fatal y hasta detestable según todos los medios de comunicación, especialmente los españoles. Parece pues, por todo lo leído, oído y visto, que esta falta de actitud ha sido la culpable del horrible espectáculo mostrado por los blancos en el partido de ida en Dortmund, cuyo resultado matemático lastró de forma insuperable el partido de vuelta y obligó a una épica remontada a la vieja usanza, que finalmente no se pudo consumar.
No sé si es por mi obsesión de nadar con frecuencia contra corriente, de la que me acusan mis compinches, debo confesar que no sin razón, o por el convencimiento de una obviedad que sólo algunos han querido ver, pero creo que si hay una palabra que define la causa de que los de la capital de España estén en la calle y los de Westfalia estén en la final de Wembley esa palabra es aptitud. Volvemos a la RAE y leemos como en su tercera acepción la define como capacidad o disposición para el buen desempeño de un negocio, industria o arte. La palabra clave sobre la que gira todo nuestro análisis es capacidad. El Real Madrid no ha perdido una nueva ocasión de alcanzar la décima por una falta de actitud, es decir, por su juego desganado, sin intensidad o coraje; el Real Madrid continuará un año más sin llegar a una final de Champions porque su rival tiene mayores aptitudes para lograrlo, o lo que es lo mismo, mayor capacidad para desempeñar mejor la práctica de un arte, el fútbol. En el momento de producirse el enfrentamiento de semifinales entre ambos equipos, finales de abril, el nivel técnico, táctico y, no digamos nada, físico de uno y otro equipo era favorable a los alemanes. Para que se me entienda, los jugadores del Borussia, ahora mismo, son mejor que los del Madrid; el entrenador del Borussia, ahora mismo, es mejor que el del Madrid y, el ritmo de competición que marca la exigencia física cada partido, ahora mismo, es muy superior el del Borussia al del Madrid. Vayamos por partes empezando por el final. Siempre se ha dicho que los equipos alemanes están más trabajados físicamente que cualquier otro equipo del orbe futbolístico mundial, siendo éste un axioma discutible ahora mismo presenta datos incuestionables. Vaya un solo ejemplo de lo dicho: en el partido de ida, el decisivo, de los seis jugadores que más kilómetros recorrieron a lo largo de los noventa minutos, cinco de ellos eran del equipo local y esto cualquiera que haya jugado al fútbol, aunque sólo haya sido una vez en su vida, sabe que no es una cuestión de actitud si no de pulmones. Tener un físico más poderoso supone una ventaja esencial en el fútbol moderno siempre que se acompañe de un posicionamiento acertado sobre el campo- la táctica- , y de una considerable destreza para desplegar, una vez obtenida la posesión, todas aquellas cualidades que se han adquirido –la técnica-. De nada vale correr todo el partido como si de un maratoniano se tratará si cuando tenemos el balón no sabemos qué hacer con el, ni con los pies ni con la cabeza.