lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS DUELISTAS


Se ha estrenado, recientemente, en las pantallas de cine de medio mundo la película Exodus, dirigida por Ridley Scott, última aportación de uno de los realizadores más brillantes de la historia contemporánea del Séptimo Arte. Cuenta el director británico con una extensa filmografía salpicada de grandes creaciones, entre las que destacan obras como Gladiator, Alien, el octavo pasajero, Thelma y Louise, Blade Runner- una auténtica obra maestra - o su ópera prima Los Duelistas.  Filme, éste último, en el que sus dos protagonistas pasan sus vidas retándose a duelo de uno a otro confín de la tierra. Si ahora mismo se hiciera un remake de Los Duelistas, ambientado en el mundo del fútbol, sería muy sencillo otorgar los dos papeles protagonistas a Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Trasunto deportivo de dicho filme con el que los dos grandes genios del balón nos vienen deleitando en los últimos tiempos.

Ambos, el portugués y el argentino, el argentino y el portugués, sin discusión, los dos mejores intérpretes de la última década de la escena futbolística. Que sean, o acaben siendo, los mejores de todos los tiempos será la historia la que lo dirá. Más allá de consideraciones, análisis y elucubraciones varias hay un hecho que resulta incuestionable, ambos se retroalimentan entre sí. La convivencia con el otro les hace mejores y su lucha-pacífica, no veamos guerras donde no las hay-, día a día, semana a semana, por ser más brillantes, agiganta su leyenda y, con ello, engrandece el espectáculo y alimenta el debate sobre quién de los dos es el mejor.

martes, 14 de octubre de 2014

EL NIÑO QUE NO QUERÍA CRECER


         Dentro de la inabarcable literatura a la que el mundo del fútbol nos transporta día tras día, destacan la gran cantidad de lugares comunes que los principales intérpretes de la fiesta nos han ido proporcionando con el paso del tiempo. Los archiconocidos fútbol es fútbol, no hay enemigo pequeño, somos once contra once, partido a partido-la estrella de los últimos meses-, o el fútbol es así, entre otros muchos. Pero, si hay un lugar común que ha protagonizado más que ningún otro recientemente el planeta fútbol ese ha sido fin de ciclo. Fin de ciclo a propósito de la selección española de fútbol. Fin de ciclo  para alimentar su reciente descalabro en la última fase final de un mundial-el de Brasil- y condimentado, para terminarlo de arreglar, con la primera derrota fuera de casa en una fase de clasificación para una gran competición -la Eurocopa 2016- en Zilina, frente a Eslovaquia, después de 8 años.

         Parece que ha causado gran revuelo y extrañeza un hecho semejante, ya hay muchos que ante tal imprevisto se rasgan las vestiduras y comienzan a buscar cadáveres entre los heridos. Para cualquiera con un mínimo conocimiento de la historia estamos ante un acontecimiento tan común como esperado. El tiempo nos alcanza -nos alcanzará- a todos. El tiempo acabó con la Civilización Egipcia, con el Imperio Romano, con esa España de Felipe II en la que nunca se ponía el sol o con la Rusia Zarista; el tiempo acabó con los bateos de Babe Ruth para los Yankees, con el Brasil de Pele, con los Bulls de Jordan o con las cabriolas de Valentino Rossi; el tiempo está haciendo coincidir en España, casi a la vez, el fin de un ciclo plagado de éxitos en sus dos deportes más populares, el fútbol y el baloncesto. Los héroes de entonces son ahora villanos. La memoria de los hombres es efímera, sólo alcanza hasta allá donde nos sorprende el último fogonazo. El que ya no nos sirve para conseguir el fin deseado deberá, obligatoriamente, pasar al retiro y, lo que es más triste, al olvido-el fútbol, otra vez, metáfora de la vida-.

domingo, 7 de septiembre de 2014

DICIEMBRE DEL 41


         Si algo ha mantenido ocupado al ser humano desde el amanecer de los tiempos es la búsqueda de respuestas a la incesante cantidad de interrogantes a la que este paso fugaz sobre la tierra nos somete día tras día. Todas, en el fondo, con el objetivo final de aplacar nuestra inquietud por conseguir entender aquello que permanentemente nos atormenta. Por desgracia- o por suerte- hay cosas que, por mucho que inundemos nuestros cerebros de información, jamás conseguiremos entender. Aquel que piensa que lo sabe todo sobre algo y, como dijo Sócrates, descubre que en realidad no sabe nada.
         Vayamos al fútbol.  Nueva temporada, idénticos favoritos al título en las grandes ligas del viejo continente: Juventus, con nuevo inquilino en el banquillo para sustituir al admirado Antonio Conte,  con Roma e Inter como previsibles adversarios en el calcio;  Bayern de Munich y Borussia Dortmund en Alemania. Lo del Borussia es de nota, año tras año le quitan- principalmente el gran rival de Munich-a sus grandes estrellas y ellos siguen en sus trece de intentar arrebatar al gran señor su cetro dorado; Real Madrid y Barcelona en España. Si el mismo Cholo Simeone se descarta como favorito al título una y otra vez, no será un servidor quien le quite la razón; Paris Saint Germain en Francia como único candidato. La descarga del equipaje de gala de su rival más destacado el curso pasado, los del Principado de Mónaco, hacen pensar en una plácida travesía para los parisinos sólo sumergible iceberg mediante en forma de Champions League. Si además cuentan con un Zlatan Ibrahimovic que ha empezado la liga aniquilando huestes enemigas será difícil que no obtengan su tercera liga consecutiva-quinta en la historia del club-; sólo en Inglaterra parece que puede haber, en esta nueva temporada, algo más de agitación en la pelea por el campeonato. Chelsea y Manchester City como máximos candidatos acompañados del ganador moral del curso pasado- el Liverpool- y del Manchester United que, para remediar un inicio liguero ridículo, con dos empates en tres encuentros, acaba de encomendarse ciegamente a las fintas de Di María y a los goles de Radamel Falcao.

miércoles, 11 de junio de 2014

AL MUNDIAL


         Ya han pasado cuatro años desde que Andrés Iniesta marcó el gol que hizo campeona del mundo a España. Cuatro años desde que, gracias a un golpe certero a un balón, entró en la leyenda del fútbol;  cuatro años desde que, camino del festejo, subió la roja hasta sus hombros y entró en el corazón de todos nosotros. Cuatro años, una vida entera para los  jóvenes; cuatro años, un suspiro para los viejos. Tempus fugit. En unos días empieza un nuevo mundial. He aquí los 32 intérpretes de la función. Sin privilegios, cuatro líneas para cada uno.

Argelia: Cuarta presencia en un Mundial para los argelinos.  Sólo 2 de los 23 convocados juegan en su país, el resto repartidos por toda Europa y hasta por Qatar. Los tiempos del gran Rabah Madjer-por desgracia-pasaron hace muchas lunas.  Comparte grupo con Corea del Sur, Bélgica y Rusia. No se la espera en octavos.

Alemania: Una de las principales favoritas. Para este torneo y para cualquiera al que presente una instancia. Viajan a Brasil con una baja de última hora de renombre, Marco Reus, pero sigue siendo temible en todas sus líneas. Si su medio campo da equilibrio a la defensa y al ataque será muy difícil de superar. Nos vemos en semifinales.

Argentina: Otra favorita, más por tener a Messi que por el plantel al completo. Portero y defensa de equipo fiable, mediocampo notable y delantera de matrícula de honor. Camino cómodo hasta cuartos, en unos días sabremos si con estos mimbres le alcanza para ganar un Mundial- y si Messi consigue finalmente emular a  Maradona-.

martes, 27 de mayo de 2014

BREVE APUNTE DE UNA TRAGEDIA


          Es el fútbol, es la vida. Lo tenés todo y no tenés nada. Con estas palabras, en la rueda de prensa posterior al partido, el Cholo Simeone definió lo que había sido no solamente un partido sino toda una temporada para su Atlético.  Estuvo a poco más de dos minutos de la gloria, esos que faltaban para terminar los cinco de alargue que había dado el árbitro de la contienda. Sí, es cierto, los del Calderón han conquistado esta campaña su décima- el número ordinal de moda en el fútbol español este año- liga con todo merecimiento, superando en buena lid a los dos titanes del planeta fútbol en la piel de toro, Real Madrid y Barcelona, pero, ¿ hay algo comparable, a nivel de clubes, a una UEFA Champions League? No nos engañemos, todos títulos cuentan, pero el que te hace inmortal de verdad es éste. Que le pregunten, por ejemplo, al Liverpool, que se mantiene en el olimpo de los venerables gracias a esa memorable Champions que arrebató del mismísimo museo de Milanello a un Milán-entrenado por cierto por Ancelotti- que en el descanso ganaba 3 a 0. Ese mismo Liverpool que todavía no ha levantado ni una sola Premier League, cuya implantación se remonta ya a la temporada 1992-1993.
         Se destaca en un sitio sí y en otro también la forma tan dramática en la que el Atlético de Madrid ha visto volar ese sueño de Champions 40 años después de la primera oportunidad. Coincidencia -o capricho- del destino en ambas ocasiones, con un gol clave, aunque no decisivo, en contra recibido por un central rival, vestido de blanco y en el ocaso del encuentro. De acuerdo en lo del dramatismo –incluso diría rozando la crueldad-. No estoy de acuerdo con aquellos que hablan del merecimiento. Ambos se lo merecían y sólo uno podía ganar. Fue el Real Madrid, pudo ser el Atlético. En el caso de los rojiblancos, cuando uno apoya sobre un alambre sus dos piernas durante una hora- y en la media siguiente sólo una- la probabilidad de terminar en el suelo se multiplica. No cayo una semana atrás en liga ante un inestable Barcelona, es decir, la maniobra le salió bien pero, aunque fuera al final, fue a desplomarse del cable el día menos apropiado.   

jueves, 10 de abril de 2014

DE ACUERDO ENTONCES


         Cada espectador que abandona una sala de cine una vez finalizada la película, cada lector que deja reposar sobre la estantería un nuevo libro ya finiquitado tendrá una opinión, más o menos formada, sobre aquello que acaba de liquidar. Cada espectador, cada lector, un método; cada espectador, cada lector, un veredicto. En el mundo del fútbol pasa algo parecido: al terminar de presenciar un encuentro casi tantas interpretaciones de lo que han visto como almas abandonando un estadio. Los cuartos de final, que terminaron ayer, de la presente edición de la Champions League nos han dispuesto cara a cara con un hecho casi inverosímil en este deporte, la unanimidad de criterios en el análisis de, por lo menos, tres de las cuatro justas.
         Pero vayamos poco a poco. Primero un par de reflexiones. Por un lado, un dato estadístico que considero digno de referenciar. De las 12 eliminatorias disputadas hasta la fecha-las 8 de octavos y las 4 de cuartos-, sólo el Real Madrid ha pasado ronda jugando la vuelta fuera de casa. Es decir 11 de los 12 enfrentamientos se los ha llevado el equipo que jugaba la vuelta en casa. Hay algunos que en los últimos tiempos habían dejado de darle importancia a semejante circunstancia –Mourinho, en su etapa madridista, a la cabeza-. Las estadísticas en esta edición no mienten: no será un hecho determinante, pero desde luego ayudar ayuda; por otro lado, la alargada sombra de un mundial en el horizonte. Me llamarán mal pensado, pero la plaga de jugadores reservados por precaución-como se cansan de anunciar los partes médicos de cada entidad-, y el rendimiento en el campo susceptiblemente sospechoso de algunos- como si se hubieran dejado el freno de mano puesto-, dudo mucho que se hubiera producido sin la cita que más laureles entrega a cualquier futbolista que aspire a consagrarse con todos los honores en el mayor espectáculo del mundo. En las alineaciones, al final, ya se sabe, el míster propone y la figura dispone.
         La primera de las eliminatorias en las que, como he afirmado al inicio, ha habido unanimidad es la que disputaron Real Madrid y Borussia Dortmund. Los alemanes con un equipo sensiblemente mermado por las bajas de jugadores importantes para esta eliminatoria. Además de la de su estrella Lewandowski  para la ida, las bajas de Blaszczykowski, Subotic y, principalmente, el jugador clave en el enfrentamiento de semifinales de la edición pasada, el alemán de origen turco Ilkay Gündogan. Con este panorama el Madrid tuvo un partido más eficaz que eficiente en la ida y parecía haber dejado la eliminatoria sentenciada con un 3 a 0 a favor. Todos pensamos que el Madrid marcaría en Dortmund y la necesidad de 5 goles de los alemanes les llevaría a la rendición incondicional. Nada más lejos de la realidad. Los blancos tuvieron la mejor de las oportunidades que se pueden tener en un partido de fútbol, el lanzamiento de una pena máxima en el amanecer del duelo: resbalón de Di María y los del Signal Iduna Park se desatan. Empujados desde la cueva por un imperial Hummels-este es el central por el que debería pujar el Barca-, conducidos por dos mediocentros muy inspirados para la ocasión, Jojic y Kirch-que se merendaron a Alonso, Illarramendi y Modric en el primer acto- y desatados por el mejor del partido, Marco Reus, el Dortmund se puso, tras dos errores de bulto del Madrid-sobre todo el primero, tras un intento de cesión desde la luna de Pepe a Casillas-, en un abrir y cerrar de ojos con un 2 a 0 en el marcador y con toda la hinchada madridista al borde de un ataque de nervios. Mal, muy mal los de Chamartín en la primera parte-primera unanimidad-. Todos a los vestuarios y allí el técnico del Dortmund debía tomar una decisión capital: salir al campo a morir los primeros minutos con las pocas fuerzas que les quedaban o esperar al Madrid e intentar rematarle en el último cuarto de hora. Klopp optó por la segunda opción y, creo, se equivocó. Tocó arrebato cuando ya era tarde y sus jugadores ya no podían ni con el pelo-que le pregunten a Lewandowski-. El Madrid llegó más entero al final del envite, gracias, es de justicia reconocerlo, al poco acierto del armenio Mikhitaryan- en sus botas se quedó buena parte de la eliminatoria- y al acierto, una vez más, del marginado Casillas-segunda unanimidad-.

martes, 4 de febrero de 2014

BUENAS TARDES


         La alfombra roja del Balón de Oro ha dado paso al verde del césped de los estadios, lugar donde sería recomendable se focalizase preferentemente la atención del planeta fútbol. Resulta sorprendente como semejante entrega de laureles ha ascendido en interés mediático a lo largo de los años para acabar convirtiéndose en algo tan atrayente como la mismísima ceremonia de los premios Oscar de cine. El futbolista ha sustituido a la estrella del cine o de la música con una rapidez endiablada y, ahora, muchas carpetas de estudiantes y habitaciones amanecen adornadas con la reluciente presencia de algún nuevo ídolo balompédico-los derechos de imagen no se pagan en balde-. No deja de ser  gratificante recordar como en otros tiempos la profesión de futbolista no tenía tanto glamour. Hubo un tiempo, ya lejano, en el que se lanzaba un penalti de una semifinal de un mundial sujetándose con una mano el pantalón porque la goma que lo ajustaba se había roto; en el que otros jugaban descalzos y en el que alguno recibía el Balón de Oro en el descanso de un partido y se lo llevaba a casa en el autobús de línea metido en su bolsa de deporte. Todo es fútbol. Lo era antes y lo es ahora. Cambia el envoltorio, más lujoso y almibarado, pero el regalo es el mismo.
         Las grandes ligas del viejo continente han ingresado ya en la segunda fase de la competición. Objetivo doméstico de incalculable valor que pierde prestigio, en el caso de los clubes grandes,  cuando lo comparamos-el valor del trofeo se entiende-con la consecución de la Champions League. Para el resto de clubes, los no considerados grandes, que por desgracia en todas y cada una de las ligas europeas principales cada vez son más, el objetivo principal es el de la permanencia en una categoría de relumbrón que les permita seguir en la élite y, con ello, vivir con la ilusión intacta de alcanzar una temporada la soñada participación en alguna competición europea. La Real Sociedad en la liga española es el mejor referente de la consecución de quimera semejante.