En los primeros días de diciembre de este año que recorremos se cumplirán 72 años del ataque de la aviación japonesa sobre la base naval estadounidense situada en Pearl Harbor, en el estado de Hawái. Al día siguiente de este ataque los EEUU declararon la guerra a Japón y, en menos de 4 días, Alemania e Italia se convirtieron en enemigos de los norteamericanos. Se producía, por tanto, un hecho largamente esperado- que con el tiempo se demostraría vital para el desenlace de la guerra-, pero no por ello menos previsto. Hagamos un ejercicio de ampuloso parangón con nuestro modus vivendi- el fútbol- y lleguemos al día de hoy, 2 de septiembre, o lo que es lo mismo, día del cierre del mercado veraniego de fichajes, y encontraremos de nuevo un hecho largamente esperado pero no por ello menos previsto. Gareth Bale, la última perla que el fútbol norirlandés o galés regala al mundo cada dos decenios-antes fueron George Best o Ryan Giggs- llega en loor de multitudes al club más importante de la historia del fútbol mundial según la FIFA. La cifra del traspaso, lo único que faltaba por saber en realidad, 91 millones de euros. El segundo más caro de la historia. Por cierto, el Real Madrid tiene colocados cuatro jugadores entre los cinco más caros de siempre; sólo la venta del mago Ibrahimovic del Inter al Barcelona mete la cabeza en medio de tanta blancura.
Tal expectación y poder mediático habían despertado las negociaciones entre el Tottenham y el Madrid que uno parecía estar alienado viviendo en exclusiva con la incertidumbre de una operación de tan alto linaje. Es cierto, que la temporada en el fútbol europeo ya ha comenzado-en algunos países como Alemania o Francia, por ejemplo, van ya 4 jornadas de liga-, pero es sólo a partir de ahora cuando ya podemos decir, con todas las de la ley, que el Show está en marcha.