Todo fluye, nada permanece escribió hace más de 2500 años Heráclito de Éfeso. Al comenzar a escribir esta nueva entrada falta menos de un día para que asistamos a una nueva edición del Clásico en España, un nuevo Barcelona-Real Madrid. Otro partido del siglo. Y ya no sé cuántos van. Bueno, en realidad, muy pocos han podido considerarse como el partido del siglo, acaso esa eliminatoria reciente de Champions que llevó a los azulgrana a la final de Wembley -y al posterior título-. Partido del siglo que lo fue no sólo en el campo sino también por todo lo que ocurrió antes, durante y después del mismo en los diferentes escenarios hasta los que un acontecimiento de semejante magnitud nos puede llegar a conducir. Si los jugadores fueron protagonistas no le quedaron a la zaga los dos técnicos de ambos conjuntos en las ruedas de prensa realizadas uno antes de un partido -Guardiola-, y el otro después –Mourinho-. Del significado, liturgia, influjo y demás consideraciones humanas y divinas de un Clásico ya se habló, más o menos, suficiente en una de las primeras entradas de este blog así que no conviene ser ni repetitivo ni cargante. Dos apuntes solamente que no me puedo resistir a introducir. Por un lado, que este de mañana no es, ni de lejos, el partido del siglo teniendo en cuenta que cuando concluya quedarán por delante 28 partidos o, lo que es lo mismo, 84 puntos y, en el peor de los casos, uno de los contendientes-el Madrid- saldrá del Camp Nou con 6 puntos de desventaja, es decir, dos partidos; por otro lado, en el partido de mañana tengo la sensación de que la influencia en el resultado final de los dos cracks- Messi y Cristiano- va a ser mucho más determinante que en cualquiera de los últimos seis o siete clásicos celebrados, que ya es decir. Es posible que no en el desarrollo del juego pero sí en el guarismo final.
Dejemos de lado por lo tanto el Clásico y hablemos de, este también, un acontecimiento de talla mundial al que asistiremos en unos meses, el Mundial de fútbol a celebrar en Brasil en el verano de 2014. Ya tenemos 21 equipos clasificados y quedan 11 plazas en juego. Los grandes favoritos han sacado su billete a tiempo y con poca oposición. Hablamos de España, Holanda, Alemania o Italia en Europa; Argentina, Colombia o Chile en Sudamérica; EEUU en Norte y Centro América o Japón, República de Corea y Australia en el grupo Asiático. En el caso de las Europeas-junto con la albiceleste de Sabella- favoritas desde ya a levantar el trofeo de campeón junto con la anfitriona-y gran favorita para mí- Brasil. De todos estos combinados poco que decir por el momento. Están y se les esperaba así que es más de justicia reconocer el mérito de aquellas que están pero a las que no se esperaba.