viernes, 28 de diciembre de 2012

UN AÑO AGOTADO


         Los optimistas, cuando un año se acaba, hablan de doce meses ganados a la vida, de otros trescientos sesenta y cinco días en los que uno ha adquirido más conocimientos, empíricos y de los otros,  y en los que ha engordado su, incalculable, equipaje vital; los pesimistas hablamos de otro año que se ha perdido, doce meses que, por mucho que los revivamos en nuestra memoria,  ya no vuelven, y otros trescientos sesenta y cinco días que el tiempo, lo único que se nos concede como nuestro al nacer, nos arrebata. Un año más o un año menos, un pesimista o un optimista mal informado. Esa es la cuestión.  En fin, dejémonos de filosofías de perogrullo y demás cuestiones pseudo-metafísicas. Dejemos que quien sabe de verdad de ello siga cuestionando la importancia ontológica del ser humano y hablemos de la importancia del esférico para el ser humano, que a fin de cuentas es para lo que uno está por estos lares.
         El año que expira en estos momentos, el del fin del mundo según los mayas, deja dos grandes líneas de análisis: Por un lado el incesante y agotador tintineo del Balón de Oro. Ya se apuntó desde este foro alguna pincelada sobre el tema en la entrada titulada El premio que nunca tuve y, aunque dicho apunte fue ciertamente breve, era muy claro y comprensible, perdón por la inmodestia, en cuanto a los merecimientos de uno u otro combatiente. Resulta peculiar que un premio que no deja de ser un reconocimiento individual haya alcanzado cotas de interés mediático tan pantagruélicas. Un galardón ideado desde France Football por el cerebro prodigioso de Gabriel Hanot, el mismo que ideó la Copa de Europa de clubes, en el año 1956, y al que seguro no se le llegó a pasar por la cabeza ni en la peor de sus pesadillas las dimensiones que llegaría a adquirir semejante condecoración. Si alguien no lo impide, al final, el club que cuente en sus filas con el ganador acabará por sumar dicho galardón al arqueo de títulos obtenidos en una sesión, a la altura de una liga o una copa, por lo menos. Para que no perdamos la perspectiva de lo que de verdad cuenta- el fútbol hasta donde uno sabe es un deporte colectivo- ilustremos dos hechos históricos en relación a este asunto. En el año 1962, antes de empezar un partido de Copa de Europa entre el Dukla de Praga y el Benfica, el portugués Eusebio, que había quedado segundo en la votación de ese año,  le entregó, sin ceremonia aparatosa de por medio, el Balón de Oro al checoslovaco del equipo rival Josef Masopust- que años más tarde sería votado como el mejor jugador checo del siglo XX-. Éste le dio la mano al mozambiqueño, metió el trofeo en su bolsa de deporte con el resto de su ropa y al finalizar el partido cogió el tranvía y se fue a su casa; seis años más tarde, en 1968, el ganador fue el talento más grande que el fútbol británico ha dado en su historia, el inimitable George Best, el quinto Beatle. El genio norirlandés, que decidió celebrarlo con una de sus noches de francachela y desenfreno, llego un día más tarde de lo previsto a recoger el trofeo sin que, más allá de las criticas recalcitrantes a las que ya estaba acostumbrado, nadie hiciera un drama de ello. Valor a lo que valor merece.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

TRES ELEGIDOS Y UNOS AMIGOS


          Dice el refrán que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Para darle peso a semejante  sabiduría del refranero popular –aunque no esté nada de acuerdo con el de Al que madruga Dios le ayuda-, me dispongo a volver a intentar pronosticar, en idéntico momento temporal  al que lo hice la campaña pasada, a falta de dos jornadas para finalizar la fase de grupos, lo que puede acaecer en la presente edición de la Uefa Champions League. Eso sí, antes de meternos en harina, quiero hacer una breve acotación para dar un más que merecido homenaje al último truco de prestidigitador del mago Sueco Zlatan Ibrahimovic. Ya saben, los cuatro goles realizados en un partido amistoso el pasado miércoles con su selección ante los inventores del fútbol, los ingleses, pero por encima de todo, su gol estratosférico- ojala mi léxico fuera más abundante para poder calificar como se merece la colosal acción del genio de Malmoe en la inauguración del estadio Friends Arena de Solna-, el cuarto de su cuenta particular, cuando el partido se encontraba ya agonizante en el alargue del segundo tiempo. Cacumen  inconmensurable la de Zlatan cuyo ego, más propio de pilotos de fórmula 1 que de futbolistas, no debe cegarnos a la hora de valorar las múltiples aptitudes del, probablemente, virtuoso más grande de todos los que se reparten a lo largo y ancho del planeta fútbol. Si queda alguien que no haya visto aún el gol que lo vea. No es necesario que sea aficionado al fútbol, basta con que lo sea al arte. Estamos ante la obra maestra, una más, de un creador de sueños.
         Pero vayamos al grano. El año pasado hablaba de cinco grandes favoritos para el título final o, más exactamente, tres grandes favoritos y dos no tan grandes. Ninguno de los cinco, y mira que era una apuesta poco arriesgada, alzó la orejona el mes de mayo en el Allianz Arena. El Chelsea de Román Abramovich se llevó el gato al agua e hizo a las casas de apuestas más ricas de lo que ya deben serlo. Es verdad que los tres equipos que dimos como grandes favoritos llegaron hasta el penúltimo acto de la competición pero hubo mucha gente, con toda la razón del mundo, que me dijo que semejante profecía tenía poco de compleja y muy poco de meritoria.  La valía de aquello que se predice no está en acertar de refilón, está en acertar de lleno.
         A fuerza de resultar algo pesado, o poco creativo, no me queda más remedio que repetir vaticinio y volver a colocar a la cabeza de entre los grandes candidatos al título a los tres mismos equipos del año pasado: Bayern de Munich. Real Madrid y F.C. Barcelona. Eso sí, con dos matices que intentaré desarrollar más adelante. Primero, la condición de favorito de los dos equipos españoles es, para mí, inferior a la de la temporada precedente; segundo, sus opciones de victoria-las de los tres- van a depender  de la capacidad que tengan, de aquí a que el campeonato se active de verdad, de solucionar sus propias imperfecciones.  El año anterior situé en un segundo escalón como candidatos al título a los dos equipos de Manchester. El City a estas alturas, más fuera que dentro de octavos, tiene ya poco que decir y, sólo ese peso histórico al que ya hice mención en el curso pasado, me haría darle alguna opción de éxito a los de Old Trafford.

domingo, 21 de octubre de 2012

EL BILLETE MÁGICO


         En poco menos de siete días, lo que nos costaría llegar de un viernes a un martes, se han celebrado dos nuevas jornadas pertenecientes a la fase de clasificación para el mundial 2014 que se disputará en Brasil. Mientras la anfitriona se distrae a lo largo y ancho del planeta buscando rivales con los que foguear a sus nuevos- y no tan nuevos- talentos, el resto de países del orbe futbolístico se somete a una lucha encarnizada a la búsqueda del gran objetivo que espera en el horizonte, el billete mágico que sirva para viajar rumbo a tierras canarinhas dentro de dos veranos. El fútbol, casi con total seguridad el más universal de todos los deportes inventados, lleva hasta el más recóndito lugar de la tierra la búsqueda del santo grial que supone la participación en una fase final de un mundial. Una competencia feroz e implacable que lo mismo visita grandes territorios como el más inhóspito de ellos. Desde Rusia hasta Mauritania, desde Canadá hasta Bután, desde Japón hasta la Isla Montserrat. Todos, excepto el anfitrión, deberán buscar una plaza entre los elegidos durante dos largos años de dura competencia.
         Decíamos que se han disputado dos nuevas jornadas en ese corto periodo de tiempo. De la primera, la celebrada en viernes, poco que señalar. O, para ser sinceros, poco que señalar si nos ceñimos exclusivamente a condicionantes deportivos, es decir  pocas sorpresas o resultados inesperados. El hecho más destacado en lo que hace referencia a esa jornada tiene que ver con la condición de espectáculo que tiene el mundo del fútbol. Si decimos que alguno de los encuentros disputados a lo largo y ancho de la superficie mundial no fueron televisados en directo para sus propios ciudadanos por ningún canal nacional puede que nos resulte extraño creerlo;  podríamos entenderlo, ya que son muchos los países en liza y muchas las circunstancias, digamos televisivas, de cada uno de ellos; pero si decimos que fue en España donde los enfervorecidos aficionados de su tan amada roja no pudieron seguir las evoluciones de su equipo nacional nadie podría darle crédito. Así fue, el partido celebrado en Minsk el viernes 12 de octubre, Día de la Hispanidad para más escarnio, entre Bielorrusia y España no fue televisado por ninguno de los múltiples canales que asolan a lo largo y ancho la parrilla catódica nacional. Para hacerse una idea de lo insólito del acontecimiento diremos que hacía más de 29 años que semejante tropelía no sobrevolaba el territorio de la piel de toro. Fue en un Malta-España perteneciente a la fase de clasificación de la Euro-84 a celebrar en Francia y celebrado en la capital La Valeta. Pero no hay que rasgarse las vestiduras. Sí señores, hay vida más allá del fútbol. Noventa minutos dan también, aunque algunos no se molesten en experimentarlo, para hacer otras muchas cosas, verbigracia ver una buena película o iniciar o rematar las páginas de ese libro que tenemos abierto en la mesilla desde hace ya…días.

martes, 11 de septiembre de 2012

EL PREMIO QUE NUNCA TUVE


          Apagados los ecos de la Eurocopa y con el run run incesante del balón de oro se ha subido el telón a una nueva temporada en el planeta fútbol. La selección española es, por hechos contrastados, la mayor potencia en cuanto a la práctica del balompié se refiere; lo del balón de oro parece que no está tan claro, ¿o quizá sí? Que a día de hoy Leo Messi es el mejor jugador del mundo es algo que no merece discusión, lo afirma un servidor pero lo piensan, con seguridad, el ingente número de aficionados que a lo largo y ancho del mundo se reparten- incluidos, por cierto, aunque no lo hagan en público, los del Real Madrid-.  Si atendemos a condicionantes de meritocracia puede que en este año que ya se encamina hacía el otoño sea de justicia dárselo, por fin, a un futbolista integrante de la selección española. El peso de una gran competición a nivel de selecciones es manifiesto en esta contienda- cabe recordar que en el 2010, cuando España ganó el mundial, flanquearon a Leo en el podio Iniesta y Xavi-. En esta ocasión, me inclino, como casi todo el gentío, por Andrés Iniesta o Iker Casillas; es esta condición, y sólo esta, la que puede arrebatar al de Rosario su cuarto balón de oro. El asunto Cristiano es algo tan diáfano para el común de simpatizantes a este deporte como opaco para quienes se empeñan en ocultar la realidad. Flaco favor le hacen quienes le hacen creer al crack de Madeira que en un combate cuerpo a cuerpo tiene algo que hacer contra el del Barcelona. Que una persona viva auto engañada se puede llegar a entender, pero que además le engañen quienes le rodean dándole falsas esperanzas eso es algo que puede provocarle problemas de intrincada reparación.
         En fin, dejemos a un lado el debate del siglo, que se resolverá como siempre al agonizar el año, y demos un pequeño repaso a la puesta de largo de las grandes ligas Europeas. Empezaremos por la liga española, la que dicen es la mejor liga del mundo. Poco nuevo bajo el sol de la piel de toro. Barcelona y Real Madrid amos y señores de una competición que distribuye sin justicia unos derechos televisivos cuya cuantía es tan grande como extenso el abismo que separa a estos dos clubes con el resto de integrantes de la liga. Hasta dónde habrá llegado el control televisivo que desde España, hoy por hoy, sólo es posible ver los partidos de los dos monstruos en directo si previamente se ha pasado por caja. En lo deportivo poco movimiento en los despachos de ambos equipos. La llegada de Luka Modric al club blanco, que siendo como es un excelente jugador, está por ver si mejora las prestaciones del principal jugador al que viene a sustituir, el alemán Ozil. Todavía había quien decía que venía para cubrir la posición de Khedira -se equivocaron de alemán-. En los culés Alba por Abidal, el ex valencianista mejor atacante, el galo mejor defensa pero, ¿qué necesitaban más los azulgranas? Ha llegado también un buen refuerzo para el medio campo, el camerunés Song, relevo de garantías para un sobre explotado Sergio Busquets. Un año más el Barcelona no ha reforzado su centro de la defensa y esto, tarde o temprano, le va a terminar pasando factura -no hay más que ver la primera media hora de la vuelta de la supercopa en el Bernabéu-. En cualquier caso, para la competición doméstica ya se sabe que tienen argumentos más que de sobra para avasallar sin discusión el campeonato. Sólo en una competición como la champions se puede medir el verdadero nivel de estas dos escuadras. A los blancos les ha tocado un duro grupo para desayunar pero, si encuentra su tono físico a tiempo y Cristiano está afortunado, se les espera en la segunda fase con los mejores.

jueves, 5 de julio de 2012

UNA HAZAÑA PRODIGIOSA

          Analizar los acontecimientos embriagados por la euforia más inmediata nos hace correr el riesgo de subjetivar el escrutinio y, lo que es peor, errar en el resultado final de la cuestión. No son pocos los que después de la consecución del anhelado triplete por parte de la selección Española de fútbol, el no hay dos sin tres, se han apresurado a coronar a esta generación de futbolistas como la mejor selección de la historia y, aunque desde luego los logros la avalan, ya sea en forma de preseas o de exhibiciones balompédicas, sería conveniente dejar pasar el tiempo- ese que al final todo lo sabe- para afirmar con tanta rotundidad semejante juicio. Aquel, como es mí caso, que no tuvo la suerte, aunque si lo hubiera hecho ya sería muy mayor y esto no es ninguna suerte -si hay algo que indefectiblemente aumenta nuestra angustia vital y nos pone más cerca del abismo es el paso del tiempo-, que no tuvo la suerte decía de presenciar el fútbol celestial que, según las crónicas de la época, practicaron en los años 50 los magiares magníficos o entre los años 58 y 70 el Brasil de Pele o en los primeros setenta la Alemania de Beckenbauer o a lo largo de toda esta década la naranja mecánica del flaco Cruyff , cometerá pecado de soberbia si asegura con rotundidad que ésta- la española de ahora- y no otra es la mejor escuadra desde que los ingleses inventaron este gran deporte.
         De lo que nadie debe dudar es que estamos ante la mejor generación de futbolistas que el fútbol español dio en su historia y que salvo milagro de dimensiones incalculables volverá a dar. Hacer coincidir en un mismo plantel a gente como Casillas, Sergio Ramos, Puyol, los dos Xab/vis, Cesc, Iniesta, Silva, Torres o el guaje Villa, entre otros, sólo se puede explicar desde algo parecido a la fe.  Si algo le faltaba a esta selección era la evidencia palpable de que tiene todos los registros de  un equipo campeón. Como ese que dice que no es necesario jugar bien para ganar los partidos; que el contrario te tiene tanto respeto-incluso miedo- que es capaz de cambiar de arriba-abajo su forma de jugar cuando te tiene enfrente; como ese que dice que los equipos grandes dan su mejor nivel en los momentos grandes. Y que momento mas grande que la propia final donde el once de Del Bosque dio una auténtica exhibición de fútbol en todas sus líneas dejando reducido al que hasta entonces había sido el mejor equipo del torneo a un mero espectador más con butaca de preferencia.  Todos son muy buenos y todos se entienden como si de una orquesta sinfónica se tratará. Todos son muy jóvenes y muy humildes y, si nadie lo remedia en los próximos años, está selección puede llegar como dice el bueno de Buzz Lightyear ¡Hasta el infinito…Y más allá!
         Además de esta ratificación de superioridad que la selección española ha vuelto a dejar sobre el tapete verde de Polonia y Ucrania, la Eurocopa de 2012 nos ha dejado alguna que otra circunstancia digna de mencionar. Ha dejado alguna que otra decepción:

miércoles, 6 de junio de 2012

LA MANO DEL MUERTO

        En agosto de 1876 el gran Wild Bill Hickok se encontraba tranquilamente en un local de Deadwood (Dakota del Sur) jugando una mano de póker cuando, de repente, se le acercó por detrás un individuo y le descerrajó un tiro en la nuca con un revolver del calibre 50. El salvaje Bill cayó al suelo sin soltar las cartas que tenía en la mano. Era una doble pareja de ases y ochos. Desde entonces a esa mano se la llama la mano del muerto. Estamos en la antesala de la Eurocopa de fútbol y, como no podía ser menos, las apuestas se propagan a velocidad de vértigo. Dicen algunos gurús de este mundo que sólo existen dos tipos de apostadores: el que lo hace basándose en corazonadas y el que lo hace tras un concienzudo análisis. Como mi precaria economía me impide dilapidar mis cuartos en base a un pálpito prefiero seguir el método analítico, hasta donde mis conocimientos me permitan llegar.
         En el grupo primero aparecen encuadradas las selecciones de Grecia, Rusia, República  Checa y una de las dos anfitrionas del torneo, Polonia. Los checos llegan a esta Eurocopa muy lejos de sus mejores días de gloria. Olvidada queda aquella  memorable Eurocopa de Inglaterra en la que se quedaron a sólo un paso de la gloria después de ser derrotados en la final por Alemania. Cuenta todavía la selección checa con hombres importantes como el portero Cech, reciente campeón de Europa con el Chelsea, o el mediocampista del Arsenal Tomas Rosicky. Es cierto que ambos han completado una buena temporada con sus clubes pero su presencia junto con la de otros veteranos ilustres como Plasil o Baros parecen argumento insuficiente para que la vida de su selección vaya más allá de la primera fase. Parecida explicación puede aplicarse para otra de las selecciones de este grupo, Grecia. Aunque llega a esta cita tras quedar primera e invicta en su grupo de la fase de clasificación, el poco nivel del mismo, donde sus rivales de más nombre eran Croacia o Israel, otorga dudoso valor a esta gesta. Un mediocampo en el que sobreviven todavía Katsouranis y Karagounis es lo más destacado de un combinado heleno cuyas posibilidades de repetir la hazaña lograda hace ocho años en Portugal son mínimas. Sólo la explosión inesperada de algún joven valor, caso del griego Ninis, podría dar a estas dos selecciones un resultado sorpresa. La tercera selección de este grupo es la Rusia entrenada por el técnico holandés Dick Advocaat. Una más que aceptable fase de clasificación le dio el primer puesto de su grupo y el pasaporte para disputar la fase final. Es una selección que se nutre básicamente de dos clubes de la liga Rusa. El CSKA de Moscú y el Zenit, último campeón. La defensa, una línea muy notable que sólo encajó 4 goles en toda la fase de clasificación, esta compuesta en su mayoría por jugadores del club capitalino. El mediocampo y la zona atacante lo completan hombres del Zenit. Dos son los nombres propios de esta selección: una estrella venida a menos, el ex del Arsenal Andrei Arshavin y, una estrella cada vez venida a más, el mediapunta del CSKA Dzagoev. En las botas de ambos y en la ya citada firmeza defensiva están puestas buena parte de las ilusiones del país más extenso del mundo. Cierra el grupo Polonia. Además del valor inestimable que le confiere jugar en casa la selección polaca ha reunido en los últimos años un buen elenco de jugadores que puede dar a sus compatriotas más de una alegría. Una selección con una columna vertebral muy bien definida: Szczesny, el meta del Arsenal, cada vez más convincente en sus actuaciones; el defensa Piszczek, jugador tácticamente completo y con buen manejo de balón; el mediocampista Blaszczykowski, Kuba para los amigos y, la estrella de este combinado, el joven punta Robert Lewandowski de 21 años, que lleva camino de convertirse en uno de los mejores delanteros del próximo lustro en el viejo continente. Los tres han tenido un papel capital en el doblete de su club, el Borussia de Dortmund, esta temporada. El delantero ha hecho nada menos que 30 goles. Esta es pues para mí la favorita del grupo.



         El grupo B, el de la muerte-en todas estas competiciones gusta de buscarlo en cuanto se produce el sorteo-, lo integran Holanda, Dinamarca, Alemania y Portugal. Para analizar a Holanda y Portugal voy a utilizar idéntica línea argumental. Estamos ante dos grandes selecciones con unos jugadores ofensivos de un nivel, como diría Mou, Top. Hablamos de hombres como Robben, Van Persie, Van der Vaart, Kuyt, Sneijder, Nani, Meireles, Veloso o el gran Cristiano-es cierto más nivel orange,  pero el factor Cristiano es capaz de equilibrar esto y mucho más-. Creo que el problema de las dos selecciones, y por donde estoy convencido que se les puede ir el torneo, está en su sistema defensivo. Una concepción del fútbol defensivo poco transparente por parte de los lusos protagonizada por una defensa que deja dudas- en la fase de clasificación encajaron en casa cuatro goles contra Chipre y tres contra Islandia-; una defensa muy veterana, en el caso de los orange,  nombres como los de Mathijsen, Heitinga, Bouma…, a la que le va a costar mucho solucionar con eficacia el juego de ataque rival. Alemania es la gran favorita de este grupo y, junto con España, del campeonato. Plagada de jugadores del Bayern en la convocatoria y, casi con toda seguridad, con mas de un 70% de ellos en el once titular. Si tenemos en cuenta que el 30% restante serán hombres como Ozil, Khedira o el mejor central de la bundesliga de esta temporada, el defensa del Dortmund Hummels, estamos ante un equipo de un potencial sin límites. Más maduro que en el pasado mundial de Sudáfrica y con un ADN competitivo para las grandes citas que sólo es comparable al de  la selección Italiana. Empieza la Euro a lo grande, con el mejor partido de la primera jornada, ante Portugal. Finalmente, la considerada por todos cenicienta del grupo, Dinamarca. Me gustaría destacar dos apuntes sobre el campeón de hace 20 años, cuando llegó al torneo directamente de la playa: primero, es una selección con muchas menos estrellas que sus vecinos de grupo,  Agger o Bendtner son sus principales referentes, pero no hay que olvidar que quedó por delante de Portugal en la fase de clasificación; segundo apunte, su último partido es contra Alemania, que para entonces puede que ya no se juegue nada por lo que sus posibilidades de clasificarse, si Holanda y Portugal no hacen sus deberes, podrían aumentar exponencialmente.
         El grupo tercero, junto con la vigente campeona, lo conforman Italia, Irlanda y Croacia. Del equipo balcánico ya hemos dado un breve apunte al hablar de Grecia. Fue segunda, tras los helenos, en la fase de clasificación y al igual que pasa con Chequia dista mucho de aquella que deslumbró en Francia 98 con los Suker, Boban o Prosinecki a la cabeza. En el talento enorme de Luka Modric, la magia de Nico Kranjcar o  los goles de Da Silva y Jelavic descansan sus opciones de avanzar rondas. Irlanda, a la que finalmente nadie ha podido impedir su reaparición en una fase final de una gran competición -Titi Henry ya no estaba por allí- es la selección de los veteranos. En el banquillo el incombustible Giovanni Trapattoni y en el campo el guardameta Given, el defensa Richard Dunn o su, todavía, gran estrella Robbie Keane. El delantero del Wolwes Kevin Doyle y el centrocampista del Spartak de Moscú, el jugador de más talento de todo el combinado, McGeady completan los nombres más relevantes de una selección cuyo objetivo principal ya se ha cumplido y que acude a esta cita sin nada que perder. Italia es a día de hoy la gran incógnita. Si acudimos única y exclusivamente a condicionantes deportivos estamos ante una selección con un muy buen técnico, el ex de la Fiorentina, Cesare Prandelli y con una escuadra en construcción. Mezcla de jóvenes talentos como Marchisio, Abate, Giovinco o Balotelli y veteranos ilustres como Cassano, De Rossi o los insustituibles a día de hoy, por más que sigan cumpliendo años, Gigi Buffon y el mejor metro patrón de los últimos diez años en el calcio Andrea Pirlo. Todos estos argumentos deportivos, teniendo en cuenta el grupo en el que se encuentra serían suficientes para, cuando menos, acercarla a los cuartos. Si ahora contextualizamos el momento y  añadimos la situación extradeportiva que están viviendo los azurri, con un nuevo escándalo relacionado con las apuestas deportivas que ha salpicado incluso a algún jugador en la concentración, las dudas sobre  su papel en esta Eurocopa se multiplican. El primer duelo del campeonato con España puede marcar decisivamente el devenir de los transalpinos. Finalmente España, la gran favorita. Llega con dos bajas de gran calado, el defensa Puyol y el delantero Villa. Las dos, desde mi punto de vista, insustituibles. La del defensa la cubrirá Sergio Ramos, ya he hablado en este foro de lo que me parece el madridista ocupando plaza de central - lo de la manta corta-. El de Camas me parece un futbolista más completo que Puyol pero lo que aporta el del Barcelona a la roja desde esa posición de central, a día de hoy, no lo aporta ni de lejos el madridista. Y si encima se le saca del lateral…Con el delantero la cosa es diferente, en lo individual no hay ningún jugador en la convocatoria que pueda dar lo que da el guaje pero, por fortuna, Del Bosque cuenta con algunos de los mejores jugadores de segunda línea del mundo como Silva, Cesc, Pedro, Mata, Iniesta o Xavi que junto con la aportación de uno de los dos Fernandos en ataque pueden hacernos recordar sólo lo justo al asturiano. En la medida en que resuelva positivamente estas circunstancias España se acercará a la final. Todo lo que no sea llegar a ella, teniendo en cuenta su superioridad y que está en el lado bueno del cuadro –además de contar con un tal Andrés Iniesta en sus filas-, sería una sorpresa.
         Para terminar el grupo cuarto, donde aparece la otra anfitriona Ucrania, Suecia, Inglaterra y Francia. De los ingleses varios apuntes casi telegráficos: primero, cuenta con la selección más floja de los últimos años; segundo, Rooney,  el mejor jugador del equipo, no podrá participar en los dos primeros partidos-el primero es contra Francia- y hombres clave como Barry, Lampard o Cahill han vuelto a casa por lesión antes de empezar siquiera el campeonato; tercero, el factor suerte que representaba Capello ya no existe. Suecia, segunda en su grupo de clasificación tras Holanda, es una selección de un nivel discreto con el habitual Kallstrom dirigiendo la orquesta en el medio centro y abandonada a la magia que su estrella absoluta el inimitable Zlatan Ibrahimovic pueda sacar de su chistera. En él está la salvación. Ucrania cuenta con el factor de jugar como local pero, a diferencia de Polonia, el nivel deportivo de los ucranianos es mucho más bajo. Es cierto que cuenta con la experiencia de hombres como Tymoschuk, Rotan, Gusev o, aunque sea testimonial, la de Shevchenko y con figuras emergentes como Konoplyanka o Yarmolenko. Sus opciones son muy pocas aunque puede ser la gran beneficiada del rendimiento irregular de Inglaterra o Suecia. Porque la gran favorita del grupo es la Francia de Laurent Blanc, Le Président. Después de un inicio en la fase de clasificación terrible enderezó el rumbo y desde entonces se ha mostrado altamente convincente. Cuenta con un portero de garantías, uno de los mejores del planeta hoy por hoy, el meta del Lyon Hugo Lloris; una zaga muy solvente que defiende con firmeza y que se suma al ataque con facilidad tanto por los laterales con Evra, Clichy o Debuchy como por el centro con el valencianista Rami, Mexes o el gunner Koscielny; un mediocampo que conjuga contención y rescate con creatividad y solvencia ante el gol con hombres como Nasri, Ribery o el jugador del Newcastle Cabaye y, finalmente, una delantera en la que su mejor estampa, casi nada, es el madridista Karim Benzema. Creo que el equipo francés es el gran aspirante al título sin tener en cuenta a los dos grandes favoritos España y Alemania. Éstos últimos serán el rival de los galos, si todo va como se espera, en semifinales.
          Wild Bill aquella trágica noche cometió un error. Hizo algo que nunca hacía. Se sentó de espaldas a la puerta. Él siempre se sentaba en un rincón del local y de frente a la puerta. Uno no cree en supercherías ni nada por el estilo pero cuando se trata de apostar, quién es el valiente que se arriesga a cambiar sus hábitos.

jueves, 24 de mayo de 2012

UNA TEMPORADA EN EL PARAÍSO


          Con un mes de adelanto sobre la fecha habitual, la Eurocopa manda, ha caído el telón en la inmensa mayoría de las grandes ligas del viejo continente. Sólo alguna final de copa languidece a la espera de que sus contendientes busquen en ella el epílogo adecuado a una temporada, en lo que a títulos se refiere, más huérfana de lo que hace unos meses parecía presagiar para ambos. Protagonistas previstos a comienzos del verano pasado que han confirmado, una vez más, lo poderoso caballero que es don dinero y que han dejado muy poco lugar para el romanticismo y la sorpresa. Real Madrid, Juventus, Ajax, Oporto o Manchester City, entre otros, han demostrado que cuanto más repleto esté el cofre de las monedas más fácil será adornar la sala de trofeos con un nuevo botín. Medir el mérito de algunos éxitos por parte de según que clubes sería tan cruel para sus seguidores como sincero desde un punto de vista ecuánime. Parafraseando a Maquiavelo la gloria justifica los medios.

         Más allá de condicionantes crematísticos abracemos el deporte más lindo del mundo, otra vez El Diego, desde el prisma de alguien que un día lo adoró en el campo y ahora lo disfruta en la grada. Afectado por el vicio colectivo de buscar protagonistas al final de cada temporada destacaría tres nombres propios que merecen estar por encima de cualquier otro. Aunque para ser fiel a la semántica debería decir dos nombres propios y un adjetivo.

         El primero de los nombres propios sería el del Costamarfileño Didier Drogba. Por desgracia, mi erudición limitada me impide dedicar, al más puro estilo Vázquez Montalbán, un elogio desmesurado al, ya lo apunte en este mismo escenario a finales de febrero, delantero más completo del fútbol europeo de los últimos 10 años. Su final de temporada no ha hecho sino confirmar dos cosas: la primera, que es un jugador todavía más grande de lo que el mejor de sus hagiógrafos hubiera predicado; la segunda, perdón de nuevo por mi Torrismo, que arrebatarle la titularidad para cualquiera que lo intentará era algo más propio de literatura fantástica que de realidad balompédica. Su ascendente dentro y fuera del campo ha sido el principal argumento para que el Chelsea más gris de las últimas 6 ó 7 temporadas haya conquistado el santo grial perseguido por su dueño, el ruso Román Abramóvich, desde el día en que éste aterrizó en Stamford Bridge y después de haber invertido desde entonces casi mil, sí mil, millones de euros en fichajes. Drogba es junto con Terry y Lampard, con todo mi respeto hacia Di Matteo, quien manda en este club. Valga como ejemplo que las ruedas de prensa en la que cualquiera de ellos aparece ante los medios junto con su técnico la mayoría de las preguntas van dirigidas a ellos. Hace no mucho  tiempo, a propósito de la destitución de Villas-Boas, se difundió una anécdota acontecida en el pasado en la que al preguntarle a John Terry por el trabajo de los entrenadores en el club, el capitán respondió, ignoro si en broma o en serio, que aquí quien manda desde hace años somos Frank, Yo y Didier. Entendieron que la liga era un trabajo perdido, el Chelsea ha acabado sexto a 25 puntos del City -sirva como ejemplo que ha ganado menos partidos que empatado o perdido, 18 frente a 20- y se centraron en la Champions como principal objetivo. No digo único porque los blues han conquistado también esta temporada la FA Cup. Pero de todos, quien más claro tenía que su equipo debía mirar hacia Múnich era el delantero africano. En un año en el que perdió la final con su país de la Copa de África, en la que por cierto falló un penalti decisivo, Didier Drogba, al que la prestigiosa revista Time colocó entre una de las cien personas más influyentes del mundo en 2010, que consiguió un alto el fuego en la guerra civil que había en su país desde hacía cinco años cuando su selección se clasificó para la fase final del mundial de Alemania 2006, regresó a las islas con la idea de que estaba ante, probablemente, la última oportunidad de conquistar la orejona con el club de su vida. La exhibición física llevada a cabo en la semifinal ante el Barcelona y, sobre todo, el misil que desde su cabeza dirigió a la red de Neuer cuando la cerveza inundaba ya las calles de Múnich serán, para siempre, la huella más ilustre de esta edición de la Champions. El Chelsea con los medios que tenía, tan lícitos como los de cualquier otro, derribó a sus oponentes cuando todos lo daban en la lona y llevó rumbo a Londres la primera Copa de Europa de su historia.

miércoles, 2 de mayo de 2012

HUMILITAS


          Real Madrid y Barcelona, los dos emperadores del fútbol mundial, fuera. Bayern de Múnich y Chelsea, los dos aspirantes sin otra posibilidad que la de acudir a la heroica, dentro. Siete son los pecados capitales que reconoce el cristianismo católico, el más importante, y según algunos del que emanan todos los demás, es la soberbia. La sobrevaloración del yo frente a los otros, la creencia ciega de que todo lo que hace uno es mejor a lo que hacen, o harán, los demás, la exaltación de lo propio frente al desprecio por lo ajeno, en definitiva la ausencia de humildad. En los partidos de ida ambos equipos españoles habían perdido por la mínima, tenían que remontar un resultado adverso, de hecho de los tres posibles resultados que se pueden dar en un encuentro de fútbol con dos de ellos Bayern y Chelsea estaban en la final. Daba igual, muy pocos, por no decir nadie, daban un céntimo por la posible presencia en la final de un equipo que no portase la bandera española. Todos estábamos convencidos, sí yo el primero, que Barcelona y Real Madrid se jugarían a final de mes el título más importante a nivel de clubes del fútbol europeo en el Allianz Arena de Múnich. El Barcelona, a poco que le acompañara la suerte, con un victoria sin demasiados problemas; el Madrid con algo más de suspense pero con la certeza de la consecución de su pasaporte al final de los noventa minutos. Apelar a un exceso de soberbia como primer motor de la eliminación de ambos clubes es acertado, sin duda, pero utilizarlo como único argumento sería tan banal como culpar de las vacaciones anticipadas de ambos clubes esta temporada al cansancio de sus jugadores-Mourinho dixit- o a la falta de suerte-ahora Guardiola dixit-.
         Primero el que cayó segundo, segundo el que cayó primero. Si a los aficionados, directivos, miembros del cuerpo técnico y, por descontado, a los jugadores del Real Madrid les hubieran dicho que a los 14 minutos de partido iban a tener la eliminatoria volcada a su favor no se lo hubiesen creído. Estaban frente al mejor de los escenarios posibles, la décima cada vez más cerca. El Bayern tenía que ir a buscar un gol que, por lo menos, equilibrara la semifinal y eso significaba un Madrid replegado atrás y preparado para poner en marcha su arma más letal, el contragolpe. Esta es la seña de identidad más reconocible en el estilo de juego de los blancos desde la llegada a Chamartín de Mourinho, la que le ha dado los éxitos obtenidos (una copa y una más que probable liga) y de la que no se puede renegar cuando vienen mal dadas. El problema es que enfrente tenía un equipazo que no le iba a poner las cosas tan sencillas. El juego ofensivo de los alemanes se desplegó por todos los flancos, Robben, Ribéry, Schweinsteiger o Kroos se multiplicaron y tomaron el control del partido y para cuando el Madrid tenía una mínima oportunidad de atacar, por allí aparecía Luiz Gustavo para frenar, por lo civil o lo criminal, cualquier intento de avance enemigo. En estas estaban cuando una más de las avanzadillas alemanas llevó la pelota hasta el lado derecho del ataque teutón, el izquierdo del Madrid, el de Marcelo, no confundir con Coentrao, desde donde Tony Kroos filtró un preciso centro con rosca en busca de Mario Gómez y al que Pepe respondió, algo insustancialmente, con un claro agarrón. Penalty a favor y eliminatoria empatada. Para entonces el Madrid empezó a pensar y a calcular más que a jugar, entendió que encajar otro gol sería su sentencia de muerte y determinó como misión principal defender el resultado a la espera de un milagro cristiano en forma de gol. El Bayern, que al igual que el Real Madrid, que a nadie se le olvide, es un equipo grande-cuatro veces campeón de Europa y 4 finales más disputadas (ahora 5)- miró el partido de frente y viendo a su contrincante contra las cuerdas se fue a por todas. Siguió explotando sus virtudes e intentando aplacar a la vez cualquier intento de avance blanco con una presión muy bien coordinada que tenía su principal baluarte en el mejor jugador del partido Tony Kroos. Gozaron los alemanes de más de una llegada peligrosa y de una clara ocasión en las botas de Gómez que tras recibir un servicio de Robben, una de las pocas veces que el holandés fue generoso, se entretuvo en exceso y no pudo definir con claridad. Luego llegó la prorroga y la inanición general, el miedo a cometer cualquier error que te pusiera de patitas en la calle y la esperanza de la lotería desde los once metros. Riesgo de superior calado cuando se tiene enfrente a un rival alemán. Ya sabemos el desenlace, el Bayern clasificado para disputar la final en su propio estadio. La primera vez desde que se juega en formato champions. El Real Madrid lo tuvo en sus manos pero debido al cansancio no pudo ganar. ¿No pudo o no supo?

viernes, 13 de abril de 2012

LAS CARTAS DE LA BARAJA

         El estadio Vélodrome de Marsella fue el escenario elegido por la FIFA para la disputa de una de las dos semifinales de la tercera edición de la Copa Mundial de fútbol celebrada en Francia en 1938. La otra se jugaba el mismo día a la misma hora -16 de junio a las 6 de la tarde- en el Parque de los Príncipes de París. Los protagonistas de la primera, Italia, vigente campeona, y Brasil; los de la segunda Hungría y Suecia. Para entonces, la selección brasileña había disputado en tan sólo dos días dos competidísimos partidos de cuartos ante la potente Checoslovaquia. En el primero de ellos, conocido como la batalla de Burdeos, hubo tres expulsados y una larga lista de lesionados, terminó con empate a uno y obligó a la repetición del mismo dos días más tarde.  En este segundo enfrentamiento se adelantaron los checos pero los cariocas, con dos goles en la segunda parte, le dieron la vuelta al marcador y consiguieron el pasaporte para las semifinales.  Uno de los autores de esos dos goles, y del que Brasil consiguió en el primero de los enfrentamientos con los checos, fue Leónidas, el diamante negro.  Éste ya había anotado otros tres en el partido de la fase previa que su equipo ganó a Polonia por 6 a 4.  Era, sin duda, el jugador franquicia de aquel equipo pero ese 16 de junio a las 6 de la tarde, cuando las selecciones de Italia y Brasil hicieron su aparición en el campo, Leónidas no estaba entre los elegidos para disputar el encuentro. El entrenador brasileño, Ademar Pimenta, decidió, según sus propias palabras, reservarlo para la final. Italia, con Pozzo al mando desde el banquillo y Guiseppe Meazza desde el campo, doblegó a los sudamericanos por dos a uno. Tres días más tarde los azzurri saldrían campeones en el estadio de Colombes. En el momento oportuno Pimenta, y lo digo con la total objetividad que me dan los más de tres cuartos de siglo que han pasado desde entonces, eligió mal.
         Días más tarde, cuando los brasileños regresaron a su país tuvieron un recibimiento poco amistoso. Sí, su selección acabó aquel mundial en tercer lugar pero, a fin de cuentas,  cuantos de nosotros nos acordamos de quien fue el tercero, e incluso el segundo, de una competición deportiva días, meses o años después. Hagan memoria.

martes, 20 de marzo de 2012

LA CANCIÓN DEL VERANO

 

        Si por algo se reconoce un verano, además de por el placer de haber dejado aparcado, aunque sólo sea por unos días, el trabajo obligado, es por la búsqueda incesante desde todas las emisoras de música de la canción del verano y por el baile de nombres que la ingente cantidad de prensa deportiva baraja, un día sí y otro también, como posible cambio de cromos entre los diferentes clubes del planeta fútbol. Es cierto que este verano, que ya se nos avecina sin prisa pero sin pausa, deberá compartir semejante movimiento humano con la celebración en Polonia y Ucrania de la Eurocopa de fútbol pero a buen seguro que, lejos de convertirse este acontecimiento en una traba para el correcto desarrollo de la compra venta de futbolistas, servirá sin duda para cebar en buena medida aquello que, finalizada la temporada, vendrá ya de sobra bien nutrido. El escaparate que supone un evento de estas características para cualquier futbolista alcanza una magnitud difícilmente de cuantificar desde el punto de vista publicitario y esto a ninguno de ellos se le escapa. No digamos nada a los propietarios de los clubes que, sin pagar arancel alguno, pueden hacer más de una transacción de las grandes.
         Más allá de mercaderías y trueques en el fútbol, que además de ser el mayor espectáculo del mundo, más que nos pese,  es un negocio, todo tiene un valor. Y como escribió un día el Premio Nobel español Jacinto Benavente todo lo que tiene un valor tiene un precio. En acertar con la ecuación correcta entre ambas variables, valor y precio, reside el éxito de un buen  presidente y por extensión de un equipo. Si, por el contrario, se yerra las consecuencias pueden ser fatales, ya no sólo en el plano deportivo, que también, sobre todo en el económico donde semejante desacierto puede, y ejemplos no nos faltan, conducir a un club a la más absoluta decadencia. En la temporada corriente dos han sido los clubes que más han invertido en fichajes y sólo el tiempo, implacable testigo de todo y de todos, demostrará si semejante dispendio ha resultado positivo. Estos dos clubes han sido el Manchester City y el Paris Saint-Germain, que protagonizó el fichaje más caro en la historia de la Ligue 1 al desembolsar 42 millones de euros por el argentino Javier Pastore el pasado verano. Fichaje que se comprende sólo desde la mentalidad de equipo grande, es decir, aquel que compra sin ninguna intención de beneficio económico y sí de beneficio deportivo. Por mucho que el rendimiento de Pastore mejore, es un excelente jugador de sólo 22 años y podría darse el caso, resulta complicado pensar que algún día algún club llegue a pagar por él una cifra superior a la abonada por los galos al Palermo, su anterior club, que lo reclutó de Huracán en 2009 por menos de 5 millones.

lunes, 27 de febrero de 2012

EL DESCARTE


            La actualidad manda, dicen los presentadores de informativos cuando, a instancia de su regidor, se ven obligados a interrumpir el guión previamente establecido para dejar paso a una noticia que se acaba de conocer. Un acontecimiento, más o menos esperado, al que deben prestarle una atención inmediata aquellos que se encargan cada día de ponernos a eso, al día, de lo que acontece por el mundo.
         Tenía ya preparada en la sala de máquinas una nueva entrada para este blog cuando, de repente, viendo precisamente uno de esos informativos, una noticia me hace frenar este ímpetu para dar paso, cual ávido plumilla, a la urgente actualidad. Me estoy refiriendo, como ya se habrá adivinado, a la ausencia en la lista de convocados de la selección española para el próximo partido frente a Venezuela del niño Fernando Torres. Es la primera vez que se queda fuera de una lista de la roja por motivos técnicos desde noviembre de 2006 cuando el entonces seleccionador Luis Aragonés lo dejó fuera de los convocados en un partido a disputar en Cádiz contra Rumania. En la rueda de prensa posterior al comunicado de la lista el actual seleccionador, Vicente Del Bosque, justificó dicha ausencia sobre dos pilares fundamentales. Por un lado, el bajo rendimiento que el ex atlético está teniendo en los últimos partidos frente al elevado nivel demostrado por los que se intuye son sus sustitutos, el valencianista Soldado o el sevillista Negredo; por otro lado, destacó, como un aviso a navegantes para todos aquellos que, formando como han formado parte del grupo de elegidos de la época gloriosa de la selección, no deben dormirse en los laureles –“aburguesarse” dijo el salmantino-, ya que el nivel del futbolista español actual es muy alto y cualquiera que de un paso atrás lo puede pagar caro. Un golpe de autoridad del que manda en Las Rozas y que demuestra con esta acción que no le temblará el pulso a la hora de confeccionar la lista definitiva que acudirá a la fase final de la Euro-2012.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL GRAN ENIGMA

          Ante el panorama inmediato de una misión imposible, aquellas palabras que con más reiteración se agolpan en el imaginario colectivo son optimismo, pesimismo y esperanza. La primera y la segunda, siendo antagónicas, dos lados de una misma moneda; la tercera vinculada de forma marital e inevitable con la primera. La esperanza se refugia bajo el manto abrigo del optimismo con el deseo, ilusorio la mayoría de las veces, de la consecución anhelada de un fin. En el recetario de frases de cualquier almanaque o agenda de oficina nos encontraremos con frecuencia, el día de San Francisco de Sales o el de San Cristóbal, con ese optimista que es un pesimista mal informado o con ese pesimista que es un optimista bien informado. Tanto monta monta tanto. Años de estudios diversos, elucubraciones varias y razonamientos múltiples en inacabadas noches en vela nos han descubierto pues que todo es cuestión de información. Siempre que se quiera, claro está. Ya saben a donde puede conducir a un hombre el exceso de sabiduría. Viájese al año 950 a.c. y pregúntese a Salomón, Rey de Israel.
           Asumido por lo tanto el hecho de que sólo a través de la información podremos manifestar un posible sentimiento optimista o pesimista, hagamos uso de ella para resolver, aquí y ahora, el enigma que más nos inquieta a todos los habitantes del planeta fútbol. ¿Está la liga sentenciada? Arquímedes dijo que con un punto de apoyo movería el mundo. Yo, pobre mortal que no me acerco ni infinitamente a la sabiduría del genio de Siracusa, voy a necesitar, cuando menos, cuatro puntos de apoyo.
         En primer lugar, los antecedentes nos revelan que sólo el Valencia en la temporada 2003-04 ha sido capaz de enjugar una cantidad de puntos de ventaja igual a la que ahora deben remontar los culés. Al final de aquella temporada el equipo che se alzó con el título de liga con siete puntos de ventaja sobre el Madrid de Queiroz, que acabo cuarto. Fue el año del famoso trébol que en menos dos meses los madridistas tiraron al fondo del río. El año de la dolorosa eliminación ante el Mónaco en Champions y del galacticazo del Zaragoza en la final de la Copa del Rey en Montjuic. Además, el propio Madrid, entrenado por Capello y encomendado al espíritu de la remontada, recuperó no siete pero sí seis puntos al Barcelona de Rijkaard para arrebatarle la liga 2006-07. Esta información, por tanto, nos dice que la liga no está sentenciada pero, no nos engañemos, Mourinho no es ni Rijkaard ni Queiroz.

miércoles, 18 de enero de 2012

CUESTIÓN DE LEALTAD

No hace muchos días vi una película en la que, más o menos, hacía la mitad de la misma uno de los personajes que deambulan por ella decía que un hombre podrá cambiar, varias veces incluso, a lo largo de su vida de ideología, religión, profesión y hasta de mujer pero que jamás cambiará de equipo de fútbol. De todas las locuciones que declaman los actores a lo largo y ancho de la cinta esta es, sin duda, la mejor reflexión que se hace y con la que estoy, por cierto, completamente de acuerdo.
         La fidelidad a unos colores en materia futbolística es algo que va más allá de lo humano y lo divino. Ser fiel o leal a algo o a alguien en el resto de aspectos de la vida para cualquier ser humano es, como dice un amigo, cuestión de oportunidades. Entre los aficionados al fútbol esto no sucede, por muy golosa que sea la tentación que a uno se le presente la pasión por los tuyos no se toca. Como reza el grito de guerra de un club vecino: pase lo que pase, fieles siempre sin reblar.
         Como ya he dicho en este foro en otras ocasiones tengo el convencimiento que el futbolista nace, no se hace.  Esta afirmación, presuntuosa por mi parte, se transforma en una nebulosa de dudas cuando trato de averiguar el enigma de si el tifosi, como dicen los italianos, nace o se hace. Lo único que un exhaustivo estudio empírico a lo largo de los años me permite afirmar es que, desde luego, la adhesión incondicional y de por vida hacia un club no tiene nada que ver con la genética. Cualquiera que se pare un instante a observar en su entorno social tardará muy poco en descubrir como dentro de una misma familia el revoltijo  de pasiones es, casi, tan variado como el de pares de orejas.  Esas proles en las que unos son del Madrid y otros del Barca; unos del Betis y otros del Sevilla; unos de River y otros de Boca; unos del Milan y otros del Inter… Eso sí, rivalidades que, por lo menos en la mayoría de los casos que conozco, se llevan con deportividad y sana competencia. Arrigo Sacchi dijo una vez que el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes. De las menos importantes.