Ante el panorama inmediato de una misión imposible, aquellas palabras que con más reiteración se agolpan en el imaginario colectivo son optimismo, pesimismo y esperanza. La primera y la segunda, siendo antagónicas, dos lados de una misma moneda; la tercera vinculada de forma marital e inevitable con la primera. La esperanza se refugia bajo el manto abrigo del optimismo con el deseo, ilusorio la mayoría de las veces, de la consecución anhelada de un fin. En el recetario de frases de cualquier almanaque o agenda de oficina nos encontraremos con frecuencia, el día de San Francisco de Sales o el de San Cristóbal, con ese optimista que es un pesimista mal informado o con ese pesimista que es un optimista bien informado. Tanto monta monta tanto. Años de estudios diversos, elucubraciones varias y razonamientos múltiples en inacabadas noches en vela nos han descubierto pues que todo es cuestión de información. Siempre que se quiera, claro está. Ya saben a donde puede conducir a un hombre el exceso de sabiduría. Viájese al año 950 a.c. y pregúntese a Salomón, Rey de Israel.
Asumido por lo tanto el hecho de que sólo a través de la información podremos manifestar un posible sentimiento optimista o pesimista, hagamos uso de ella para resolver, aquí y ahora, el enigma que más nos inquieta a todos los habitantes del planeta fútbol. ¿Está la liga sentenciada? Arquímedes dijo que con un punto de apoyo movería el mundo. Yo, pobre mortal que no me acerco ni infinitamente a la sabiduría del genio de Siracusa, voy a necesitar, cuando menos, cuatro puntos de apoyo.
En primer lugar, los antecedentes nos revelan que sólo el Valencia en la temporada 2003-04 ha sido capaz de enjugar una cantidad de puntos de ventaja igual a la que ahora deben remontar los culés. Al final de aquella temporada el equipo che se alzó con el título de liga con siete puntos de ventaja sobre el Madrid de Queiroz, que acabo cuarto. Fue el año del famoso trébol que en menos dos meses los madridistas tiraron al fondo del río. El año de la dolorosa eliminación ante el Mónaco en Champions y del galacticazo del Zaragoza en la final de la Copa del Rey en Montjuic. Además, el propio Madrid, entrenado por Capello y encomendado al espíritu de la remontada, recuperó no siete pero sí seis puntos al Barcelona de Rijkaard para arrebatarle la liga 2006-07. Esta información, por tanto, nos dice que la liga no está sentenciada pero, no nos engañemos, Mourinho no es ni Rijkaard ni Queiroz.
En segundo lugar, si somos capaces de interpretar el futuro puede que nos sea más sencillo discernir el presente. Con la ayuda del calendario que ambos equipos tienen por delante podremos hacerlo. Dando por hecho que ninguno de los dos va a dejar escapar puntos en su hogar (el que lo haga está sentenciado), la clave va a estar en las visitas que les restan. Los blancos tienen como salidas más complicadas el Calderón, el Sadar y San Mamés; los culés el Calderón, el Sadar y el Sánchez Pizjuán. Obstáculos en el camino casi idénticos pero con un matiz a tener en cuenta, la inmediatez. El Barcelona los vislumbra ya en su futuro, jornadas 23, 25 y 28, a disputar hasta mitad de marzo, mientras que el Madrid no se encontrará con estos rivales hasta principios de abril. A más eficacia azulgrana más presión para los madridistas. Esta información nos indica que en la medida en que los blancos sean capaces de resolver mejor esta circunstancia más cerca estarán del título.
En tercer lugar y en relación directa con el punto anterior, la manifiesta dificultad que las huestes de Guardiola están demostrando en sus desplazamientos fuera del Camp Nou. Han ganado cuatro partidos, menos de la mitad de los disputados, empatado cinco y perdido uno, con un cómputo total de 17 sobre 30. Es decir, se ha dejado ya trece puntos. En toda la temporada pasada se dejo once. Se ha resaltado en el párrafo anterior las tres visitas más complicadas que les quedan pero, vistos los antecedentes, no están seguros en ningún estadio. Sigue dominando los partidos pero le cuesta sentenciarlos, jugar en el alambre durante buena parte del encuentro le ha provocado más de un disgusto. El Getafe, el Español o el empate agónico en San Mamés son prueba evidente de ello. Al consabido fútbol control que práctica, y que ha enamorado al aficionado en los últimos años, le es indispensable para la recompensa de los puntos el gol y, cuando llega, llega en cuentagotas, sólo 16 en 10 partidos. El Madrid lleva casi el doble, 29. Tercer apunte informativo y ventaja blanca.
En cuarto lugar, la disputa de otras competiciones. En realidad, debería decir de otra competición. Es cierto que el Barcelona está, a día de hoy, inmerso en la Copa del Rey pero considero que la influencia que esta situación puede tener para los culés en el devenir de la liga es mínima. En una semana habrá disputado ya la semifinal completa frente al Valencia, con un partido en casa frente a la Real Sociedad de discreta complejidad de por medio, y por lo tanto, en lo que se refiere a competiciones nacionales, es poca la desventaja que tiene con el Madrid. El otro envite que a los dos les aguarda en los próximos días, y esperemos meses, sí que puede tener un efecto decisivo en la definición del campeonato doméstico. Como ya se ha dicho en este foro, si el Barcelona pone en liza a su equipo titular, no el que digamos nosotros, sino el que ha demostrado tener Guardiola, las posibilidades de derrota para ellos se minimizan. Habrá que ver hasta dónde está dispuesto el de Santpedor a sacrificar un título para intentar ganar otro. No me cabe ninguna duda que sus esfuerzos se van a redoblar en busca de la quinta copa de Europa, más aún cuando él mejor que nadie sabe que tiene la liga casi perdida. Las lesiones y una plantilla muy ajustada en número le van a obligar a dosificar a sus hombres. Nadie que haya seguido las decisiones de la era Guardiola tendrá dudas a la hora de adivinar que es más fácil que proporcione descanso a los titulares en estadios como el Sánchez Pizjuán, el Sadar o el Sardinero antes que en San Siro, el Bernabéu o el Allianz Arena. Y ya estamos informados de lo que estas decisiones le pueden suponer.
Se hará muy sencillo para cualquiera que haya llegado a leer hasta aquí, gracias por el esfuerzo, deducir cual es mi respuesta a la cuestión planteada pero, por otro lado ¿quién soy yo para quitarle la ilusión a nadie? Suerte para todos.
Asumido por lo tanto el hecho de que sólo a través de la información podremos manifestar un posible sentimiento optimista o pesimista, hagamos uso de ella para resolver, aquí y ahora, el enigma que más nos inquieta a todos los habitantes del planeta fútbol. ¿Está la liga sentenciada? Arquímedes dijo que con un punto de apoyo movería el mundo. Yo, pobre mortal que no me acerco ni infinitamente a la sabiduría del genio de Siracusa, voy a necesitar, cuando menos, cuatro puntos de apoyo.
En primer lugar, los antecedentes nos revelan que sólo el Valencia en la temporada 2003-04 ha sido capaz de enjugar una cantidad de puntos de ventaja igual a la que ahora deben remontar los culés. Al final de aquella temporada el equipo che se alzó con el título de liga con siete puntos de ventaja sobre el Madrid de Queiroz, que acabo cuarto. Fue el año del famoso trébol que en menos dos meses los madridistas tiraron al fondo del río. El año de la dolorosa eliminación ante el Mónaco en Champions y del galacticazo del Zaragoza en la final de la Copa del Rey en Montjuic. Además, el propio Madrid, entrenado por Capello y encomendado al espíritu de la remontada, recuperó no siete pero sí seis puntos al Barcelona de Rijkaard para arrebatarle la liga 2006-07. Esta información, por tanto, nos dice que la liga no está sentenciada pero, no nos engañemos, Mourinho no es ni Rijkaard ni Queiroz.
En segundo lugar, si somos capaces de interpretar el futuro puede que nos sea más sencillo discernir el presente. Con la ayuda del calendario que ambos equipos tienen por delante podremos hacerlo. Dando por hecho que ninguno de los dos va a dejar escapar puntos en su hogar (el que lo haga está sentenciado), la clave va a estar en las visitas que les restan. Los blancos tienen como salidas más complicadas el Calderón, el Sadar y San Mamés; los culés el Calderón, el Sadar y el Sánchez Pizjuán. Obstáculos en el camino casi idénticos pero con un matiz a tener en cuenta, la inmediatez. El Barcelona los vislumbra ya en su futuro, jornadas 23, 25 y 28, a disputar hasta mitad de marzo, mientras que el Madrid no se encontrará con estos rivales hasta principios de abril. A más eficacia azulgrana más presión para los madridistas. Esta información nos indica que en la medida en que los blancos sean capaces de resolver mejor esta circunstancia más cerca estarán del título.
En tercer lugar y en relación directa con el punto anterior, la manifiesta dificultad que las huestes de Guardiola están demostrando en sus desplazamientos fuera del Camp Nou. Han ganado cuatro partidos, menos de la mitad de los disputados, empatado cinco y perdido uno, con un cómputo total de 17 sobre 30. Es decir, se ha dejado ya trece puntos. En toda la temporada pasada se dejo once. Se ha resaltado en el párrafo anterior las tres visitas más complicadas que les quedan pero, vistos los antecedentes, no están seguros en ningún estadio. Sigue dominando los partidos pero le cuesta sentenciarlos, jugar en el alambre durante buena parte del encuentro le ha provocado más de un disgusto. El Getafe, el Español o el empate agónico en San Mamés son prueba evidente de ello. Al consabido fútbol control que práctica, y que ha enamorado al aficionado en los últimos años, le es indispensable para la recompensa de los puntos el gol y, cuando llega, llega en cuentagotas, sólo 16 en 10 partidos. El Madrid lleva casi el doble, 29. Tercer apunte informativo y ventaja blanca.
En cuarto lugar, la disputa de otras competiciones. En realidad, debería decir de otra competición. Es cierto que el Barcelona está, a día de hoy, inmerso en la Copa del Rey pero considero que la influencia que esta situación puede tener para los culés en el devenir de la liga es mínima. En una semana habrá disputado ya la semifinal completa frente al Valencia, con un partido en casa frente a la Real Sociedad de discreta complejidad de por medio, y por lo tanto, en lo que se refiere a competiciones nacionales, es poca la desventaja que tiene con el Madrid. El otro envite que a los dos les aguarda en los próximos días, y esperemos meses, sí que puede tener un efecto decisivo en la definición del campeonato doméstico. Como ya se ha dicho en este foro, si el Barcelona pone en liza a su equipo titular, no el que digamos nosotros, sino el que ha demostrado tener Guardiola, las posibilidades de derrota para ellos se minimizan. Habrá que ver hasta dónde está dispuesto el de Santpedor a sacrificar un título para intentar ganar otro. No me cabe ninguna duda que sus esfuerzos se van a redoblar en busca de la quinta copa de Europa, más aún cuando él mejor que nadie sabe que tiene la liga casi perdida. Las lesiones y una plantilla muy ajustada en número le van a obligar a dosificar a sus hombres. Nadie que haya seguido las decisiones de la era Guardiola tendrá dudas a la hora de adivinar que es más fácil que proporcione descanso a los titulares en estadios como el Sánchez Pizjuán, el Sadar o el Sardinero antes que en San Siro, el Bernabéu o el Allianz Arena. Y ya estamos informados de lo que estas decisiones le pueden suponer.
Se hará muy sencillo para cualquiera que haya llegado a leer hasta aquí, gracias por el esfuerzo, deducir cual es mi respuesta a la cuestión planteada pero, por otro lado ¿quién soy yo para quitarle la ilusión a nadie? Suerte para todos.
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