Desde el año 1978 el diario deportivo italiano Guerin Sportivo otorga un premio anual al mejor futbolista menor de 21 años, el Trofeo Bravo. Hasta el 92 sólo podía premiarse a aquellos futbolistas europeos que compitieran en alguna de las 3 grandes competiciones europeas, desde entonces, basta con jugar en cualquier liga nacional europea, independientemente de la nacionalidad del futbolista, para poder optar al premio; 25 años más tarde, a partir del año 2003, otro diario deportivo italiano con sede en Turín, Tuttosport, creó el premio Golden Boy, también para futbolistas que andan en el mismo rango de edad que el anterior y que se viene considerando como el balón de oro de los futbolistas jóvenes. Muchos de los que con los años se han convertido en auténticas estrellas del planeta fútbol recibieron alguno- o ambos- de estos galardones: en la nómina de premiados aparecen nombres como Van Basten, Maldini, Baggio, Del Piero, Casillas, Buffon, Messi, Rooney, Agüero, Fábregas o los dos Ronaldos- el brasileño, el único de la historia, junto con Butragueño, en ganar dos años consecutivos el Trofeo Bravo-.
El impío paso del tiempo alcanza por igual a héroes míticos y a seres anónimos. Los grandes genios del balón, tarde o temprano, van perdiendo su brillo y se ven obligados a dejar paso a las estrellas emergentes del momento. Los Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Iniesta, Ibrahimovic, Totti, Buffon, Pirlo, Xavi, Casillas, Gerrard… ven como se acerca el final de su carrera- me atrevería a darle, al que más, 2 ó 3 temporadas al mejor nivel- y como otros hicieron con ellos, inevitablemente, deberán rendirse ante el incontestable ascenso de los más jóvenes. Es cierto que en algunos casos la convivencia entre unos y otros durará un tiempo-me viene a la cabeza el caso de Messi y Neymar en el Barcelona- pero, más pronto que tarde, el veterano deberá ceder el testigo al novato.
Aventurarse a adivinar quiénes serán los nombres de los futbolistas que dominarán el tapete verde durante los próximos 10 años- vida límite al primer nivel que este cada vez más exigente deporte permite-resulta complicado y, por supuesto, altamente subjetivo. Algunos ya gozan del status de estrellas y, por lo tanto, su tarea futura consiste en certificar aquello que con tantos argumentos demuestran día a día. Estamos hablando de hombres como el brasileño Neymar, futbolista estratosférico que crece a pasos agigantados al lado de las grandes figuras del Barcelona y que, sin duda, el día que le llegué la hora de tomar el mando estará a la altura de las circunstancias. Salvo decepción mayúscula uno de los próximos balones de oro; también, entre los ya consagrados, aparece la llave principal que debe abrir la puerta de los futuros éxitos del Chelsea, el belga Eden Hazard, santo y seña de los londinenses y de una generación de futbolistas belgas llamado a marcar, como el brasileño, una época dentro del fútbol mundial; otra joven promesa -ya bendecida, ganó el Golden Boy en el 2013 y el año siguiente el Trofeo Bravo- es el francés Paul Pogba. El actual integrante de la plantilla de la Juventus es el arquetipo más destacado del futbolista del siglo XXI: una bestia de poderío físico, serio en la disciplina táctica y con unas dotes técnicas notables. Si a esto sumamos que está aprendiendo al lado de un tal Andrea Pirlo, sus días en la élite se antojan considerables; otros de los jóvenes emergentes que ya gozan de la condición de respetados son los españoles Isco o Koke. El madridista representa el sueño de una afición que cree- o necesita creer- que ahora el nuevo Iniesta viste de blanco; el atlético, piedra angular de una filosofía, la del Cholo Simeone, que pierde credibilidad cada vez que el vallecano no está sobre el campo; dentro de este primer grupo me gustaría incluir también a los que serán- si no lo son ya- los dos mejores mediocentros del fútbol europeo, el italiano del PSG Marco Verratti y el alemán Ilkay Gündogan, 22 y 24 años respectivamente. Ambos representan la modernidad de esa posición que se ha convertido en vital para cualquier escuadra y cuyas cualidades- una inteligencia posicional superlativa, recuperación del balón y rápida salida y excelente visión de juego- atesoran hasta el infinito. Si finalmente el del Dortmund se recupera totalmente de la grave lesión de espalda padecida meses atrás tiene ante sí una carrera muy notable; si hay una posición en la que la huella del cambio generacional es más reconocible en la actualidad esa es la de portero: los dos grandes mitos de los últimos 15 años - Casillas y Buffon-, hace ya un tiempo que han dejado el camino expedito a su sustituto más relevante, el belga del Chelsea Courtois, ídolo ya, y por muchos años-sólo tiene 22-, de cualquier niño que cada fin de semana se pone bajo los palos.