Todos los que se encontraban en el estadio Municipal de La Romareda de Zaragoza, el 29 de octubre de 1994, tuvieron el honor de ser testigos directos del último gran relevo generacional entre dos de las tres últimas leyendas del Real Madrid- la tercera, la última, es Iker Casillas-; ese día el técnico blanco, Jorge Valdano, otorgó el cartel de titular a un niño de 17 años llamado Raúl González Blanco-penúltima leyenda blanca-, y dejó en el banquillo a Emilio Butragueño Santos-antepenúltima leyenda en Chamartín-. La noticia inmediata era la suplencia del buitre y sobre ese banquillo, ocupado por una leyenda, los reporteros gráficos dispararon todo su arsenal. Con Butragueño se nos fue el genio descarado, la gracilidad y la elegancia de un terreno de juego; con Raúl llegó la clase, el sacrificio y algo con lo que sólo unos pocos nacen, el hambre. Sólo desde la necesidad de sobrevivir en una jungla como es el futbol se puede entender como alguien que no era un 10 en nada consiguiera lo que consiguió y acabara convirtiéndose en un 9 en todo- Valdano dixit-. Ya el día de su debut su partido fue notable, fascinó a todos y cada uno de los que en La Romareda presenciaban el partido in situ, y a muchos más que algo más tarde verían sus mejores cabriolas por la televisión. Seguro que no pocos de los que aquel día lo entronizaron fueron los primeros en mandarlo a la hoguera años después. Arrimarse al sol que más calienta-deporte nacional-.
Raúl llegó para quedarse, Butragueño hizo las maletas camino de México. Unos vienen y otros van; Casillas ha sido la última ave de paso en la gran familia madridista y, seguro, después, vendrán otros. Los jugadores pasan, el club permanece -otro lugar común del fútbol, otra metáfora de la vida-. Raúl llegó en la 1994-95 y se marchó camino de Genselkirchen, en la 2009-2010, dieciséis temporadas en el Real Madrid, se dice pronto. Más de 500 partidos de Liga en España, más de 140 de Champions, más de 100 veces internacional con España, más de 400 goles en toda su carrera…Cuando llegó al Real Madrid los del Bernabéu cargaban con la losa de llevar más 30 años sin levantar una Copa de Europa, la famosa séptima; ni siquiera la excelsa quinta del buitre durante sus mejores años fue capaz de llevar hasta las vitrinas del club blanco tan anhelado galardón. Ocho años después del debut de Raúl-los que coinciden con los mejores de su carrera-, justo el 15 de mayo de 2002, el Real Madrid levantaba en Glasgow su novena Copa de Europa. Raúl fue titular y pieza clave en las tres finales a las que el Madrid llegó-las del 98, 2000 y 2002-. Basta con detenerse un tiempo en cualquier biografía que a lo largo de estos años se ha hecho de Raúl para comprobar los innumerables éxitos acumulados en toda su carrera- incluido un Balón de Plata en 2001-; basta con preguntar en cualquiera de las ciudades por las que ha paseado su profesionalismo y su amor por el fútbol para comprobar el respeto y admiración que por él sienten- y sentirán- la inmensa mayoría de los aficionados que han tenido la suerte de verlo defendiendo los colores de su club.
Raúl antes, como ahora lo han sido otros como Casillas, Gerrard, Xavi Hernández, Ryan Giggs,.. no fue inmune a esa terrible dictadura que la exigencia física del deporte profesional contemporáneo impide a un deportista de élite alargar sus mejores años más allá de 10-12 campañas. La carrera puede alargarse unas temporadas más- eso depende única y exclusivamente del interesado-pero con la obligación y, me atrevería a decir, la necesidad, de hacerse a un lado para dar paso al Ferrari que viene por detrás-recordando lo que un día dijo de Raúl, Fernando Hierro-. Las primeras temporadas de Raúl, por supuesto que con altibajos como les pasa a todos, fueron muy notables. Su papel capital en el campo y fuera del mismo iba aumentando en progresión geométrica hasta acabar convirtiéndose en el auténtico líder del equipo. Ni siquiera la llegada de la famosa era galáctica pudo con los galones del siete madridista, al que incluso un mito mediático como Beckham no tuvo ningún reparo en rendir la cortesía requerida. Con Raúl el Madrid recuperó su dominio en Europa, puesto en entredicho las tres décadas anteriores. Raúl fue el nexo de unión entre una generación inolvidable, la de la quinta del buitre, y otra no menos relevante, la de Casillas, Ramos o Cristiano. Tuvo además la suerte de compartir vestuario con talentos de la talla de Mijatovic, Roberto Carlos, Fernando Redondo-el mejor mediocentro de los últimos 25 años que ha pasado por Chamartín-, Fernando Hierro, el mencionado Beckham o el incomparable Zinedine Zidane. Luego llegó la cuesta abajo y con ella los buitres que, ávidos de carroña, lo estaban esperando a la salida del recreo para pegarle el palo que durante tanto tiempo añoraban. Más que desde el coliseo blanco, donde creo que salvo excepciones mínimas jamás se le perdió el respeto, el apaleamiento vino por su papel, cada vez más cuestionado, en la selección española. Existe una curiosa corriente de opinión que dice que el principio de los éxitos recientes de la selección española de fútbol nace de la aportación de Luis Aragonés desde el banquillo y la desaparición de las convocatorias de la roja de Raúl González. El mundial de Alemania 2006 es la referencia documental que sirve para demostrar semejante axioma. Un mundial en el que por cierto, de los cuatro partidos que España disputó, Raúl fue titular en la mitad de ellos: en el tercero ante Arabia Saudí, con la roja plagada de suplentes y ya clasificada jugó la primera parte, y el de octavos contra Francia, partido que abandono al principio de la segunda parte con 1-1 en el marcador. Una selección, la española, que ya contaba con buena parte de los que luego serían campeones de Europa y del Mundo y a los que su seleccionador –un enamorado del juego al contragolpe desde que 30 años antes iniciará su carrera en los banquillos como entrenador-jugador del Atlético de Madrid- no reveló- aún- el secreto del tiki-taka. He conocido muchos casos en los que la ausencia de un jugador en las alineaciones de su club o selección puede poner en peligro un éxito futuro, pero que la presencia en una alineación de un futbolista impida, sin paliativos, la consecución de un título se me hace muy enrevesado de entender. Que Raúl ya no estaba al nivel suficiente para acudir a la cita europea de 2008, de acuerdo, pero de ahí a decir que si hubiera ido España no gana la Eurocopa…
En fin, el paso de los años deja a cada uno en el sitio que le corresponde y el que le corresponde a Raúl estará siempre junto a mitos del madridismo como Gento, Di Stefano, Puskas, Pirri, Butragueño o Casillas. En el mismo lugar en el que el sueño comenzó, La Romareda, el sueño acabó. Allí, un 24 de abril de 2010, Raúl disputó su último partido como madridista-el último balón que tocó fue para hacer gol-. Allí nació la leyenda. Maradona- palabra del Dios-, dijo un día de Raúl que era un genio; Valdano, su mentor, en la época en la que más se le cuestionaba, dijo, Raúl es un crack y los cracks no se discuten. Así sea.