Para alcanzar una adecuada instrucción académica en la antigüedad clásica se hacía necesario el estudio de lo que se conocía como las siete artes liberales, estaban distribuidas en dos grandes grupos de estudio: el Trivium y el Quadrivium. Para hacerlo entendible, el primero se encargaba de las disciplinas literarias, el segundo de las científicas. En este segundo grupo se encuadraba la aritmética, lo que popularmente conocemos como el arte de hacer números. Gracias a ella, sabemos que el número de minutos que tiene un día son 1.440 y un año, no bisiesto, 525.600. Exactamente la duración de 5.840 partidos de fútbol jugados sin descanso y de un tirón. Tenemos la total seguridad de que nadie es capaz de disputar semejante número de partidos pero, ¿y de verlos? No, de esto no estamos tan seguros, verdad. Schopenhauer decía que además del dolor, el principal enemigo de la felicidad es el aburrimiento. Es por lo tanto objetivo del hombre combatirlo como cada cual crea conveniente.
Agotado el año, la constatación de dominio absoluto que deja el F.C. Barcelona sólo se ha visto mínimamente ensombrecida por un Real Madrid deseoso pero, hasta la fecha, incapaz de hacerle sombra más allá del espejismo que supuso la final de la Copa del Rey en Mestalla. Una gran primera parte -lo mejor de los blancos en sus múltiples duelos ante los azulgranas del año- y un soberbio testarazo de Cristiano, hicieron el milagro de doblegar al cuadro culé y de arrebatarle el único título que le ha impedido volver a ganar seis trofeos en una misma temporada. Siendo pobres los resultados que el Madrid obtiene es todavía peor la impotencia que éstos muestran cada vez que se enfrentan a su archienemigo. Cuando Guardiola alinea su mejor once, ese que ordenó en el Bernabéu o en la final del Mundial de Clubes, con la única novedad de Thiago por el lesionado Alexis, su equipo es imbatible y la peor noticia para los madridistas es que a buena parte de ese once, en el peor de los casos, aún les restan 4 ó 5 años de buen fútbol. La consecución al final de más o menos títulos, y en esto tiene razón Mourinho, puede ser cuestión de detalles. La sensación de que escuadra es la mejor es una cuestión de hechos probados.
En Italia estamos asistiendo al risorgimento de la Vecchia Signora. Después de su travesía en el infierno por las consecuencias del caso Moggi la Juventus está luchando, junto con Milan, Udinese y Lazio por la consecución de un scudetto que no lleva a sus vitrinas, legalmente, desde la temporada 2002-2003. Un incombustible Buffon, el sistema defensivo implantado por Conte con Chiellini a la cabeza, la explosión tan deseada por los tifosi de Marchisio o el talento imperecedero de Pirlo le colocan en el liderato después de 16 jornadas. Tiene el calendario más asequible de los cuatro aspirantes y el hecho de ser el único de ellos que no disputa competición europea puede darle el plus necesario para alzarse al final de temporada con el título.
Agotado el año, la constatación de dominio absoluto que deja el F.C. Barcelona sólo se ha visto mínimamente ensombrecida por un Real Madrid deseoso pero, hasta la fecha, incapaz de hacerle sombra más allá del espejismo que supuso la final de la Copa del Rey en Mestalla. Una gran primera parte -lo mejor de los blancos en sus múltiples duelos ante los azulgranas del año- y un soberbio testarazo de Cristiano, hicieron el milagro de doblegar al cuadro culé y de arrebatarle el único título que le ha impedido volver a ganar seis trofeos en una misma temporada. Siendo pobres los resultados que el Madrid obtiene es todavía peor la impotencia que éstos muestran cada vez que se enfrentan a su archienemigo. Cuando Guardiola alinea su mejor once, ese que ordenó en el Bernabéu o en la final del Mundial de Clubes, con la única novedad de Thiago por el lesionado Alexis, su equipo es imbatible y la peor noticia para los madridistas es que a buena parte de ese once, en el peor de los casos, aún les restan 4 ó 5 años de buen fútbol. La consecución al final de más o menos títulos, y en esto tiene razón Mourinho, puede ser cuestión de detalles. La sensación de que escuadra es la mejor es una cuestión de hechos probados.
En Italia estamos asistiendo al risorgimento de la Vecchia Signora. Después de su travesía en el infierno por las consecuencias del caso Moggi la Juventus está luchando, junto con Milan, Udinese y Lazio por la consecución de un scudetto que no lleva a sus vitrinas, legalmente, desde la temporada 2002-2003. Un incombustible Buffon, el sistema defensivo implantado por Conte con Chiellini a la cabeza, la explosión tan deseada por los tifosi de Marchisio o el talento imperecedero de Pirlo le colocan en el liderato después de 16 jornadas. Tiene el calendario más asequible de los cuatro aspirantes y el hecho de ser el único de ellos que no disputa competición europea puede darle el plus necesario para alzarse al final de temporada con el título.