En poco menos de siete días, lo que nos
costaría llegar de un viernes a un martes, se han celebrado dos nuevas jornadas
pertenecientes a la fase de clasificación para el mundial 2014 que se disputará
en Brasil. Mientras la anfitriona se distrae a lo largo y ancho del planeta
buscando rivales con los que foguear a sus nuevos- y no tan nuevos- talentos,
el resto de países del orbe futbolístico se somete a una lucha encarnizada a la
búsqueda del gran objetivo que espera en el horizonte, el billete mágico que
sirva para viajar rumbo a tierras canarinhas dentro de dos veranos. El fútbol, casi
con total seguridad el más universal de todos los deportes inventados, lleva
hasta el más recóndito lugar de la tierra la búsqueda del santo grial que supone
la participación en una fase final de un mundial. Una competencia feroz e
implacable que lo mismo visita grandes territorios como el más inhóspito de
ellos. Desde Rusia hasta Mauritania, desde Canadá hasta Bután, desde Japón
hasta la Isla Montserrat. Todos, excepto el anfitrión, deberán buscar una plaza
entre los elegidos durante dos largos años de dura competencia.
Decíamos
que se han disputado dos nuevas jornadas en ese corto periodo de tiempo. De la
primera, la celebrada en viernes, poco que señalar. O, para ser sinceros, poco
que señalar si nos ceñimos exclusivamente a condicionantes deportivos, es decir
pocas sorpresas o resultados
inesperados. El hecho más destacado en lo que hace referencia a esa jornada
tiene que ver con la condición de espectáculo que tiene el mundo del fútbol. Si
decimos que alguno de los encuentros disputados a lo largo y ancho de la
superficie mundial no fueron televisados en directo para sus propios ciudadanos
por ningún canal nacional puede que nos resulte extraño creerlo; podríamos entenderlo, ya que son muchos los
países en liza y muchas las circunstancias, digamos televisivas, de cada uno de
ellos; pero si decimos que fue en España donde los enfervorecidos aficionados
de su tan amada roja no pudieron seguir las evoluciones de su equipo nacional nadie
podría darle crédito. Así fue, el partido celebrado en Minsk el viernes 12 de
octubre, Día de la Hispanidad para más escarnio, entre Bielorrusia y España no
fue televisado por ninguno de los múltiples canales que asolan a lo largo y
ancho la parrilla catódica nacional. Para hacerse una idea de lo insólito del
acontecimiento diremos que hacía más de 29 años que semejante tropelía no
sobrevolaba el territorio de la piel de toro. Fue en un Malta-España
perteneciente a la fase de clasificación de la Euro-84 a celebrar en Francia y
celebrado en la capital La Valeta. Pero no hay que rasgarse las vestiduras. Sí
señores, hay vida más allá del fútbol. Noventa minutos dan también, aunque
algunos no se molesten en experimentarlo, para hacer otras muchas cosas,
verbigracia ver una buena película o iniciar o rematar las páginas de ese libro
que tenemos abierto en la mesilla desde hace ya…días.