miércoles, 18 de enero de 2012

CUESTIÓN DE LEALTAD

No hace muchos días vi una película en la que, más o menos, hacía la mitad de la misma uno de los personajes que deambulan por ella decía que un hombre podrá cambiar, varias veces incluso, a lo largo de su vida de ideología, religión, profesión y hasta de mujer pero que jamás cambiará de equipo de fútbol. De todas las locuciones que declaman los actores a lo largo y ancho de la cinta esta es, sin duda, la mejor reflexión que se hace y con la que estoy, por cierto, completamente de acuerdo.
         La fidelidad a unos colores en materia futbolística es algo que va más allá de lo humano y lo divino. Ser fiel o leal a algo o a alguien en el resto de aspectos de la vida para cualquier ser humano es, como dice un amigo, cuestión de oportunidades. Entre los aficionados al fútbol esto no sucede, por muy golosa que sea la tentación que a uno se le presente la pasión por los tuyos no se toca. Como reza el grito de guerra de un club vecino: pase lo que pase, fieles siempre sin reblar.
         Como ya he dicho en este foro en otras ocasiones tengo el convencimiento que el futbolista nace, no se hace.  Esta afirmación, presuntuosa por mi parte, se transforma en una nebulosa de dudas cuando trato de averiguar el enigma de si el tifosi, como dicen los italianos, nace o se hace. Lo único que un exhaustivo estudio empírico a lo largo de los años me permite afirmar es que, desde luego, la adhesión incondicional y de por vida hacia un club no tiene nada que ver con la genética. Cualquiera que se pare un instante a observar en su entorno social tardará muy poco en descubrir como dentro de una misma familia el revoltijo  de pasiones es, casi, tan variado como el de pares de orejas.  Esas proles en las que unos son del Madrid y otros del Barca; unos del Betis y otros del Sevilla; unos de River y otros de Boca; unos del Milan y otros del Inter… Eso sí, rivalidades que, por lo menos en la mayoría de los casos que conozco, se llevan con deportividad y sana competencia. Arrigo Sacchi dijo una vez que el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes. De las menos importantes.
         Esta regla sagrada e imperecedera entre los aficionados a este gran deporte se convierte en una excepción entre los grandes protagonistas del espectáculo, los futbolistas. Si bien es cierto que otrora muchos permanecían toda su carrera en un mismo club, en la actualidad esto es algo poco usual. Es cierto que, como dicen los gallegos, haberlos haylos. Nombres como el de Casillas, Xavi Hernández, Puyol, Terry, Gerrard o Ryan Giggs merecen estar por méritos propios dentro de este selecto grupo pero, por otro lado, una vez que uno ha llegado al Olimpo, ¿hay algo más allá?
          Hay dos nombres que podría haber incluido junto a los citados anteriormente y que, intencionadamente, no he hecho. Se trata del romano Francesco Totti y del juventino Alessandro Del Piero. Creo que la lealtad que ambos han demostrado a lo largo de su carrera al club de su vida está por encima de la de cualquier otro compañero de gremio.
         Francesco Totti, que cumplió 35 años en septiembre pasado, está completando en la actualidad su vigésima temporada en la Roma desde que debutará en marzo del 93. Se trata de un jugador al que no le han faltado ofertas a lo largo de su carrera para haber abandonado a los romanos rumbo a cualquiera de los grandes clubes de Europa. Se da la curiosa anécdota de que cuando era todavía un niño recibió una propuesta para fichar por el todopoderoso Milan y su familia la rechazo. Totti, y aquí radica la diferencia con los otros jugadores citados, ha permanecido leal a un club que goza con muy pocas posibilidades de obtener título alguno. La Roma en toda su historia ha conquistado, como entorchados más relevantes, 3 ligas italianas (1942, 1983 y 2001) y una copa de la Uefa (1961).  Habrá otros que dirán que ha sido el dinero el que lo ha retenido todos estos años vestido de giallorosi. Nada más lejos de la realidad. Su remuneración económica, esto es una obviedad, ha sido durante toda su carrera relevante pero ha sido en su última renovación, firmada a finales de 2009, cuando ha obtenido un contrato de crack. Muy lejos, por cierto del de cualquiera de los grandes del fútbol mundial, incluidos los mencionados Casillas, Terry,  Gerrard… Es un contrato que, es verdad, obedece más a un pago por los servicios prestados que a una remuneración por la aportación que en la actualidad pueda hacer a su equipo desde el campo, pero si hay alguien en el orbe futbolístico que lo merece es él.  Totti, un mediocampista de nacimiento que acabó triunfando como único punta -los mejores cuanto más cerca de la portería contraria mejor- ha obtenido a lo largo de su carrera algunos éxitos deportivos, con la Roma además de esa liga de 2001 ha levantado dos copas de Italia y un mundial, el de 2006, con su selección; ha hecho más de 250 goles con su club, en una misma temporada marcó 26 y fue bota de oro, y estoy totalmente convencido que, pese a saber que sólo en contadas ocasiones llegaría a escuchar la melodía de Haendel en el Olímpico de Roma, jamás se ha arrepentido de la carrera que sobre el césped ha hecho.
         Alessandro Del Piero, 2 años mayor que Totti, hijo de un electricista, cuyos conocimientos permitieron a su joven vástago entrenar por las noches en un campo de la parroquia de Saccon, llegó a la Juventus de Turín procedente del Padova en el verano del 93 debutando con el primer equipo en septiembre de ese mismo año. Y allí sigue desde entonces. Il Pinturicchio, a diferencia de Totti, podía obtener sin necesidad de abandonar el club de sus amores la posibilidad más que factible de ganar muchos títulos. De hecho en los diecinueve años que Ale lleva en el club la Vecchia Signora ha mandado a sus vitrinas cinco scudettos, una copa de Italia o cuatro supercopas de Italia, entre otros trofeos. Además, ha obtenido una Champions League y ha disputado otras 3 finales. Sus contratos monetarios han sido jugosos-aunque su última renovación, en mayo del año pasado, haya sido por sólo un millón de Euros más incentivos-. Entonces, ¿Qué lo coloca al lado de su compañero de la región del Lazio? En julio del año 2006 la sentencia por el Moggigate mandó a la Juventus a la serie B, con 30 puntos de penalización -al final fueron 9- y con ella a toda una plantilla cargada de figuras. Hombres como Cananvaro, el mago Ibrahimovic, Thuram o Zambrotta abandonaron el barco. Otros siguieron en la cubierta de la nave: David Trezeguet, el balón de oro del 93 Pavel Nedved, Buffon, quien lleva camino de suceder a nuestro protagonista en el corazón de los aficionados de la Juve, y, por supuesto, Alessandro Del Piero. Estos dos últimos, además, venían de Alemania de ganar una copa del mundo con su país. El gran capitán accedió a penar en el infierno el año de castigo con una drástica reducción, si era necesario, de su salario. Y no sólo no fue una humillación para él sino que compitió por los campos de la segunda italiana con la misma entrega y dignidad que lo había hecho en San Siro, el Olímpico de Roma o el Luigi Ferraris. La Juventus obtuvo el ascenso y Del Piero se proclamó máximo goleador del torneo. Cinco temporadas después, con 37 años y al borde de la retirada, sigue saltando al campo cada domingo, cuando su excompañero Conte ahora en el banquillo lo requiere, con el deseo de ayudar a los suyos a conquistar el que puede ser el último título de su carrera con los colores del que para él, seguro, es el club de fútbol más grande del mundo.
         Francesco Totti y la Roma, Alessandro Del Piero y la Juventus, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la grada los retire. Ave Césares.

        


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