jueves, 5 de julio de 2012

UNA HAZAÑA PRODIGIOSA

          Analizar los acontecimientos embriagados por la euforia más inmediata nos hace correr el riesgo de subjetivar el escrutinio y, lo que es peor, errar en el resultado final de la cuestión. No son pocos los que después de la consecución del anhelado triplete por parte de la selección Española de fútbol, el no hay dos sin tres, se han apresurado a coronar a esta generación de futbolistas como la mejor selección de la historia y, aunque desde luego los logros la avalan, ya sea en forma de preseas o de exhibiciones balompédicas, sería conveniente dejar pasar el tiempo- ese que al final todo lo sabe- para afirmar con tanta rotundidad semejante juicio. Aquel, como es mí caso, que no tuvo la suerte, aunque si lo hubiera hecho ya sería muy mayor y esto no es ninguna suerte -si hay algo que indefectiblemente aumenta nuestra angustia vital y nos pone más cerca del abismo es el paso del tiempo-, que no tuvo la suerte decía de presenciar el fútbol celestial que, según las crónicas de la época, practicaron en los años 50 los magiares magníficos o entre los años 58 y 70 el Brasil de Pele o en los primeros setenta la Alemania de Beckenbauer o a lo largo de toda esta década la naranja mecánica del flaco Cruyff , cometerá pecado de soberbia si asegura con rotundidad que ésta- la española de ahora- y no otra es la mejor escuadra desde que los ingleses inventaron este gran deporte.
         De lo que nadie debe dudar es que estamos ante la mejor generación de futbolistas que el fútbol español dio en su historia y que salvo milagro de dimensiones incalculables volverá a dar. Hacer coincidir en un mismo plantel a gente como Casillas, Sergio Ramos, Puyol, los dos Xab/vis, Cesc, Iniesta, Silva, Torres o el guaje Villa, entre otros, sólo se puede explicar desde algo parecido a la fe.  Si algo le faltaba a esta selección era la evidencia palpable de que tiene todos los registros de  un equipo campeón. Como ese que dice que no es necesario jugar bien para ganar los partidos; que el contrario te tiene tanto respeto-incluso miedo- que es capaz de cambiar de arriba-abajo su forma de jugar cuando te tiene enfrente; como ese que dice que los equipos grandes dan su mejor nivel en los momentos grandes. Y que momento mas grande que la propia final donde el once de Del Bosque dio una auténtica exhibición de fútbol en todas sus líneas dejando reducido al que hasta entonces había sido el mejor equipo del torneo a un mero espectador más con butaca de preferencia.  Todos son muy buenos y todos se entienden como si de una orquesta sinfónica se tratará. Todos son muy jóvenes y muy humildes y, si nadie lo remedia en los próximos años, está selección puede llegar como dice el bueno de Buzz Lightyear ¡Hasta el infinito…Y más allá!
         Además de esta ratificación de superioridad que la selección española ha vuelto a dejar sobre el tapete verde de Polonia y Ucrania, la Eurocopa de 2012 nos ha dejado alguna que otra circunstancia digna de mencionar. Ha dejado alguna que otra decepción:
          La no clasificación de una de las anfitrionas, Polonia, para los cuartos de final. Han hecho los polacos durante algunos momentos del torneo un fútbol muy notable- sus primeros 20 minutos en el partido inaugural ante Grecia fueron de lo mejor de la fase de grupos-, pero alguien debería decirles que un encuentro de fútbol se compone de dos tiempos de 45 minutos cada uno. Es una escuadra que si trabaja sobre este principio puede aumentar considerablemente su, hasta la fecha, poca relevancia en el panorama actual; otra de las grandes decepciones del Europeo ha sido la actual subcampeona del mundo, Holanda. Su seleccionador Van Marwijk cometió un error de similares dimensiones al que cometió Marcello Lippi en el pasado mundial, confió en los mismos jugadores que en la cita sudafricana y esto le pasó factura. Gran parte de su defensa y de su medio campo disfrutó de un número de minutos excesivos que acabó por condenar a los orange a la última posición del grupo B sin lograr siquiera un punto; finalmente la Francia de Blanc, de la que buena parte de la afición esperaba mucho más- entre los que me encuentro-, y que dio una imagen muy mediocre. Su actitud liviana ante los ingleses, intrascendente frente a Ucrania y expectante ante la magia del mejor prestidigitador del fútbol mundial, el sueco Zlatan Ibrahimovic, en la primera fase  le costaría compartir hábitat en cuartos con la gran favorita. Unos cuartos de final que se resolvieron en la pizarra del vestuario bleus cuando Le President -cual Napoleón en Waterloo- claudicó ante el poderío del ejército español.
         En el capítulo de destacados, pasando por alto lo hecho por la campeona, a la que sería necesario dedicar todo un ensayo literario, es de ley reconocer la gran Eurocopa que ha hecho Portugal cuya mejoría en las grandes citas ha sido notable y que ha demostrado que, además de tener en su plantilla al mejor goleador del planeta, cuenta con un nutrido grupo de jugadores de gran talla como Nani, Moutinho, el incansable Meireles o un Miguel Veloso cuyo bajón físico y posterior sustitución en la semifinal frente a España estuvo a punto de costarles a los lusos la eliminación en la prorroga. Finalmente me gustaría destacar los que son, junto con el campeón colectivo, los dos grandes triunfadores individuales del torneo. El seleccionador italiano Cesare Prandelli y el domador de balones de la azurra Andrea Pirlo. Ellos, el resto también, es cierto, pero sobre todo ellos,  han conducido a una selección envuelta en todo tipo de nieblas y brumas a la final yendo contra el pronóstico, incluso, de sus propios paisanos. Sólo la aparición de la bestia les ha impedido levantar, después de 44 años, el que hubiera sido su segundo entorchado continental. Al analizar en la entrada inmediatamente anterior a la selección Italiana dije que tenía un muy buen técnico. Me quedé corto.  El ex de la Fiorentina ha hecho aquello que se le debe exigir a todo entrenador, sacar de sus jugadores el máximo rendimiento posible. Bien hará la federación italiana en confiar en este técnico como guía de la selección azurra durante los próximos años. Con un bloque defensivo basado en la campeona del calcio y un trato exquisito con el balón en todas sus líneas la selección italiana ha protagonizado  los que, probablemente, han sido los dos mejores encuentros de todo el torneo: sus partidos de cuartos y semifinales ante Inglaterra y Alemania respectivamente. En la final, un error defensivo –el único en todo el campeonato- al cuarto de hora de partido enterró cualquier posibilidad de éxito ante un enemigo de la categoría de España cuando la roja juega a favor de marcador. El otro gran triunfador individual del torneo ha sido Andrea Pirlo. La exhibición futbolística llevada a cabo por el de Brescia en todo el campeonato y especialmente en los dos partidos reseñados ha sido, más allá de sentimientos patrióticos, lo más sobresaliente de esta Euro-2012.  Quien quiera enseñar a los niños que ahora empiezan como debe jugar un medio centro que coja el video del Italia-Inglaterra y se lo ponga. Valga un dato aplastante como ejemplo, en este partido Pirlo dio a sus compañeros la nada despreciable suma de más de 140 pases. Dos deberes tiene la selección Italiana para culminar el proceso de construcción y metamorfosis que tan bien comenzó desde su triste paso por Sudáfrica: confiar, como ya he apuntado, en el gran trabajo de su técnico y encontrar una brújula lo más parecida posible, una igual es algo utópico, al 21 de la Juventus de Turín. 
         Horacio escribió un día triunfa aquel que une lo útil a lo agradable. Así lo entendieron hace algún tiempo los magiares magníficos y Pele y los suyos, así lo entendieron algo más tarde el rodillo alemán de los 70 o la naranja mecánica y así lo ha entendido ahora la selección Española de fútbol.
        

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