La alfombra roja del Balón de Oro ha dado paso al verde del césped de los estadios, lugar donde sería recomendable se focalizase preferentemente la atención del planeta fútbol. Resulta sorprendente como semejante entrega de laureles ha ascendido en interés mediático a lo largo de los años para acabar convirtiéndose en algo tan atrayente como la mismísima ceremonia de los premios Oscar de cine. El futbolista ha sustituido a la estrella del cine o de la música con una rapidez endiablada y, ahora, muchas carpetas de estudiantes y habitaciones amanecen adornadas con la reluciente presencia de algún nuevo ídolo balompédico-los derechos de imagen no se pagan en balde-. No deja de ser gratificante recordar como en otros tiempos la profesión de futbolista no tenía tanto glamour. Hubo un tiempo, ya lejano, en el que se lanzaba un penalti de una semifinal de un mundial sujetándose con una mano el pantalón porque la goma que lo ajustaba se había roto; en el que otros jugaban descalzos y en el que alguno recibía el Balón de Oro en el descanso de un partido y se lo llevaba a casa en el autobús de línea metido en su bolsa de deporte. Todo es fútbol. Lo era antes y lo es ahora. Cambia el envoltorio, más lujoso y almibarado, pero el regalo es el mismo.
Las grandes ligas del viejo continente han ingresado ya en la segunda fase de la competición. Objetivo doméstico de incalculable valor que pierde prestigio, en el caso de los clubes grandes, cuando lo comparamos-el valor del trofeo se entiende-con la consecución de la Champions League. Para el resto de clubes, los no considerados grandes, que por desgracia en todas y cada una de las ligas europeas principales cada vez son más, el objetivo principal es el de la permanencia en una categoría de relumbrón que les permita seguir en la élite y, con ello, vivir con la ilusión intacta de alcanzar una temporada la soñada participación en alguna competición europea. La Real Sociedad en la liga española es el mejor referente de la consecución de quimera semejante.
Precisamente ese objetivo doméstico al que aludimos se adivina, a esta intermedia altura de la temporada, ya prácticamente conseguido por algunos de los grandes jerarcas del fútbol europeo. El Bayern de Munich aventaja en 13 puntos al segundo clasificado de la Bundesliga, el Leverkusen, y en 17 al tercero, el Dormund. Es cierto que quedan 45 puntos por disputarse pero ni el más suicida del lugar daría un euro por otro equipo que no fueran los bávaros. Los últimos campeones de Europa mantienen en su liga idéntico desfile militar al que llevaron a cabo el curso pasado donde sólo en algún partido han empezado a sudar-en 19 encuentros sólo dos empates y 9 goles en contra-. Otra cosa será ver su papel en la Champions, aquella que deberá medir de verdad su auténtica dimensión. Aunque habrá tiempo de diseccionar lo humano y lo divino de este club me gustaría dar tres breves pinceladas para hacer de abogado del diablo: la primera, la superstición, la maldición que dice que desde que existe el formato Champions ningún equipo ha conseguido revalidar el título; la segunda, la poca competencia que está encontrando en su propia liga puede ser un hándicap para cuando vengan las vacas sagradas-que le pregunten a Barcelona y Real Madrid la temporada pasada-; tercera, y última, hasta la fecha los cambios tácticos de Guardiola no me convencen, en especial esa obsesión en colocar a Lahm de mediocentro. El tiempo, y su efectividad en cuanto al sistema defensivo, quitarán y darán razones.
Aunque en el calcio la diferencia en puntos no es tan abultada como en Alemania la sensación que deja la Juventus es de un dominio tal que no parece fácil pensar que la Roma vaya a conseguir arrebatar el scudetto a los turineses. Nada me gustaría más-mi admiración hacia Totti no tiene límites- que los capitalinos pudieran alzarse con el título al final de la presente campaña, pero cada vez que la Juventus ha dado síntomas de flaqueza la reacción desde el Olímpico de Roma no ha sido la esperada. El tercero en discordia, el Nápoles, anda a 15 puntos del líder, que una vez apartado de su gran objetivo para esta temporada, la Champions League, tiene la firme intención de renovar el título lo antes posible. La Juve tiene el mejor equipo y los mejores jugadores de toda la liga italiana con diferencia: un portero magnífico, Gigi Buffon; uno de los mejores centrocampistas de los próximos 10 años en el mundo, el francés Pogba; dos delanteros con mucho oficio, Llorente y Tevez; el mejor jugador de la liga italiana, y uno de los mejores del mundo en la actualidad, el chileno Vidal, y todos ellos dirigidos con el lápiz maravilloso del arquitecto Andrea Pirlo-el que habla con los pies, como lo definió Marcello Lippi-.
En el verano de 1995 el Atlético de Madrid fichó a un jugador serbio procedente del Panionios griego. Llegó a Madrid, bajó del avión, dejó su maleta en el hotel y se dirigió a las oficinas del club atlético. Entró cortésmente y le dijo a la recepcionista Buenas tardes señorita, me llamo Milinko Pantic. Lo dicho, eran otros tiempos.
Aunque en el calcio la diferencia en puntos no es tan abultada como en Alemania la sensación que deja la Juventus es de un dominio tal que no parece fácil pensar que la Roma vaya a conseguir arrebatar el scudetto a los turineses. Nada me gustaría más-mi admiración hacia Totti no tiene límites- que los capitalinos pudieran alzarse con el título al final de la presente campaña, pero cada vez que la Juventus ha dado síntomas de flaqueza la reacción desde el Olímpico de Roma no ha sido la esperada. El tercero en discordia, el Nápoles, anda a 15 puntos del líder, que una vez apartado de su gran objetivo para esta temporada, la Champions League, tiene la firme intención de renovar el título lo antes posible. La Juve tiene el mejor equipo y los mejores jugadores de toda la liga italiana con diferencia: un portero magnífico, Gigi Buffon; uno de los mejores centrocampistas de los próximos 10 años en el mundo, el francés Pogba; dos delanteros con mucho oficio, Llorente y Tevez; el mejor jugador de la liga italiana, y uno de los mejores del mundo en la actualidad, el chileno Vidal, y todos ellos dirigidos con el lápiz maravilloso del arquitecto Andrea Pirlo-el que habla con los pies, como lo definió Marcello Lippi-.
Una situación parecida en cuanto al asalto al poder se está produciendo en la Ligue One francesa. Los pocos errores que ha cometido el PSG no han sido aprovechados por el Mónaco debidamente y los parisinos mantienen la cabeza sin excesivo martirio. Una profundidad de plantilla muy superior debería bastar a los de Blanc para conquistar el título. Han hecho además los parisinos el mejor fichaje del mercado invernal en toda Europa, se trata de la llegada desde la premier del francés Yohan Cabaye, previo pago de una cifra cercana a los 23 millones de euros-con dinero todo es más fácil-. Puede que no tardemos mucho en saber quién ganará esta competición, este domingo a las 9 de la noche en el Luis II de Mónaco se enfrentan los dos grandes favoritos. Si ganan los del mago Ibrahimovic adiós a la liga para los del principado.
Tres y no dos son los aspirantes al título final en Inglaterra y España. Número de aspirantes poco habitual en los últimos años en la premier y milagroso en la liga española. Al duopolio Real Madrid-Barcelona le ha salido un duro competidor desde la ribera del Manzanares. Líder en la actualidad, con tres puntos de ventaja, los del Cholo Simeone caminan con paso tan firme como humilde hacia la conquista de un entorchado que se les resiste desde la temporada 1995-96, aquella del doblete con Penev, Molina, Kiko, Caminero o Pantic como grandes referentes de un equipo lleno de ilusión, entrega y, por supuesto-sin esto no hay nada que hacer-, muchísima calidad. No tengo nada en contra de los dos grandes soberanos del fútbol español pero por una vez a muchos nos gustaría que ganara otro. En la capacidad que tengan los colchoneros de poder soportar competir en liga y Champions a la vez estarán buena parte de sus opciones. En Inglaterra tres equipos en liza y tres formas completamente diferentes de entender este deporte. El Arsenal, líder desde hace muchas jornadas, con un plantel cargado de jugadores de un alto nivel técnico-Ozil, Cazorla, Ramsey, Wilshere, Arteta, Walcott…-, que es a la vez defecto y virtud. Son futbolistas tan completos en una de las facetas del juego-la más atractiva-como poco amigos de la otra-la más abnegada-, el trabajo físico. Incluso su línea defensiva es más amiga de salir jugando que del despeje. Habrá que ver si les alcanza con esta visión romántica del juego; luego está el Manchester City, jugadores de alto nivel técnico acompañado de un muy apreciable trabajo físico, su epítome, Toure Yaya. Desde que está en la élite europea no me ha convencido su defensa y creo que ese es el flanco por el que se le puede ir la premier; finalmente, el Chelsea, el equipo más compensado y con más oficio de los tres de largo. Si tuviera un delantero de nivel top-como diría su técnico Mourinho-seguro que andaría ya líder destacado. Los equipos de Mou siempre han sido muy fiables en los partidos importantes en la premier-aquellos que enfrentan a los favoritos entre sí- y este año no está siendo menos. Si tuviera que sacarme un abono para presenciar la Premier me sacaría uno de tribuna en el Emirates; si tuviera que apostar mis ahorros a un ganador los apostaría al Chelsea.
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