Se ha estrenado, recientemente, en las pantallas de cine de medio mundo la película Exodus, dirigida por Ridley Scott, última aportación de uno de los realizadores más brillantes de la historia contemporánea del Séptimo Arte. Cuenta el director británico con una extensa filmografía salpicada de grandes creaciones, entre las que destacan obras como Gladiator, Alien, el octavo pasajero, Thelma y Louise, Blade Runner- una auténtica obra maestra - o su ópera prima Los Duelistas. Filme, éste último, en el que sus dos protagonistas pasan sus vidas retándose a duelo de uno a otro confín de la tierra. Si ahora mismo se hiciera un remake de Los Duelistas, ambientado en el mundo del fútbol, sería muy sencillo otorgar los dos papeles protagonistas a Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Trasunto deportivo de dicho filme con el que los dos grandes genios del balón nos vienen deleitando en los últimos tiempos.
Ambos, el portugués y el argentino, el argentino y el portugués, sin discusión, los dos mejores intérpretes de la última década de la escena futbolística. Que sean, o acaben siendo, los mejores de todos los tiempos será la historia la que lo dirá. Más allá de consideraciones, análisis y elucubraciones varias hay un hecho que resulta incuestionable, ambos se retroalimentan entre sí. La convivencia con el otro les hace mejores y su lucha-pacífica, no veamos guerras donde no las hay-, día a día, semana a semana, por ser más brillantes, agiganta su leyenda y, con ello, engrandece el espectáculo y alimenta el debate sobre quién de los dos es el mejor.
Una batalla tiene perdida cada uno frente al otro: el argentino es, pese a su elevada cifra de goles ya conseguidos, menos goleador que el portugués. Si Messi no tuviera, desde hace ya algunas temporadas, el ascendente-otros lo llaman poder- dentro del vestuario azulgrana que tiene, su cifra de goles totales sería, a día de hoy, inferior a la que atesora y, paralelamente, la de otras parejas de baile que junto a él han saltado a la pista, hablamos de hombres como Villa, Alexis o Ibrahimovic-antes-, o de Neymar y Suárez- ahora-, sería o hubiera sido muy superior. El de Rosario atomiza atacantes con la misma facilidad que astronautas devora el Alien de la citada película de Ridley Scott. Si pretende batirse frente al de Madeira en una contienda frenética por quién hace más tantos, el pequeño genio de Rosario tiene la batalla perdida; el portugués es, pese a su ingente número de virtudes cuando salta al césped, un futbolista menos completo que el argentino. De todas las posibles situaciones de juego que en un encuentro de fútbol se pueden presentar es el del Barcelona el que domina un número mayor de ellas. Desde que Guardiola lo colocó en el centro del ataque el argentino se convirtió en el referente absoluto del juego ofensivo de su equipo, da igual la zona del campo en el que se inicie, hasta el extremo de que si su participación no es lo suficientemente determinante en un encuentro el porcentaje de victorias de los suyos disminuye de forma considerable. Messi, que entiende el juego casi tan bien sin balón como con balón, sabe en cada momento que decisión más acertada tomar, ya sea, por ejemplo, dar una pausa a la jugada en curso, un desmarque al espacio, una asistencia o un remate. El portugués, mucho menos amigo de requiebros, giros y perífrasis de cualquier índole, justifica su presencia en el campo, más allá de asistencias o centros de fábula con los que de vez en cuando obsequia al respetable, para destrozar sin piedad, una vez tras otra, la meta rival.
Y para seguir avivando el debate, la UEFA nos ha obsequiado esta mañana con el sorteo de octavos de final de la Champions League. Una competición, dicho sea de paso, en la que da la sensación que siempre ganan los mismos pero que, paradójicamente, ha tenido en los últimos diez años ocho campeones diferentes. Ya que estamos, veamos a grandes rasgos como ha quedado el asunto. Aparecen, por un lado, dos eliminatorias muy inclinadas a favor de los que, un año más, son los dos grandes favoritos para levantar la orejona en Berlín dentro de 5 meses. Estamos hablando del Real Madrid, muy superior al Schalcke 04, al que ya trituró el año pasado a esta misma altura de la competición-1 a 6 en la ida-, y del Bayern de Munich, a punto de iniciar su hibernación anual, ante el que un entusiasta Shakhtar Donetsk poco tiene que hacer; las eliminatorias Bayer Leverkusen-Atlético de Madrid y Basilea-Oporto están a medio camino entre la indefinición y el favoritismo para alguno de ellos. Españoles y lusos parten con ventaja holgada siempre que su rendimiento sea el esperado, algo que no me atrevo a afirmar con rotundidad a dos meses vista. Este mismo fin de semana el Atlético se ha dejado media liga en el Calderón, al caer frente al Villarreal, y el Oporto liga y media al perder en Do Dragao frente al Benfica; después están los otros cuatro enfrentamientos, mucho más equilibrados que los anteriores pero cada uno con matices. Vuelven a verse las caras en octavos de final, como en la 13-14, Manchester City y Barcelona. Si atendemos a como se ha reforzado cada equipo debería ser todavía más favorito el Barcelona de lo que lo era la temporada pasada, pero si los culés no resuelven la dependencia goleadora que tienen de Messi -sobre todo en este tipo de citas-, y la defensa no está reluciente, ya pueden empezar a rezar para que el Kun Agüero no llegue en la forma en la que estaba antes de lesionarse hace unos días; otra de las eliminatorias más equilibradas es la que dará comienzo en el Emirates entre el Arsenal y el Mónaco. Muy difícil aventurar un ganador, ambos caminan con más pena que gloria en su campeonato local -son sextos-. Los monegascos con un viejo rockero en su delantera, el búlgaro Dimitar Berbatov, y el enganche Joao Moutinho como principales bazas, frente a un Arsenal que, si acaba recuperando lesionados-ahora mismo tienen, casi, más efectivos en la enfermería que en disposición de alinear-, podrían darle una alegría a Arsène Wenger en su vuelta a casa 20 años después; finalmente, las dos eliminatorias más igualadas: PSG-Chelsea y Juventus-Borussia Dortmund. En cuanto al choque que enfrentará a parisinos y londinenses, una ligera ventaja para los de Mourinho, éstos tienen la vuelta en casa y más experiencia en lides similares. Son dos escuadras muy completas en todas sus líneas y es una eliminatoria que puede acabar definiéndose por detalles, quizá los que acaben aportando los dos grandes hechiceros de cada equipo, el belga Eden Hazard para el Chelsea y el sueco Zlatan Ibrahimovic para el PSG; para finalizar, el duelo entre Juve y Borussia, si nos fijáramos exclusivamente en sus respectivas ligas domésticas habría poco que negociar: los turineses líderes de la liga italiana y el Dortmund en puestos de descenso en la Bundesliga. Dependiendo del tono con el que llegue a la cita la gran estrella alemana, Marco Reus, los de Jurgen Kloop aumentarán sus posibilidades ostensiblemente ante una Juventus que sigue confiando sus activos a la firmeza defensiva-con Buffon, como clave de bóveda-, la insultante progresión del francés Pogba, la brega de Tevez o Vidal y la fantasía de ese genio singular llamado Andrea Pirlo.
Otra gran competición a la vista que ayudará a enaltecer el duelo entre las dos grandes estrellas del momento, con el objetivo final-vital para algunos- de saber quién de los dos es el mejor. Voltaire dijo una vez Dudar vale más la pena que estar seguro. Lo dudo
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