lunes, 6 de mayo de 2013

DOS PALABRAS


       Si hay una palabra que ha sobrevolado innumerables veces por las emisiones de radio y televisión, y aparecido más veces repetida negro sobre blanco en las páginas de los periódicos para justificar la inesperada, por lo que parece, eliminación del Real Madrid en las semifinales de la UEFA Champions League, esa palabra es actitud.  El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su tercera acepción, la más acertada según mi opinión, define  esta palabra como disposición de ánimo manifestada de algún modo. Para el caso que nos ocupa, manifestada de modo pésimo, fatal y hasta detestable según todos los medios de comunicación, especialmente los españoles.  Parece pues, por todo lo leído, oído y visto, que esta falta de actitud ha sido la culpable del horrible espectáculo mostrado por los blancos en el partido de ida en Dortmund, cuyo resultado matemático lastró de forma insuperable el partido de vuelta y obligó a una épica remontada a la vieja usanza, que finalmente no se pudo consumar.

         No sé si es por mi obsesión de nadar con frecuencia contra corriente, de la que me acusan mis compinches, debo confesar que no sin razón, o por el convencimiento de una obviedad que sólo algunos han querido ver, pero creo que si hay una palabra que define la causa de que los de la capital de España estén en la calle y los de Westfalia estén en la final de Wembley  esa palabra es aptitud. Volvemos a la RAE y leemos como en su tercera acepción la define como capacidad o disposición para el buen desempeño de un negocio, industria o arte. La palabra clave sobre la que gira todo nuestro análisis es capacidad. El Real Madrid no ha perdido una nueva ocasión de alcanzar la décima por una falta de actitud, es decir, por su juego desganado, sin intensidad o coraje; el Real Madrid continuará un año más sin llegar a una final de Champions porque su rival tiene mayores aptitudes para lograrlo, o lo que es lo mismo, mayor capacidad para desempeñar mejor la práctica de un arte, el fútbol. En el momento de producirse el enfrentamiento de semifinales entre ambos equipos, finales de abril, el nivel técnico, táctico y, no digamos nada, físico de uno y otro equipo era favorable a los alemanes. Para que se me entienda, los jugadores del Borussia, ahora mismo, son mejor que los del Madrid; el entrenador del Borussia, ahora mismo, es mejor que el del Madrid y,  el ritmo de competición que marca la exigencia física cada partido, ahora mismo, es muy superior el del Borussia al del Madrid. Vayamos por partes empezando por el final. Siempre se ha dicho que los equipos alemanes están más trabajados físicamente que cualquier otro equipo del orbe futbolístico mundial, siendo éste un axioma discutible ahora mismo presenta datos incuestionables. Vaya un solo ejemplo de lo dicho: en el partido de ida, el decisivo, de los seis jugadores que más kilómetros recorrieron a lo largo de los noventa minutos, cinco de ellos eran del equipo local  y esto cualquiera que haya jugado al fútbol, aunque sólo haya sido una vez en su vida, sabe que no es una cuestión de actitud si no de pulmones. Tener un físico más poderoso supone una ventaja esencial en el fútbol moderno siempre que se acompañe de un posicionamiento acertado sobre el campo- la táctica- , y de una considerable destreza para desplegar, una vez obtenida la posesión, todas aquellas cualidades que se han adquirido –la técnica-. De nada vale correr todo el partido como si de un maratoniano se tratará si cuando tenemos el balón no sabemos qué hacer con el, ni con los pies ni con la cabeza.


No me detendré más en la ventaja física de los alemanes porque es algo en lo que, por lo que parece, había unanimidad. En el plano técnico, imagino, habrá más de uno que cuestione lo que digo. Pero vayamos al detalle siempre sin perder la perspectiva del momento en el que estamos analizando las cosas, final del mes de abril. Analizar el presente con una mentalidad del pasado, como dijo alguien una vez, es el mayor error que se puede cometer. La fiabilidad defensiva del Dortmund es muy superior a la del Real Madrid, sólo los diez minutos del pánico sufridos por los alemanes en el Bernabéu cuestionan en algo semejante afirmación. Pero en semejante escenario y ante tal ambiente a quién no le temblarían las piernas. Que Subotic y Hummels juntos son mejores que Pepe o Varane dudo que haya nadie con un mínimo de objetividad que lo ponga en entredicho. Que sean mejor que Varane o Ramos admite más discusión pero el mal ya estaba hecho.  En la línea de creación el rendimiento descomunal dado por Gündogan en este doble enfrentamiento deja muy mal situado a un Xabi Alonso - mejor jugador que el turco-alemán de aquí a Lima-, cuyo estado de forma se ha demostrado no era el adecuado para afrontar semejante empresa. En cuanto a los tres jugadores de mayor potencial ofensivo por parte de cada equipo es cierto que ninguna pieza germana podría equiparse al mejor jugador del mundo, con permiso de Leo Messi, Cristiano Ronaldo pero, por los motivos que sea- unas molestias mal curadas dicen-, el rendimiento del crack de Madeira ha quedado a un nivel muy inferior del esperado, especialmente en el partido de vuelta. Lo mismo, pero por motivos diferentes podríamos decir de Mario Götze, lesionado en el amanecer del segundo partido y sustituido por ello, sus prestaciones a esta eliminatoria se reducen a una excepcional primera parte en el asalto inicial. Combate nulo por tanto entre ambos. En lo que respecta a los dos alimentadores principales del delantero centro de turno, Ozil y Reus, debo confesar que siento una especial predilección por el del Dortmund. Me parece un futbolista más completo para lo que el fútbol actual exige y, sobre todo, exigirá en los próximos años. En el contexto que nos ocupa el ex del Gladbach ha demostrado mucha más rapidez, movilidad y peligrosidad que el madridista, al que se le vio desaparecido en muchas fases de la eliminatoria- la presencia de Modric en el campo, es cierto, no le ayuda-. Sobre los delanteros poco que decir que no se haya visto. Ya se ha dicho en repetidas ocasiones en este foro, al citar al polaco Lewandowski, la magnitud de jugador al que nos referíamos y en lo que puede llegar a convertirse. Es el delantero del futuro en el fútbol europeo. Higuain ha sido incapaz, una vez más, de dar la talla en los grandes escenarios. Sólo seis goles en todas sus apariciones en partidos de Champions con los blancos es un guarismo muy pobre para poder enfrentar cualquier comparación. En el plano táctico no me extenderé mucho dado que parece que nadie le ha dado importancia a este capítulo. Mourinho, cuyo futuro ha superado en interés mediático incluso la propia eliminación de su equipo- quizás esto era lo que él quería-, cometió a mi modo de ver dos errores vitales que lo han condenado a la eliminación. Por un lado la alineación en el once inicial en Dortmund en el centro de la defensa de Pepe para encargarse del marcaje de Lewandowski. No sé si subestimó al polaco o sobre estimó al portugués pero, a las pruebas me remito, su elección- y estoy seguro que sólo suya- le costó muy cara. El marcaje de Ramos en el partido de vuelta sobre el mismo jugador retrató lo que debería haber sido y no fue el partido de ida; por otro lado, segundo error,  hacer jugar los dos partidos a Xabi Alonso- el mejor jugador del Madrid en toda la era Mourinho, junto con Cristiano y Ramos-, mermado ostensiblemente, ha supuesto una desventaja, ventaja para su oponente, de demasiado calado para los blancos. Si Alonso no carbura el Madrid no carbura, pero es preferible poner un carburador nuevo de menos calidad que uno averiado. Por el contrario el técnico alemán, conocedor de ambas circunstancias, cargó el juego de manera insultante sobre Lewandowski en el primer partido y permitió que sus jugadores, en el segundo partido, se asociaran una y otra vez sobre la zona de medios por la que el Madrid era incapaz de reaccionar y por la que Gundogan y Reus camparon a sus anchas. Entiendo que hay quien dirá que todo esto no sería así si el Madrid hubiera marcado en, por lo menos, una de las tres grandes ocasiones que tuvo en los 15 primeros minutos del partido de vuelta. Sería bueno recordar que esto es lo que hizo el año anterior con el Bayern- se puso 2 a 0 en el minuto trece-  y ya sabemos cuál fue el resultado final. Jugar con condicionales en el fútbol es poco preciso y de nula validez científica. Cuando un equipo es superior a otro a lo largo de dos partidos sólo los quince primeros y los diez últimos minutos del partido de vuelta- asidos éstos a algo más parecido a la fe que al juego-, resulta complicado superar una eliminatoria.
         Sí, ya lo sé, ya sé que hubo otra eliminatoria entre el Bayern de Munich y el Barcelona. Aquí nadie duda de que los alemanes sean superiores a su rival en cualquiera de las tres facetas analizadas para la otra eliminatoria. Y hemos de ser coherentes, si cuando durante los últimos cuatro años el Barcelona ha desplegado su enorme superioridad por todos los campos del viejo continente nadie lo ha cuestionado, no sería justo hacerlo ahora con el baño sin paliativos que los bávaros han dado a los catalanes. No hay excusas, con Messi o sin él, ausente en el campo-partido de ida- o del campo- partido de vuelta-, ha ganado el mejor, y el mejor es el Bayern. Tiempo tendrá el Barcelona, de una vez por todas, de arreglar aquello que hace mucho tiene maltrecho.
         Ahora nos espera, a final de mayo, una final magnífica en un marco incomparable, el nuevo estadio de Wembley. Dos grandísimos equipos con jugadores más expertos los unos y más jóvenes e imprevisibles los otros. La veteranía, ya lo dicen, es un grado pero, quién no ha soñado alguna vez con recuperar su juventud. Que gane el mejor.

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