Escribió
un día el Emperador Romano Marco Aurelio –el más destacado de todos los que
representaron la dinastía Antonina-, el tiempo es un río de acontecimientos, una
corriente impetuosa. Eso es, precisamente, un río de acontecimientos, sin
freno, con lo que nos está obsequiando
el planeta fútbol en los postreros días
del año 2015; todos, curiosamente, íntimamente relacionados con uno de los
habitáculos más golosos que el deporte del balompié contempla entre sus
diferentes escenarios. Me estoy refiriendo, como ya se habrá adivinado, al
cargo de entrenador. No recuerdo, en la historia reciente de este deporte, un
periodo en el que hayan coincidido en el tiempo movimientos tan relevantes en
dicha poltrona en clubes, todos ellos, de tan alta alcurnia: Bayern de Munich,
Real Madrid, Chelsea, Manchester City o Manchester United. Podría decirse que
sólo el bueno de Luis Enrique- gracias Leo- está a salvo, de momento, de la
furia de la guillotina. Es cierto que en sólo uno de los clubes citados ya se
ha producido el cese oportuno-el Chelsea de Mourinho- pero en el resto, o ya se
sabe que al final de la temporada habrá movimiento- Manchester City y Bayern de
Munich-, o la referida guillotina aguarda en la sombra el más mínimo traspiés
para hacer de las suyas- Real Madrid y Manchester United-.
En
una temporada en la que ligas como la italiana, la española o la inglesa- y en
menor medida la alemana- todavía no han presenciado a estas alturas el
acostumbrado despegue del gran o de los grandes favoritos de los últimos años,
éstos, los grandes favoritos, aún sin saber que será de sus vidas en los
próximos seis meses, ya piensan en el más allá. Como un día puso Shakespeare en
boca del bueno de Marcelo-el de Hamlet no el del Madrid- algo huele a podrido en Dinamarca.
De
entre las cinco grandes ligas del viejo continente, sólo la Ligue One francesa
tiene a estas alturas un campeón claramente definido, hablamos, por supuesto,
del PSG del mago Ibrahimovic y sus compinches. En Alemania, el Bayern de Munich
ha acumulado una jugosa ventaja sobre su principal rival el Dortmund, pero con
una solvencia en su juego menor que en temporadas anteriores. Este hecho y las
dudas dentro de los altos estamentos del club ante la posibilidad de conquistar
el gran objetivo-la Champions-, se han convertido en la excusa perfecta para
que hace unos días, tanto club como entrenador, hayan conseguido-cada uno a su
manera, claro- salirse con la suya sin saber si fue antes la gallina o el
huevo: Guardiola anuncia su marcha del club bávaro a final de la presente
temporada sin haber conseguido-salvo que lo logre en su último año en el club-
el objetivo primordial para el cual se le contrató, ganar la Liga de Campeones;
los directivos del club se libran del técnico catalán, al que nunca han dejado
trabajar como a él le hubiera gustado, y al que
no se han cansado de cuestionar por activa y por pasiva al verle incapaz
de superar, en cuanto a afiliados a la causa se refiere, a su inmediato
antecesor el alemán Jupp Heynckes. Pep, que trató desde el primer día en que
llegó a Alemania de implantar esa idea de fútbol que tantos éxitos le dio en el
Barcelona, jamás ha conseguido conectar con la mayor parte de los pesos pesados
de la directiva y, probablemente, lo que
es peor, con buena parte de los pesos pesados del vestuario. Sí, tener a Messi
hubiera ayudado pero por ahora, que se sepa, Messi sólo hay uno y lo tiene el
Barca.
Parece
ser que, según aseguran la inmensa mayoría de los medios deportivos, esa huida
hacia delante de Guardiola se llevará por delante al bueno del ingeniero
Pellegrini del banquillo del Manchester City. Nadie cuestiona que esto sucederá
el próximo verano, sólo se duda ya del cuantioso contrato que los Citizens van
a poner sobre la mesa al actual técnico del Bayern. Al que, por cierto,
segundos después de finiquitar, ya habían buscado los alemanes sustituto, el
italiano Carlo Ancelotti. Reconozco que tengo curiosidad en ver como encajan
las piezas del decálogo de Guardiola dentro del fútbol inglés y su resultado
final. He de añadir – y esto es pura morbosidad- que también tengo curiosidad
por ver como Guardiola resuelve, si el club no lo ha resuelto antes de que
llegue el de Santpedor, su problemática relación-al final ni se hablaban- con
una de las principales estrellas del actual City, Yaya Touré, que ambos
arrastran de sus tiempos en el Barcelona.
En
el Chelsea no hay futuribles que valgan. Lo hecho, hecho está. Mourinho fuera,
Hiddink- cuando menos hasta junio-dentro. Mourinho deja el equipo tras salir
como derrotado en una guerra civil en la que eligió mal a sus enemigos- con
Eden Hazard como general de los mismos- y tras una desacertada confección de
una plantilla escasa de variantes tácticas y técnicas y sobrada de años y
testosterona. Ha dejado el de Setúbal a
los blues al borde del descenso y con una larga travesía del desierto por
delante en lo que a la Premier se refiere. Hiddink, su sustituto interino a la
espera de la posible llegada del deseado Simeone, tiene la misión de no
empeorar la herencia recibida y de realizar un papel lo más digno posible en la
Champions –el PSG espera en octavos-.
También
se apunta desde los medios el inestable asiento que bajo sus posaderas sostiene
a los actuales técnicos de Manchester United y Real Madrid. En el caso del
técnico madridista, Rafa Benítez, resulta curioso comprobar cómo, tras sólo
poco más de cuatro meses desde que se inició la liga española, ya le están
preparando la puerta de salida; más, si cabe, cuando los argumentos que se
utilizan para justificar semejante gulag eran de sobra conocidos por cualquier
pequeño aficionado al fútbol. Benítez es un entrenador con un estilo de juego y
una forma de entender este deporte muy reconocible durante su ya dilatada
trayectoria –no engaña a nadie, vamos-, así que hay algo que no se entiende en
la entidad de la capital de España: o su contratación o su despido. Ya sabemos
que la sombra de Zinedine Zidane es alargada pero haría bien el francés en
contar hasta diez antes de meterse en semejante nido de ametralladoras.
Nunca
he sido un admirador ni un defensor del holandés Louis Van Gaal, pero he de
decir que si los dueños del Manchester deciden destituirle en los próximos días
es posible que cometan un error. El técnico holandés fue, en su momento, -junto
con Mourinho- la primera opción para sustituir al retirado Sir Alex Ferguson,
como el propio técnico escoces ha contado en alguna entrevista. El trabajo en
la selección de su país impidió el fichaje y David Moyes accedió finalmente al
sillón dejado vacante por Sir Alex. Ahora, con un proyecto en plena renovación-
que yo mismo he cuestionado, es cierto, pero que empieza a convencerme-, creo
puede devolverles, si la paciencia de los dirigentes Red Devils no se agota
antes de tiempo, a glorias no tan pretéritas. La otra opción parece la llegada
de Mourinho, todo un personaje para lo bueno y para lo malo, ya saben.
En
la temporada 1928-1929 el mismo equipo que empezó el año como colista de la
liga inglesa lo terminó como líder; sólo el golaverage ha impedido al Leicester
City, 87 años después, repetir semejante hazaña. Aquél equipo, el Sheffield
Wednesday, acabó levantando la liga en el verano de 1929. A los que aún creemos
ingenuamente que el fútbol sigue siendo un deporte- y no un negocio descomunal-
nos gustaría que Jamie Vardy, Riyad Mahrez y sus secuaces también lo
consiguieran esta temporada.
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