miércoles, 30 de diciembre de 2015

UN INESTABLE BANQUILLO

      Escribió un día el Emperador Romano Marco Aurelio –el más destacado de todos los que representaron  la dinastía Antonina-, el tiempo es un río de acontecimientos, una corriente impetuosa. Eso es, precisamente, un río de acontecimientos, sin freno, con  lo que nos está obsequiando el planeta fútbol  en los postreros días del año 2015; todos, curiosamente, íntimamente relacionados con uno de los habitáculos más golosos que el deporte del balompié contempla entre sus diferentes escenarios. Me estoy refiriendo, como ya se habrá adivinado, al cargo de entrenador. No recuerdo, en la historia reciente de este deporte, un periodo en el que hayan coincidido en el tiempo movimientos tan relevantes en dicha poltrona en clubes, todos ellos, de tan alta alcurnia: Bayern de Munich, Real Madrid, Chelsea, Manchester City o Manchester United. Podría decirse que sólo el bueno de Luis Enrique- gracias Leo- está a salvo, de momento, de la furia de la guillotina. Es cierto que en sólo uno de los clubes citados ya se ha producido el cese oportuno-el Chelsea de Mourinho- pero en el resto, o ya se sabe que al final de la temporada habrá movimiento- Manchester City y Bayern de Munich-, o la referida guillotina aguarda en la sombra el más mínimo traspiés para hacer de las suyas- Real Madrid y Manchester United-.

En una temporada en la que ligas como la italiana, la española o la inglesa- y en menor medida la alemana- todavía no han presenciado a estas alturas el acostumbrado despegue del gran o de los grandes favoritos de los últimos años, éstos, los grandes favoritos, aún sin saber que será de sus vidas en los próximos seis meses, ya piensan en el más allá. Como un día puso Shakespeare en boca del bueno de Marcelo-el de Hamlet no el del Madrid- algo huele a podrido en Dinamarca.


De entre las cinco grandes ligas del viejo continente, sólo la Ligue One francesa tiene a estas alturas un campeón claramente definido, hablamos, por supuesto, del PSG del mago Ibrahimovic y sus compinches. En Alemania, el Bayern de Munich ha acumulado una jugosa ventaja sobre su principal rival el Dortmund, pero con una solvencia en su juego menor que en temporadas anteriores. Este hecho y las dudas dentro de los altos estamentos del club ante la posibilidad de conquistar el gran objetivo-la Champions-, se han convertido en la excusa perfecta para que hace unos días, tanto club como entrenador, hayan conseguido-cada uno a su manera, claro- salirse con la suya sin saber si fue antes la gallina o el huevo: Guardiola anuncia su marcha del club bávaro a final de la presente temporada sin haber conseguido-salvo que lo logre en su último año en el club- el objetivo primordial para el cual se le contrató, ganar la Liga de Campeones; los directivos del club se libran del técnico catalán, al que nunca han dejado trabajar como a él le hubiera gustado, y al que  no se han cansado de cuestionar por activa y por pasiva al verle incapaz de superar, en cuanto a afiliados a la causa se refiere, a su inmediato antecesor el alemán Jupp Heynckes. Pep, que trató desde el primer día en que llegó a Alemania de implantar esa idea de fútbol que tantos éxitos le dio en el Barcelona, jamás ha conseguido conectar con la mayor parte de los pesos pesados de la directiva y, probablemente,  lo que es peor, con buena parte de los pesos pesados del vestuario. Sí, tener a Messi hubiera ayudado pero por ahora, que se sepa, Messi sólo hay uno y lo tiene el Barca.

Parece ser que, según aseguran la inmensa mayoría de los medios deportivos, esa huida hacia delante de Guardiola se llevará por delante al bueno del ingeniero Pellegrini del banquillo del Manchester City. Nadie cuestiona que esto sucederá el próximo verano, sólo se duda ya del cuantioso contrato que los Citizens van a poner sobre la mesa al actual técnico del Bayern. Al que, por cierto, segundos después de finiquitar, ya habían buscado los alemanes sustituto, el italiano Carlo Ancelotti. Reconozco que tengo curiosidad en ver como encajan las piezas del decálogo de Guardiola dentro del fútbol inglés y su resultado final. He de añadir – y esto es pura morbosidad- que también tengo curiosidad por ver como Guardiola resuelve, si el club no lo ha resuelto antes de que llegue el de Santpedor, su problemática relación-al final ni se hablaban- con una de las principales estrellas del actual City, Yaya Touré, que ambos arrastran de sus tiempos en el Barcelona.

En el Chelsea no hay futuribles que valgan. Lo hecho, hecho está. Mourinho fuera, Hiddink- cuando menos hasta junio-dentro. Mourinho deja el equipo tras salir como derrotado en una guerra civil en la que eligió mal a sus enemigos- con Eden Hazard como general de los mismos- y tras una desacertada confección de una plantilla escasa de variantes tácticas y técnicas y sobrada de años y testosterona. Ha dejado el de Setúbal  a los blues al borde del descenso y con una larga travesía del desierto por delante en lo que a la Premier se refiere. Hiddink, su sustituto interino a la espera de la posible llegada del deseado Simeone, tiene la misión de no empeorar la herencia recibida y de realizar un papel lo más digno posible en la Champions –el PSG espera en octavos-.
También se apunta desde los medios el inestable asiento que bajo sus posaderas sostiene a los actuales técnicos de Manchester United y Real Madrid. En el caso del técnico madridista, Rafa Benítez, resulta curioso comprobar cómo, tras sólo poco más de cuatro meses desde que se inició la liga española, ya le están preparando la puerta de salida; más, si cabe, cuando los argumentos que se utilizan para justificar semejante gulag eran de sobra conocidos por cualquier pequeño aficionado al fútbol. Benítez es un entrenador con un estilo de juego y una forma de entender este deporte muy reconocible durante su ya dilatada trayectoria –no engaña a nadie, vamos-, así que hay algo que no se entiende en la entidad de la capital de España: o su contratación o su despido. Ya sabemos que la sombra de Zinedine Zidane es alargada pero haría bien el francés en contar hasta diez antes de meterse en semejante nido de ametralladoras.

Nunca he sido un admirador ni un defensor del holandés Louis Van Gaal, pero he de decir que si los dueños del Manchester deciden destituirle en los próximos días es posible que cometan un error. El técnico holandés fue, en su momento, -junto con Mourinho- la primera opción para sustituir al retirado Sir Alex Ferguson, como el propio técnico escoces ha contado en alguna entrevista. El trabajo en la selección de su país impidió el fichaje y David Moyes accedió finalmente al sillón dejado vacante por Sir Alex. Ahora, con un proyecto en plena renovación- que yo mismo he cuestionado, es cierto, pero que empieza a convencerme-, creo puede devolverles, si la paciencia de los dirigentes Red Devils no se agota antes de tiempo, a glorias no tan pretéritas. La otra opción parece la llegada de Mourinho, todo un personaje para lo bueno y para lo malo, ya saben.

En la temporada 1928-1929 el mismo equipo que empezó el año como colista de la liga inglesa lo terminó como líder; sólo el golaverage ha impedido al Leicester City, 87 años después, repetir semejante hazaña. Aquél equipo, el Sheffield Wednesday, acabó levantando la liga en el verano de 1929. A los que aún creemos ingenuamente que el fútbol sigue siendo un deporte- y no un negocio descomunal- nos gustaría que Jamie Vardy, Riyad Mahrez y sus secuaces también lo consiguieran esta temporada.

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