Vaya por delante la admiración que el que escribe estas líneas tiene desde siempre por Maradona. Hablo, por supuesto, del Maradona futbolista, de aquel que, siendo un niño, empezó a sobrevolar los estadios de fútbol el día mismo en que debutó con Cebollitas, club de las categorías inferiores de Argentinos Juniors, y de aquel que, siendo hombre, aterrizó de manera forzosa en un hotel de Boston cuando le cortaron las piernas en el transcurso del mundial de EEUU 94. La vida privada de cada artista, y Maradona como ahora Messi lo es, debe ser precisamente eso, privada. No faltan quienes aprovechan cualquier oportunidad para hablar de ella. No es mi caso.
Es innegable que ambos tienen muchas cosas en común. Su nacionalidad y su pierna mágica para practicar, en palabras de Diego, el deporte más lindo y más sano del mundo, son una obviedad. Los dos crecieron en el seno de familias humildes rodeados de hermanos (Leo son 4 hermanos y Diego 8), aunque algo me dice, sin conocer Argentina ni de refilón que, la Villa Fiorito Bonaerense en la que creció Maradona en la década de los 60 debía tener peor pinta que el sur de Rosario en el que en los 90 se crió Messi; los dos llamaron la atención desde niños, los dos debutaron muy jóvenes como profesionales, uno en Argentina, el otro en España; los dos ganaron un mundial juvenil en el que además fueron nombrados mejores jugadores del torneo -por cierto que Maradona ha dicho siempre que éste fue el mejor equipo en el que jugó nunca-; los dos han hecho goles casi idénticos a lo largo de su carrera; y, sobre todo, los dos fueron bendecidos por la naturaleza con un don al nacer. Sí, es cierto, magos de la gambeta se hicieron en los potreros pero, que nadie se lleve a engaño, el genio nace, no se hace.
Messi es un talento privilegiado, de esos que nacen cada 25 ó 30 años. Es capaz de correr con el balón cosido a su bota izquierda más rápido que la mayoría de los futbolistas sin accesorio alguno alojado a sus pies. Con esa rapidez regatea, busca la puerta contraria o hace un pase como si estuviera en el jardín de su casa; tiene la visión de juego de aquellos medio centros de los de antes, los famosos ejes, que eran capaces de ver un espacio libre donde nadie más en el estadio era capaz siquiera de imaginarlo; tiene el regate de Garrincha, ese que todos saben para donde saldrá pero que ninguno puede impedir; es un jugador casi tan bueno jugando sin balón, en el desmarque, como cuando está abrazándolo; y, por si esto no fuera suficiente, tiene gol. Es capaz de marcar 30 goles por temporada casi sin despeinarse, lo mismo a balón parado que en jugada individual o colectiva, lo mismo con cualquiera de sus dos piernas que con la cabeza, e incluso, como hizo en la Intercontinental, con el corazón. Ha ganado muchos títulos y seguro que le queda una larga lista que conseguir.
Maradona era, como lo es Messi ahora, un futbolista total, eso que en Italia llaman un todocampista. Aquellos que tuvieron el privilegio de verlo jugar saben que como solista era el más grande, pero ¡Mamma Mia! qué pasaba dentro de un estadio de fútbol cuando se echaba atrás 20 ó 30 metros y hacía actuar al resto de sus compañeros como si de una orquesta de cámara se tratase. Las palabras de un hincha no sirven vean, por ejemplo, los partidos de la Argentina del mundial 86 y que cada uno juzgue lo que quiera. Sí, los mayores llevan razón, el tiempo es un truco que nos aleja del pasado y sólo nos permite vivir en el presente.
Para continuar me gustaría apuntar un par de observaciones y de reflexiones. Por un lado Leo, como ya he dicho, es más goleador que lo que era Diego, eso seguro. Maradona en la temporada 87-88 fue capo cañioneri en Italia con 15 goles. Y ya se sabe que en el fútbol lo que manda es el gol, si la pelota no atraviesa la línea el éxito será objeto de discusión, si lo hace no hay debate…; por otro lado, alguien se ha parado a pensar cuantos jugadores del equipo rival de Maradona quedarían en el campo si los arbitrajes de su época hubieran sido como los de ahora. Gentile y Goicoechea no fueron expulsados. El italiano vio una amarilla ¡en el minuto1! y Maradona otra en el 35.
Ahora las reflexiones: Primera, Messi, que ahora cuenta 24 años, puede llegar a disputar como poco, si las lesiones lo respetan, 2 mundiales más. ¿Será capaz de ganar uno de ellos y disputar la final en otro como hizo Maradona? Ya sé que el nivel de la Argentina actual no es para ilusionar pero, alguien versado mínimamente en esto del fútbol cree que los Ruggeri, Brown, Checho Batista, Burruchaga o Valdano eran mejores peloteros que el Kun, Di María, Tevez, Pastore, Higuaín, Mascherano, Diego Milito o el Pocho Lavezzi. Igual por esta primera reflexión se me acusa de ventajista, de acuerdo, entonces haré la segunda. Planteemos una hipótesis, ¿creen que si ahora Messi fichara por un club de, digamos, nivel medio, de la liga española, italiana o inglesa, sería capaz de ganar con este equipo, 2 ligas, una copa y una copa de la UEFA? Maradona lo hizo en el Nápoles. Cuando llegó a San Paolo en julio del 84 el titular del campo había ganado, desde su fundación en 1926, dos copas de Italia. Con Diego ganó 2 scudettos, 1 copa de Italia y una supercopa. Maradona dejó el Nápoles en marzo del 91 y el club no ha vuelto a ganar ningún título. Y no, no me digan que alrededor del crack Ferlaino hizo un equipazo, revisen las hemerotecas, por ejemplo el once que presento en aquel Bernabéu sin público en la eliminatoria de Copa de Europa el 16 de septiembre del 87. Y otra cosa, los rivales de entonces tampoco eran de un nivel baladí. El Nápoles le quitó el scudetto de la temporada 89-90 a un Milan que entonces se paseaba por Europa.
Que sea el tiempo el que esclarezca los hechos, Shakespeare dixit. No seré yo quien tome una decisión tan difícil a la ligera, ¿o quizá ya lo he hecho?
No hay comentarios:
Publicar un comentario