Para que alguien obtenga el título honorifico de Sir, cuyo nombramiento en la actualidad sólo puede realizar la Reina Isabel II de Inglaterra, se considera requisito imprescindible el haber paseado a lo largo de su vida con honor su condición de británico y promocionar allá por dónde uno se halle el buen nombre y la gran talla de Gran Bretaña; para que alguien sea proclamado Santo, entre otros requisitos, es necesario que al candidato se le reconozcan, al menos, dos milagros: El primero para ser beato y el segundo para canonizarlo definitivamente. Así que, aunque parezca mentira, para todo hace falta un sacrificio en esta vida. Mis posibilidades de obtener un reconocimiento- por insignificante que éste sea- acaban de quedar enterradas por completo. Que me perdonen mis amigos creyentes por el uso banal que he hecho aquí de la graduación religiosa para introducir esta nueva entrada pero, si hay alguien al que dentro de nuestra religión, la del fútbol, se le han atribuido ya más de esos dos milagros requeridos es, sin duda, el guardameta del Real Madrid Iker Casillas. Más conocido para todos los aficionados al balompié -sean o no seguidores de su club o de su selección-, como El Santo.
La influencia del portero de Móstoles en la reciente historia del fútbol nacional español y por extensión en la del fútbol planetario es gigantesca. Hablo desde el punto de vista de su profesión- que lo es- y también desde el punto de vista personal. Iker conforma para mí en la actualidad el triunvirato más influyente dentro del deporte español, junto con el tenista Rafa Nadal y el NBA Pau Gasol, cuyas aptitudes y actitudes en todo aquello que emprenden les hubieran llevado a ser nombrados, de haber nacido en las Islas Británicas, hace ya algún tiempo caballeros del Imperio Británico. Magníficos en el terreno de juego y respetuosos y solícitos fuera del mismo hacia todo aquel que los reclama.
Dicen que uno no valora en su justa medida lo que tiene hasta que le falta. Los hagiógrafos del portero del Real Madrid cuentan que esta es la cuarta lesión que sufre el guardameta desde que forma parte de la plantilla del primer equipo – las anteriores en 2000, 2005 y 2007-, todas ellas superadas en no más de siete o diez días. Es decir, desde que debutará allá por 1999 nada de importancia. Ahora acaba de lesionarse de nuevo tras recibir un golpe fortuito de su compañero Arbeloa en el dedo pulgar de su mano izquierda. En terminología médica, lesión que afecta a la articulación que va entre el primer metacarpiano y el trapecio. En la nuestra, en la de los de la calle, rotura de un hueso del dedo gordo de la mano. El tiempo de recuperación: ocho semanas para los optimistas- entre los que se incluyen todos y cada uno de los madridistas que por el ancho mundo se reparten-, doce semanas para los pesimistas- los antagonistas de los anteriores-. La casualidad ha querido que esta ausencia se produzca tras una sucesión reciente de acontecimientos que había acabado con los huesos del bueno de Casillas en el banquillo por, según manifestó su actual técnico, motivos deportivos. El inquilino del banquillo madridista se cansó en repetir a los incrédulos periodistas que le acosaban con sus preguntas, que nada tenía que ver la suplencia del último mito del madridismo con otra cosa que no fueran argumentos de carácter profesional. Dos breves apuntes a esto: primero, es cierto que Iker no pasaba por su mejor momento pero de ahí a relegarlo al banquillo…; segundo, quien debe hacer las alineaciones en un equipo de fútbol es aquel que manda sobre el resto. Es decir, el técnico. ¿O es que el técnico ya no mandaba y fue precisamente por eso por lo que dejó a Casillas en el banco?
Bien, dejemos la historia y vayamos al presente. Sean cincuenta y seis, setenta o cien los días que tarde Iker en volver bajo los palos, lo que sí es seguro es que se va a perder la eliminatoria completa de copa ante el Barcelona – el primer partido es en menos de cuarenta y ocho horas- y, lo que es más importante el decisivo duelo de octavos en la liga de campeones ante el Manchester United. Algunos dirán que hay muchos más partidos además de los mencionados pero, seamos honestos, nadie duda de que para todos ellos la aportación de Adán o el recién fichado Diego López es más que suficiente para afrontar con garantías cualquiera de esos duelos. No me refiero a méritos deportivos- cualquier comparación de los dos citados con Casillas sería injusta-, hablo sobre todo del enorme ascendente que sobre sus compañeros de equipo tiene y sobre la gran influencia- negativa- que hacía los rivales supone ver en la meta contraria al futbolista español con mayor número de internacionalidades de la historia. Estoy prácticamente convencido, como acabo de afirmar y como se ha visto en la reciente visita del Getafe al Bernabéu, que Mourinho tiene para ese tipo de encuentros bien cubierta su portería, el problema se presentará cuando los de Chamartín se midan a rivales de igual, o parecida, jerarquía deportiva. Hay quien pensará a estas alturas de la competición que podía haber sido peor, que podía haberse lesionado Cristiano Ronaldo y entonces el Real Madrid estaría Game Over. No dudo que tengan razón, sobre todo en los encuentros de casa, pero mi intuición me dice que la ausencia de Casillas en los dos partidos de vuelta- el del Nou Camp y el de Old Trafford- va a ser es mucho más grave que una posible baja del crack de Madeira. Cristiano gana los partidos, de eso no hay ninguna duda, pero la eliminatoria la debe superar todo el equipo, y la base a partir de la cual se construye el Real Madrid desde hace años-acrecentada más aún desde la salida de Raúl- es su guardameta.
Ya hablamos en este mismo lugar de aquello que diferencia a los grandes jugadores de los no tan grandes. Como escribió un día en una de sus crónicas el periodista Santiago Segurola, los jugadores grandes son aquellos que rinden al máximo en los partidos grandes, por eso son grandes. Completamente de acuerdo. Si algo no se le puede negar a Casillas son sus elevadas prestaciones en los partidos de relumbrón que a lo largo de su ya dilatada carrera ha disputado. Verbigracia, alguna que otra final de Champions o las dos finales de Eurocopa y Mundial ganadas por su selección y en las que el de Móstoles no encajó gol alguno. El dominio constante al que será sometido el conjunto blanco en los dos partidos de vuelta- más teniendo en cuenta que el principal argumento de los de Mourinho ante equipos de su categoría suele ser el contragolpe-, requiere de una defensa muy solvente que tenga tras de sí un aval de consideración y eso, no nos engañemos, sólo lo aporta en la nómina actual de porteros del Madrid Iker Casillas. La presencia en el arco rival de un guardameta que no sea Casillas va a alimentar cuantiosamente la gula de éxito de hombres como Messi, Pedro, Van Persie, Rooney o Chicharito - por citar sólo a los más peligrosos-. Si el último campeón de la liga española no resuelve en los partidos de ida las dos eliminatorias citadas mucho me temo que, descartada ya por el propio míster madridista cualquier posibilidad de reeditar el título de liga, el degustador de trofeos del museo blanco se quede este año sin un bocado que llevarse a la boca.
A diferencia de lo que pasa con otros grandes héroes del mundo del espectáculo los futbolistas no necesitan morir para que se les suba a los altares. Por suerte para todos, y sobre todo para ellos, Maradona, Jordan o Ali, entre otros, disfrutan de su santificación en vida. El día que Iker se retire irá a hacerles compañía.
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